Nuestro periplo de vuelos hacia Sudáfrica comenzó en Estambul a la 1 de la madrugada saliendo hacia Ciudad del Cabo previa parada técnica en Johannesburgo. Muchas horas de vuelo pero la verdad que estábamos tan cansados que yo ni siquiera recuerdo el despegue; caí rendido ¡! Y conseguí dormir casi 8 horas seguidas…
El vuelo llegó muy puntual a Ciudad del Cabo; a las 13.30 del día 3 de julio. La ciudad madre nos daba así la bienvenida.

Pasamos rápidamente los trámites de inmigración y nos dirigimos a recoger nuestro coche de alquiler. Tardamos un rato en que nos diesen el coche correcto, porque el primero no tenía bien la rueda de repuesto así que tras los trámites pertinentes, salimos del aeropuerto. Muy despacio, y tras dar varias vueltas por el parking ya que era la primera vez que conducía por el otro lado… Una sensación muy rara la verdad, pero a la que te acostumbras rápidamente.
Ciudad del Cabo es la capital legislativa de Sudáfrica y en ella se encuentra el Parlamento Nacional. Está situada en una posición privilegiada en la Bahía de la Mesa y se estableció como abastecimiento para la Compañía Holandesa de las Indias Orientales.
En lo que a calidad de vida se refiere se sitúa como la primera ciudad de Sudáfrica pero también cuenta con grandes problemas a los que la sociedad ha tenido que ir haciendo frente como las altas tasas de sida desde 1994 y la alta criminalidad referente a las drogas. Aunque este índice de criminalidad ha bajado en un 90% desde 2004.
Llegamos a nuestro hotel, el Cape Town Lodge (reservado a través de central de reservas). Un hotel que cuenta con una ubicación excelente, muy cerca de la animada Long Street y al lado del barrio malayo.
Dejamos el coche en el parking del hotel (de pago, por 60 rands al día) y tras hacer el check in decidimos salir a explorar la ciudad antes de que anocheciese.
Nuestro primer punto fue ir a una conocida pastelería; famosa gracias a un programa de televisión que nosotros vemos asiduamente, pero cuando llegamos habían cerrado hacía 5 minutos.

Nuestro gozo en un pozo ya que además solo podríamos verla al día siguiente ya que cerraban por vacaciones…
Hicimos unas fotos de la famosa e imponente Table Mountain; símbolo de la ciudad y nos fuimos caminando hasta la zona del Green Market donde nos sentamos en un bonito bar a tomar algo y comer un delicioso brownie.


Volvimos al hotel ya de noche (poco más de las 7 de la tarde); en principio no notamos demasiada sensación de inseguridad; sí que veíamos bastantes vagabundos pero nada que no se vea en otra ciudad…
Salimos a cenar a un sitio al lado del hotel en Whale Street; un restaurante que queremos recomendar desde aquí por su excelente relación calidad precio. Se llama “Bocca”; pedimos un par de raciones para compartir, tomamos 2 cervezas grandes y nos llevamos una pizza a la habitación del hotel por 254 rands; un bar con un ambiente muy juvenil y con un diseño muy bonito. Y un servicio más que sobresaliente.
No tardamos demasiado en dormirnos, el cansancio era mucho y los siguientes días serían demasiado intensos así que a dormir que al día siguiente nos esperaba mucho por descubrir.