Desayunamos temprano y pedimos un taxi para ir al aeropuerto de Don Muang. A las 7 de la mañana, un domingo, apenas había tráfico y llegamos al aeropuerto en media hora. Nuestro vuelo a Siem Reap salió puntual, y fuimos entretenidos todo el rato, rellenando papeles para el visado, la tarjeta de entrada, el papel de aduanas,…
Sacamos dólares del cajero (solo dejan sacar 250 dólares cada vez) e hicimos los trámites del visado. En el aeropuerto nos estaba esperando un tuc tuc para llevarnos al hotel. Esto estaba incluido en la tarifa del hotel, y el tuctusero nos preguntó sobre nuestros planes esos días, con la esperanza de que le contratáramos los recorridos por Angkor, pero nosotros ya habíamos quedado con Sopheap, un tuctusero del que se habla muy bien en el foro y del que yo, después de pasar 3 días con él, también solo puedo hablar bien y recomendarle.
Nuestro hotel era en Bopha Pollen Hotel, en el que nos estaban esperando con un zumo y piña troceada. El personal del hotel era muy amable, y nos pareció una buena elección, a pesar de un par de detalles que no fueron culpa del hotel.
En cuanto dejamos las cosas en la habitación, bajamos y ya nos estaba esperando Sopheap para llevarnos a Beng Mealea. Antes le pedimos que nos llevase a un supermercado para comprar algunos sándwiches. Mi marido tenía algunas molestias intestinales y no queríamos arriesgar, ni tampoco perder tiempo. Los supermercados que hay cerca del centro son destinados a turistas. Puedes encontrar de todo lo que encontrarías en un supermercado occidental, pero a precios occidentales. Allí solo compran los turistas y supongo que algún camboyano con dinero.
El camino a Beng Mealea es largo, ya que se encuentra a 77 km de Siem Reap. Tardamos como hora y media en llegar. Pero disfrutamos mucho del camino, pasando por los lugares menos turísticos, donde ellos compran y viven, viendo la Camboya más rural. Siem Reap es una ciudad montada alrededor del turismo, pero para ver algo de la vida del país, hay que salir fuera.
Aquí ya nos dimos cuenta de la pobreza de Camboya. Es una sociedad muy rural, donde viven como en España hace ya más de un siglo. Allí el vehículo más utilizado es la motocicleta, que vale tanto para llevar a una familia de 5 personas como para engancharle una calesa y llevar a turistas o un remolque y funcionar como una camioneta. Jamás vi tantas motos juntas como en Siem Reap.
La entrada al templo cuesta 5 dólares por persona, y no se incluye en pase general de visita a Angkor. La importancia de Beng Mealea reside en que está sin reconstruir, tal y como fue encontrado en medio de la selva. Por lo que está completamente destruido, la verdad es que queda poco en pie, lo que te da una idea de cómo debieron encontrar los otros templos de Angkor. Según dicen Beng Mealea era un templo hermano de Angkor Wat, pero un poco más pequeño.
Sopheap nos dio un par de botellas de agua fría para sofocar el calor y nos fuimos para dentro. Había leído que estar en un templo sin reconstruir en medio de la selva era como sentirse Indiana Jones, pero esto no era posible compartiendo el templo con una multitud de chinos. Nada más llegar había un grupo cuyo guía hablaba altavoz en mano. Iniciamos la visita por el lado contrario, ya que aquello era muy desagradable.
Pasamos dos horas recorriendo el recinto y haciendo fotos. A pesar de los chinos nos gustó mucho, y sobre todo nos impresionaba pensar cómo debió ser el templo en su época de esplendor y lo que la fuerza de la naturaleza puede hacer para recuperar su terreno. Estaba completamente tomado por la selva, la causa de su destrucción, ya que no se ha documentado que se destruyera por guerras o incendios.
Allí hay guías oficiales, pero nosotros preferimos visitarlo a nuestro aire, recorriendo la pasarela y a ratos saltando de piedra en piedra. Además de vacas famélicas en medio del templo vimos muchos niños. Íbamos preparados para la insistencia de los niños para venderte cosas o pedir dinero, pero estos pasaban de nosotros. Llevábamos caramelos para darles, pero vimos muchos caramelos enteros tirados en el suelo, así que no los sacamos. Parece ser que mucha gente les lleva caramelos y no los quieren. Prefieren el dinero. De hecho, vimos en un rincón apartado del templo a unos niños mayores apostándose el dinero que habían ganado durante el día. Recomiendan no dar dinero a los niños, ni comprarles cosas, ya que eso solo les perjudica. Si ellos producen beneficios sus padres no los escolarizan, lo que ayuda a perpetuar la pobreza y la mendicidad. Tampoco recomiendan llevarles dulces.
En el camino de vuelta nos cayó el diluvio universal. Solo duró un rato, pero lo suficiente para que los caminos se convirtieran en un barrizal y para que se inundaran los campos de arroz que estaban cultivando. Sopheap le bajó unas lonas de plástico al tuc tuc y quedamos totalmente protegidos de la lluvia, aunque él sí que se mojó bastante. Es increíble la versatilidad de los tuc tuc, que llevan nevera, portaequipajes, protección para la lluvia, hamaca,…
En el hotel nos dimos un bañito en la piscina, pequeña pero muy agradable. Conocimos allí a una pareja española que estaban de luna de miel, y estuvimos hablando un rato con ellos.
Por la noche fuimos caminando hasta Pub Street, que estaba como a 10 minutos de nuestro hotel. Dimos una vuelta de reconocimiento, y pudimos comprobar lo pesados que son los tuctuseros, que te persiguen por la calle e incluso te preguntan cuando estás cenando si necesitas un tuc tuc.
Cenamos en "Le Tiger de Papier", ya que lo tenía anotado de un forero que estuvo y le gustó. Pero yo no lo recomiendo. Pedimos un amok fish, un guiso de pescado con coco y verduras típico de Camboya. No estaba mal, pero luego los probé mucho mejores. Y una barbacoa camboyana, lo peor de todo. Esperábamos que nos pusieran la parrilla tradicional, pero llevaron un asador eléctrico, y no nos explicaron los tipos de carne. Una de las carnes que nos pusieron era incomible. Creemos que era la de cocodrilo, pero preguntamos y nadie nos supo responder. Y no es que estuviera dura, es que no se podía ni masticar. La dejamos allí. Lo mejor la cerveza a 50 centavos, como en la mayoría de locales de Pub Street en la hora feliz. El total de la cena fueron 16 dólares.
De postre nos pedimos un helado en The Blue Pumking, 2,90 dólares. Un poco caro, pero estaba espectacular, sobre todo el de mango.
Antes de ir al hotel probamos un "fish spa", es decir, meter los pies en un estanque con peces para que te quiten las pieles muertas e impurezas. Había peces de todos los tamaños y al principio era difícil de aguantar, hacían muchas cosquillas, hasta que nos acostumbramos. Había una familia francesa allí y nos echamos unas risas. Luego llegaron unos coreanos y fue muy gracioso, porque sus pies reunieron a todos los peces del estanque, y no paraban de gritar. Creo que aquello no les gustó mucho.
A la vuelta nos fuimos en tuc tuc. Normalmente el trayecto al hotel se saca por 1 dólar, pero como amenazaba lluvia no conseguimos bajarlo de 1,5 dólares. Cuando llegamos al hotel, nos enteramos de que se había caído la conexión a internet por culpa de la tormenta.
GASTOS DEL DÍA (2 PERSONAS)
Taxi al aeropuerto + peaje: 280 baht
Visado: 60$
Entradas a Beng Mealea: 10$
Comida en supermercado: 4.25$
Cena: 17$
Helado: 2.90$
Tuc tuc: 1.50$
Fish spa: 2$