Hoy será un día largo y no tenemos ni idea de qué nos espera. Tenemos que ir de Kampot a la isla de Koh Russey, a un resort bastante reciente que cuenta con pocas reviews, pero a todas luces parece estar muy bien. Tenemos que pasar sí o sí por Sihanoukville pero hemos leído que para nosotros no presenta mayor interés. Vamos a ir en autobús hasta ahí y luego de alguna manera (en tuk tuk, en taxi) tenemos que llegar a la terminal del resort que está no se sabe muy bien dónde porque Google Maps hace malas jugadas y a veces la sitúa en un sitio y a veces en otro. Ahí nos esperan a las 2 para hacer el traslado a la isla. Y tenemos que ser puntuales.
Salimos del hotel sin desayunar (aunque nos han ofrecido un café para hacerse perdonar por el lío de la noche anterior con el pago). La verdad no es culpa del chico. El tuk tuk nos deja en la agencia de transportes, dejamos las maletas y vamos a desayunar y dar un último paseo y a sacar dinero, ya que no llevamos absolutamente nada. Compramos unas pastas saladas para comer más tarde y nos subimos a la vanette. Vamos unos 8. Salimos muy puntuales por la carretera principal que une las dos ciudades del sur (unos 100 km, en teoría 3 horas). Al cabo de unos 30 kilómetros, la carretera de asfalto desaparece para transformarse en una carretera de tierra absolutamente infernal, llena de baches, agua, charcos, coches, motos, tuk tuks, camiones enormes que dificultan el paso, furgonetas, burros, caballos... Parece una broma. Al principio piensas será un trecho solamente pero no, eso dura kilómetros y kilómetros. Además se pone a llover. Damos más saltos que una canica en un vaso. Nos duele todo, el culo, la espalda, las cervicales. Para colmo vemos pasar el tren de las 10h30 que ha debido salir la mar de puntual. Finalmente unos 20 km antes de llegar a Sihanoukville, alcanzamos una carretera principal y a la media hora la vanette nos deja en lo que parece ser la Terminal de los Ferris que llevan a las islas más conocidas que es a donde va todo el mundo excepto nosotros, que vamos a otra, porque sí, porque yo lo valgo.
Miramos en Grab y Google Maps mientras un conductor de tuk tuk con la paciencia del santo Job nos acecha para llevarnos donde quiera que vayamos. Con la calorada que hace, no podemos pensar y nos cuesta un buen rato encontrar el punto de encuentro, y el conductor dice que nos lleva y como con Grab no nos aclaramos le decimos que OK. Enseguida nos damos cuenta que estamos lejísimos y que en tuk tuk vamos a tardar muchísimo, pero ya es tarde. Escribo un mensaje a la recepción del hotel explicando que vamos de camino y que nos esperen. OK no pasa nada. El tuk tuk va por una autopista enorme y a penas puede subir las cuestas, pero al final llegamos pasadas las 2. El lugar de encuentro es un muelle dentro de una Base Militar por lo que parece que no podemos acceder pero como yo tengo el Google Maps abierto insisto para que continue y se meta, porque veo un muelle y me imagino que debe de ser eso. Y efectivamente ahí es. Bajamos del tuk tuk (han sido unos 45 minutos). Una chica nos espera con una sonrisa de oreja a oreja y de repente el día cambia.
Nos cogen las maletas y nos hacen pasar a una recepción fabulosa que anticipa lo que será el resort (Jati Koh Russey). Nos ofrecen agua, cerveza, cacuahetes, toallitas refrescantes, galletas, patatas. Hacemos el check in ahí como señores sentados en unos butacones de suma elegancia (comparados con el tuk tuk y la vanette). Al cabo de un rato, nos dicen que podemos subir a la lancha, una señora lancha motora, con su piloto profesional, los chalecos salvavidas, unos asientos comodísimos, nevera para las bebidas, en fin, nada que ver con los dos trayectos anteriores. En 10 minutos nos plantamos en la isla y de nuevo todo son lujos, sonrisas y amabilidades. Los ojos nos hacen chiribitas mientras recorremos el camino que va del muelle a la recepción y luego a nuestra habitación. Nos vamos dando cuenta de que nos hemos metido en un mini resort tipo Club Méditarranée pero a lo asiático y para nosotros solos, porque lo bueno es que no hay casi nadie. Vamos a pasar tres días prácticamente solos. Tenemos una playa privada, una piscina enorme, un restaurante, un spa, un gimnasio, pistas de tenis, de pickelball, de badmington... Podemos ir en kayak, hacer padel surf, jugar a volley, hacer yoga, meditación, hacer senderismo, montar en bicicleta.... La verdad barato no es, pero está bien llegar y que se corresponda con lo que esperas o incluso más.
Nos enseñan la villa que nos ha tocado. Sabemos que nos han hecho un upgrade pero no nos esperamos este nivel de confort y de lujo. No nos ha tocado la villa con piscina privada pero no hace falta, tenemos la grande justo al lado para nosotros solos. Nos encanta la decoración de bambú, la cama de 2 metros¡, el baño con un ventanal que da al jardín con una duche enorme donde cabría un equipo de fútbol entero. Tenemos café, bebidas, zapatillas, batas de lino, plancha de vapor, no falta un detalle. Estamos fascinados. Parecemos dos pobres a quién les ha tocado la lotería. Nos gusta tanto que decidimos en ese momento quedarnos un cuarto día ya que teníamos un día suelto antes de volver a Phnom Penh y no sabíamos muy bien qué hacer. Comemos las pastitas que hemos comprado en Kampot y luego salimos a disfrutar de las maravillas del resort.