A las 6 estábamos ya despiertos y recogiendo! Hoy nos tocaba la ruta en bici de Rallarvegen.
TRACK RUTA RALLARVEGEN 1
La ruta comienza en Haugastol y termina en Flam, pensamos dedicarle dos días así que decidimos dejar el coche en el aparcamiento de Flam y coger el tren turístico hacia Myrdal y de ahí a Haugastol.
El aparcamiento de Flam está bien, es muy grande y afortunadamente gratis. A las 8:45 cogimos el tren. El tren es muy auténtico, se llena de turistas con las cámaras y con razón. Dicen que es de los trayectos más bonitos que hay en tren, no he viajado mucho en tren pero no lo discutiré. El tren recorre todo el valle de Flam, con su granja, sus cascadas, su río y sus túneles, muchos túneles. Van anunciando las cosas que se ven por megafonía y a medio trayecto paran cinco minutos para ver una cascada mientras amenizan con un baile. El famoso tren llega hasta Myrdal. En Myrdal teníamos que coger otro hasta Haugastol. De Myrdal hasta Haugastol nos dimos cuenta de que probablemente no se podría hacer todo el Rallarvegen con la bici ya que atravesamos una zona que estaba completamente llena de nieve.
Cuando llegamos a Haugastol el chico de las bicis nos confirmó que desde Finse hasta Myrdal no se podía ir en bici ya que estaba todo lleno de nieve, había que coger el tren de Finse a Myrdal para continuar. Tampoco nos rompió mucho los planes porque ese día teníamos pensado llegar hasta Finse, así que al día siguiente cogeríamos el tren y bajaríamos hasta Flam desde Myrdal, nos perderíamos 20 kilómetros de la ruta, pero si no se puede no se puede.
Las bicis las alquilamos en "Haugastol m.o.h.". Nos costó casi 60 euros dos días por persona. Llegamos a Haugastol a las 12, no teníamos prisa por comenzar la ruta y como caía una lluvia tonta y la predicción era buena para la tarde aprovechamos para comer allí y de paso esperar a que el tiempo mejorará. El sitio está muy bien y hacen unas pizzas al horno de leña que no son caras, una pizza para dos 12 euros, nos supo a gloria bendita.

Una vez comidos, nos pusimos los chubasqueros, cargamos los sacos de dormir y la comida en las alforjas de la bici y comenzamos la ruta. En total fueron 27 kilómetros de ruta. La ruta no es difícil pero sí que es cansada ya que alterna cuestas en las que muchas veces hay que bajarse con la bici porque revientan, sobre todo con las alforjas. El entorno es único, el camino discurre todo el rato entre lagos, todo nevado con alguno lagos en deshielo, poco a poco va cogiendo un poco de altura hasta llegar a la zona del glaciar Hardangerjokulen, del que se pueden ver hasta tres lenguas desde la bici.


Por el camino nos encontramos un puesto pequeñito en el que se vendía de todo, comida, golosinas, refrescos, estaba en medio del monte sin nadie alrededor, solo una casa a doscientos metros y, unos niños que jugaban a vigilarlo escondidos detrás de rocas. La confianza de los Noruegos no tiene límites.
Según nos acercábamos más a la zona del glaciar el frío iba siendo mayor y cada vez había más nieve. Cuando llegamos a Finse teníamos pensado acampar, en los alrededores del refugio no se puede y la zona de acampada libre estaba toda llena de nieve así que viendo el refugio tan grande y tan tentador nos decidimos por ir al refugio con su calefacción y todo. Las bicis las dejamos en un parking que había fuera, allí nadie le pone candado a la bici, es más a la hora del alquiler ni siquiera te dan candado así que imaginaos la seguridad que hay.
El refugio es carísimo, 35 euros persona en habitación individual, si eres socio saldría mucho más barato, pero hacerse socio sale por 100 euros y no íbamos hacer uso de más refugios en el viaje. La habitación era pequeña pero estaba limpia con unas vistas muy bonitas. Después de estar durmiendo tantos días en camping agradecimos la cama enormemente, en el momento hasta nos pareció barato!.
Una vez acomodados, nos dimos una vuelta por Finse. Básicamente es una estación de tren al lado de un lago. El lago estaba completamente helado con una zona de deshielo, eso junto con la cantidad de nieve y el tiempo que hacía parecía un paisaje ártico.

Una vez en el refugio, cenados y con wifi a tope nos dispusimos a romper la cama, al día siguiente el tren a Myrdal salía a las 11 por lo que podíamos dormir sin necesidad de madrugar.