Antes de desayunar, pregunté en la recepción del Jungle si había autobuses a Kashan. El propietario llamó a la estación de autobuses y me informó de que había un autobús VIP de la compañía
Seirosafar a las 8.30. Como aún me quedaba una hora, le pedí que me reservara una plaza y antes de que me llamara a un taxi para ir a la estación, aproveché para desayunar, hacer la maleta y pagar (55 euros por las dos noches).
En la taquilla, tras pagar 45 tomans (unos 12 euros), me indicaron el andén del autobús, aunque no las tenía todas conmigo porque por más que preguntaba, nadie de los que allí esperaba iba a Kashan. Finalmente alguien me dijo que otros dos italianos que estaban en el andén iban a mi destino, con lo que me puse a hablar con ellos. Se trata de los italianos a los que ya me he referido. Lo cierto es que tuvimos mucho tiempo para hablar, no sólo porque el autobús no salió hasta una hora después de lo previsto, sino porque el viaje que iba a ser de unas cuatro horas y media duró finalmente seis, con parada incluida para comer. Recuerdo que, entre otras cosas, comprobamos haber pagado todos lo mismo por el billete. De hecho, a mí me había sucedido algo extraño. Cuando en la taquilla la vendedora me dio el ticket, puso sobre la mesa un billete pequeño (no recuerdo exactamente su importe) pero a continuación hizo una llamada y me pidió los 45 tomans que acabé pagando (que eran como unas diez veces más del valor del billete que antes me había mostrado). Afortunadamente, mis amigos italianos (que siempre habían viajado por Irán de noche en autobuses VIP para ahorrarse el alojamiento, y hoy, por primera vez, lo hacían de día), no tenían planes. No era ése mi caso, que tenía programadas varias visitas. De hecho, mi idea inicial era haber ido parando en varias localidades que se encontraban en la ruta, como Na’in, Abyaneh o Natanz, pero ante el precio que me habían pedido por el trayecto en taxi, opté por suprimir Na’in, llegar a Kashan en autobús y desde allí deshacer parte del camino yendo a Abyaneh y Natanz. Sin embargo, entre el retraso en la salida y la demora en llegar a Kashan por las numerosas paradas del autobús, mis planes se desvanecieron.
Con todo, lo más chocante del autobús no fue, como suele ser habitual, que los viajeros sentados junto a nosotros nos invitaran a frutos secos en el viaje al vernos extranjeros, sino el sitio donde nos dejó. De pronto, cuando quedaban unos kilómetros para llegar a Kashan, el conductor anuncia la llegada. Nosotros tres, sorprendidos, preguntamos a uno de los viajeros iraníes con el que habíamos intimado si no había otra parada en la ciudad. Tras preguntar al conductor, nos respondió que no, con lo que los tres nos vimos obligados a bajar allí mismo, en mitad de un área de peaje, donde no había absolutamente nada. Preguntamos al conductor y éste nos dijo que en las casetas del peaje podían buscarnos un taxi que nos llevara a la ciudad. Cuando íbamos a hacerlo, recordé que tenía anotado el teléfono de un taxista de Kashan que otros viajeros habían recomendado en un foro. Mientras le llamaba, aparece una persona que no sabemos muy bien lo que quiere. Tras cortar la llamada, nos percatamos de que es un taxista que trata de decirnos en farsi que, un poco más allá de las casetas del peaje, hay unos taxistas que nos pueden acercar a nuestro hotel. Finalmente, cuando le decimos que vamos a hoteles distintos, nos dice que debemos coger dos taxis, uno los italianos, y otro yo.
Me despido bruscamente de los italianos sin darnos tiempo a decirnos más que un “piacere”, y le pregunto al taxista si los jardines Fin, que había visto anunciados cuando estaba llegando en el autobús, estaban próximos. Como me respondió afirmativamente, le pedí que me llevara allí antes de pasar por mi hotel. Obviamente allí, en medio de ninguna parte, no era cuestión de regatear el precio de la carrera.
Los
jardines Fin me gustaron mucho, aunque la llegada fue un poco caótica no sólo por lo que me había pasado con el autobús que acabo de contar, sino porque cuando iba a sacar las entradas, se me coló un santón con su grupo de parroquianas todas vestidas de negro de los pies a la cabeza. No sólo los jardines, sino también los edificios que hay en ellos, con sus estucos y pinturas, merecen la pena. Además, esta vez los veía de día, con lo que podía disfrutarlos.
Había hecho bien visitándolos entonces, porque están bastante alejados de la ciudad, y sobre todo, porque poco quedaba ya de luz (anochece en torno a las 16.45). Al cabo de 45 minutos, el taxista volvió a recogerme y llevarme a la
Negi House, mi hotel en Kashan. El Negi fue, sin duda, el hotel con más encanto de todo mi viaje por Irán. Instalado en una antigua casa noble de Kashan, mi habitación presidía uno de los patios. Era una habitación amplia, con el baño a la derecha y la ducha a la izquierda, con una cama doble, y en cuyos laterales había unas escalerillas para subir a una especie de terracitas interiores en cada una de las cuales había un saco de dormir en el suelo. Resultó, pues, que pese a haber pedido una habitación individual, me encontraba en una cuádruple. El único problema que tenía la habitación era la puerta. Aunque era muy bonita, de madera tallada y con vidrieras en la parte superior, no se podía cerrar desde el interior. Por fuera, quedaba cerrada con un candado, pero por dentro no había dónde sujetar el candado.
El resto del hotel también era muy bonito, con numerosos patios interiores. Incluso el restaurante merecía la pena, si bien yo no llegué a cenar, aunque sí desayuné la mañana siguiente.
Esa misma tarde, antes de que cerrara a las seis, pude visitar la casa Tabatabaei. Esta es una de las cuatro casas patricias de Kashan que han de ser visitadas. Son todas diferentes, pertenecientes en su origen a ricos comerciantes, y cada una tiene un encanto especial. Yo no prescindiría de ninguna. Existe un billete combinado que permite visitar dos casas (creo recordar que la Tabatabaei y la Abassi) y el haman (reconvertido en museo). Las restantes casas (Abbasi, Borujerdi y Ameriha) las visitaría la mañana siguiente, a primera hora. Ese día todavía tuve tiempo para, antes de cenar, visitar (ya de noche) el bazar y la mezquita Agha Bozorg.
He de indicar que parte de la
casa Ameriha se ha reconvertido en hotel de lujo. No sé cuánto costará la estancia pero realmente merece la pena darse ese capricho. Yo no me alojé allí pero lo que sí hice fue ir a cenar en su restaurante en mi primera noche en Kashan. Magnífico: el plato más delicioso de mi estancia en Irán lo comí allí. Se trataba de una especialidad de Tabriz consistente en una albóndiga de gran tamaño hecha con distintas carnes, orejones y frutos secos. Todo ello acompañado del dug (equivalente al turco ayran), que se había convertido en mi bebida habitual. Por todo ello pagué unos 10 euros. Un capricho al alcance de cualquiera…
Pues bien, a la mañana siguiente, cuando eran poco más de las nueve y media de la mañana ya había visitado todo lo que había que visitar en Kashan, motivo por el cual decidí llamar por teléfono a Saïd Abbas, un taxista que resultó ser un gran descubrimiento. Como he comentado con ocasión de mi accidentada llegada a Kashan, entre mis papeles llevaba el teléfono de un taxista de Kashan recomendado en los foros. Le había llamado cuando el conductor del autobús me había dejado tirado junto con los italianos en el área de peaje. Aunque corté la comunicación con él cuando apareció el que resultó ser un taxista, no dejó de llamarme ese día. Yo traté de hacerle ver que ya no necesitaba sus servicios porque ya me habían recogido del peaje y llevado al hotel. Sin embargo él insistía en llamarme hasta que al final, tras preguntarme por mi hotel, me llamó cuando estaba cenando en el Ameriha para decirme que se hallaba en mi hotel, el Negi House, esperando por mí. De este modo, la noche anterior, al volver a mi hotel, me encontré con Saïd Abbas. Para empezar, él tenía mucha curiosidad por saber de dónde había sacado su teléfono. Yo le enseñé la hoja impresa con el comentario del forero y él pidió al recepcionista que le hiciera una copia aunque no entendiera nada de lo que allí ponía, aparte de su nombre y su número de teléfono. Me contó que acababa de regresar de Teherán de llevar a unos clientes y que antes de volver a su casa había querido conocerme. Trató de ofrecerme sus servicios aunque yo entonces no tenía nada claro lo que iba a hacer al día siguiente, visto que el retraso del autobús procedente de Yazd había trastocado mis planes de ese día y tenía que rehacer mi programa. Tras preguntarme mis planes para el día siguiente y sin tenerlos, como digo, aún decididos, le comenté que el día siguiente, en que no tenía reservado alojamiento, quería ir a Qom, y desde allí a Qazvin o a Teherán, en función del tiempo que me llevase llegar hasta Qom.
Sin embargo, la mañana siguiente, visto que, como he señalado, había visitado todo Kashan, decidí avanzar hacia Qom, como tenía previsto, pero recuperar antes los pueblos de
Abyaneh y Natanz que había dejado en el camino. Por eso, hacia las nueve y media llamé a Abbas y a las diez y cuarto, como acordado, pasó a recogerme por la casa Ameriha, la misma que en la noche anterior cenaba cuando me llamó para decirme que me esperaba en mi hotel. De allí me llevó al Negi, donde hice mi maleta, recogí mi pasaporte de la recepción (práctica que ya he dicho que es habitual en Irán) y pagué los 1,8 millones de riales de la habitación (unos 50 euros).
De camino a Abyaneh, y antes de llegar, me preguntó si quería hacer una primera parada no prevista: un templo del fuego zoroástrico. Accedí. De allí fuimos a Abyaneh, que resultó ser un pueblo muy bonito. Yo había leído las impresiones de viajeros que lo recomendaban como destino. Sin embargo, creía que iba a ser un pueblo de adobe más, que no iba a estar a la altura de los que ya había visto. Sin embargo, no fue así. Es muy bonito y se halla en muy buen estado, aunque está casi deshabitado. Sin embargo, lo que más me llamó la atención de todo fue el color rojizo del adobe que imprime un color rojizo a todo el pueblo. Abbas me mostró los mejores sitios, aunque ello no le resultó fácil porque su panza y sus pulmones, perjudicados por el tabaco, no le facilitaban las cosas. En Abyaneh vimos también varias personas vestidas con el traje típico local, muy colorido, tanto para hombres como para mujeres, nada que ver con los chadores oscuros que llevan las demás iraníes. El pueblo estaba muy animado porque era viernes y parece ser un destino bastante habitual de los habitantes de la capital. Este detalle me hace recordar que Abbas me diría al final de nuestra jornada que después de encontrarse conmigo en el hotel el día anterior, había decidido hacer dos cosas: llevarme adonde quisiera si, al hacer mis planes, optaba por contratar sus servicios, o, en caso contrario, descansar todo el viernes (su día festivo), durmiendo hasta el mediodía. Evidentemente, le estropeé el descanso, y bien que se lo estropeé como veréis.
De Abyaneh nos fuimos a Natanz, que aparte de comer bien en un restaurante al que me llevó, no merece especialmente la pena pues su mezquita, con tener un bonito minarete y una bonita cúpula, no merece el desvío.
De camino para Qom, Abbas me preguntó si quería visitar el
mausoleo de Aran va Bidgol. La verdad es que no tenía ninguna referencia de este sitio, pero le dije que sí, ya que estaba allí…. Como ya he indicado, los mausoleos en Irán son maravillosos. Aunque éste es más modesto que otros que he visitado, es también bonito e interesante. Quizás por no ser tan famoso, aquí no te cachean a la entrada y puedes entrar con cámara de fotos, aunque yo sólo hice fotos con ella en el patio de acceso y no en la parte propiamente de mausoleo.
Antes de llegar a Qom, y cuando ya anochecía, me paró en
Noushabad, en donde había nacido y vivido media vida, en otra parada fuera de circuito de las suyas. Tampoco lo tenía fichado, pero allí visitamos un depósito de agua inmenso y una interesantísima ciudad subterránea. Otra parada, pues, a tener en cuenta.
Obviamente la llegada a
Qom fue bastante más tardía de lo que yo hubiese pensado en ningún momento. Me puse una camisa oscura de manga larga que había comprado para la ocasión (simulando el modo de vestir iraní), dejé mi cámara fotográfica en el coche con Abbas y me dirigí al mausoleo. Probablemente mi aspecto exterior, con una poblada barba que no me afeitaba desde mi llegada a Irán, no delataba que no era iraní. La noche también me ayudó a camuflarme. De este modo, logré colarme sin ningún problema en el mausoleo de Fátima, tras el cacheo de rigor a la entrada.
Reitero una vez más que los mausoleos en Irán deben ser incluidos sin excepción en una visita al país. El de Qom es uno de los más ricos y es ciertamente impresionante. De hecho, a mí me sorprendió su tamaño. A la entrada creí haberme equivocado porque parecía realmente un centro de convenciones. Pese a la hora, el tránsito de personas en todas direcciones era increíble. No sé cuántas personas podrían estar allí en aquel momento pero ciertamente miles. Tras dejar los zapatos en consigna, me lancé a visitar el mausoleo. Como me había pasado ya en Shiraz, me habría quedado allí horas y horas admirando los patios y las paredes de azulejos. Esta vez la parte propiamente de mausoleo, con sus mil y un espejos decorándolo, me pareció muy bonita, a diferencia de en Shiraz. Me acerqué a la tumba de Fátima sin ningún problema. Los vigilantes con el plumero (algo que debe de ser una constante en este tipo de mausoleos) no me señalaron en ningún momento, lo que es una buena señal. Y desde luego, en ningún momento me impidieron hacer fotos con el móvil, como hacían todos los iraníes, si bien ellos concentraban sus fotos en la tumba y yo, como he dicho, en los azulejos multicolores del complejo.
Tras un buen rato en el mausoleo, decidí volver al taxi con Abbas, pues no era cuestión de tenerle allí esperando horas y horas. Eso sí, memoricé todos los patios por los que había pasado, como él me había aconsejado, para no perderme y salir por el mismo sitio por el que había entrado. Salir por otro sitio me hubiese supuesto un problema a la hora de encontrar el taxi.
Visto que eran más de las ocho, le dije a Abbas que había decidido hacer noche en Teherán y suprimir la visita de Qazvin. Me dio pena porque Sele en su blog dice que es un sitio muy bonito y desconocido, pero son más de cuatro horas de viaje desde Qom y tampoco tenía la certeza de que hubiese autobuses para allí ni a qué hora. Quedarme en Qom tampoco me seducía porque ya había visto lo que había que ver en esta ciudad y los hoteles allí parecen no ser demasiado buenos. Así que la opción de Teherán, a unas dos horas de Qom, parecía la más razonable, sobre todo después de llamar al hotel que tenía reservado para las noches siguientes y confirmarme que tenían una habitación disponible también para esa noche. Sólo me faltaba saber si habría autobús para Teherán, aunque había leído que casi todos los autobuses que vienen del sur pasan por Qom. Efectivamente, Abbas se dirigió con su coche a un área de peaje y allí empezó a preguntar a los chóferes si iban para la capital y tenían plazas libres. Al segundo intento, estaba embarcado en un autobús (no VIP) rumbo a Teherán. No sé cuánto costó el viaje porque me lo pagó Abbas pero creo que fueron algo así como un par de euros. Está visto que las áreas de peaje son un lugar habitual para dejar y recoger pasajeros en Irán.
Así pues,
Saïd Abbas resultó ser un excelente taxista, al que agradezco su insistencia en querer hablar conmigo para prestarme sus servicios. Gracias a él vi muchísimos sitios, algunos de los cuales desconocía siquiera su existencia, pese a ser realmente interesantes. Además, como hablaba un inglés aceptable, me contó muchas cosas acerca del país y de los sitios que visitamos juntos. Por si a alguien le pudiera interesar contactar con él, dejo aquí sus señas. Está creando una página web que se llamará
www.abbastour.ir. Su móvil es 09133 62 1639. No recuerdo con exactitud lo que le pagué por sus doce horas de trabajo (cuando estaba entrando a Teherán recibí la llamada de Abbas diciéndome que acababa de llegar a su casa en Kashan), en lo que iba a ser su día de descanso, pero creo que fueron unos 60 euros. Al doce horas. Según me dijo, tiene a diez taxistas trabajando para él (que no hablan inglés), por lo que él selecciona a los clientes a los que atiende personalmente y yo tuve la suerte de resultar elegido. Como me pidió encarecidamente que hiciera publicidad de sus servicios y le estoy enormemente agradecido, sirva este sitio para cumplir mi palabra