Por fin ha llegado el día, después de tantos meses preparando, leyendo, releyendo e imaginando cómo sería todo, por fin nos encontrábamos en el aeropuerto de Barcelona. Nuestro vuelo salía a las 17:45h, con lo que nos plantamos en El Prat a las 16h aprox. Facturamos las mochilas, cruzando dedos con que al llegar a Hanoi allá estuvieran...
El vuelo salió puntual, haciendo escala en Doha, con solo una hora para realizar el transfer para coger otro vuelo-paliza hasta Hanoi, haciendo parada en Bangkok pero sin tenernos que bajar del avión.
Volamos con Qatar Airways, y siendo sinceros, nos esperábamos más. Asientos no demasiado confortables, sin cargador para los aparatos varios, personal de cabina no especialmente simpático y Doha es un aeropuerto coñazo para hacer transfers ya que tienes que recorrerte un pasillo interminable para llegar al otro avión, y cuando vas con prisas te da reparo hasta parar a lavarte los dientes o usar el baño...
Hemos volado con compañías como la TAP y Norwegian, que sin tener tanto renombre e incluso ser de bajo coste, hemos volado mucho más cómodos. No entendemos por qué se considera una de las mejores compañías. Nosotros, si podemos evitarla en futuras ocasiones, lo haremos. Si que es cierto que el tema de los menús lo tienen bien montado; habíamos pedido para mi un ovolacteovegetariano y para él uno sin lactosa, y nos pusieron en todos los vuelos, dos comidas, una principal y otra tipo tentempié que no estaban nada mal. Todo picaba un poco pero bastante bien para ser comida de avión.
Después de ver 3 pelis en el primer vuelo, y 1 peli en el segundo y aguantar el tostón de un inglés que se me sentó al lado que, curiosamente hablaba un español perfecto, aterrizamos en Bangkok. Aquí se bajaron gran parte de los pasajeros, entraron los servicios de limpieza, limpiaron todo el tinglado y entonces subieron otros pasajeros y pudimos salir, otras casi 2 horas hasta destino, más la hora y media mínimo que estuvimos dentro del avión. Un poco drama y culo carpeta es quedarse corto. Por fin, aterrizamos en Hanoi a eso de las 16h hora local (del día 22/09, +1).
Teníamos la carta de invitación tramitada desde Barcelona, además de dos fotos tamaño carnet cada uno, para realizar el visado on arrival. Nada más salir del avión te encuentras los mostradores para realizar el trámite, rellenas la documentación que te facilitan y te esperas a que salga tu pasaporte en la pantalla y digan tu nombre. Realizas el pago y te dan los pasaportes con el visado.
Tardamos unos 20 minutos, y el precio del visado fueron 50$ los dos.
Tras esto, tocaba pasar el control de pasaporte, que también fue algo lento, ya que cuando llegamos a la cinta de equipaje, nuestras mochilas estaban allí y habían dado varias vueltas. ¡¡Qué alegría verlas!!
Habíamos hablado con el hotel donde nos alojaríamos y solicitamos transporte al llegar, y allí estaba un chico esperándonos para llevarnos al hotel. El transfer nos costó 19$, tardando unos 45 min. en llegar al hotel, ubicado en el Old Quarter de Hanoi. Si fuera ahora, no contrataríamos ese traslado, ya que en taxi con taxímetro (de los fiables, ojo) o con un conductor previo precio fijo hubiera salido mucho más económico...
Lo primero que nos impactó de Hanoi fue el calor insoportable que hacía, un minuto en el ambiente y ya íbamos todo sudados. Lo segundo, el traficazo y cómo conducen. Hemos estado en otros países de conducción “temeraria” (Egipto, Túnez, Turquía, Jordania, Tailandia...), pero nada de lo que habíamos visto hasta ahora se parece a Vietnam. ¡Qué barbaridad!. No se respetan los semáforos, las rotondas, los pasos de cebra, cada uno va por donde mejor le viene, pitan sin parar, es un auténtico caos.
Con la boca abierta, llegamos al hotel a eso de las 18h, a La Beauté de Hanoi, ubicado en una callejuela en el Old Quarter. Algo complicado de encontrar si hubiéramos llegado solos, seguro.
Hacemos el check in y mientras, nos ofrecen una bebida de bienvenida (un zumito de mango, parece) que yo me bebo con ansia pero mi novio prefiere pasar (tiene mucha manía/miedo a escagarruciarse).
El chico de recepción nos entrega un mapa y nos recomienda lugares que visitar y donde ir a cenar, que en realidad, nos pasamos por el forro, pero muy amable. También nos explica que desde el hotel podemos reservar excursiones y todo tipo de servicios de transporte.
Nos enseña la habitación, en el 3r piso; está bien pero la ventana da a un muro, literal. Optamos por dejar corridas siempre las cortinas..
Después de asearnos un poco, dejamos toda la documentación y objetos de valor en la caja fuerte (importante, en casi todos los hoteles te recuerdan que todo lo que no esté dentro de la caja, el hotel no se hace responsable), y salimos a la calle a darnos una vuelta a ver qué se cuece por ahí.
Mucha gente, muchos restaurantes y bares, mucho ambiente, mucha moto, mucho riesgo
Optamos por, tras un breve paseo, parar en una terracita llena de occidentales y tomarnos nuestra primera “bia”, cerveza en vietnamita. Le decimos “beer” a la camarera y nos dice “¿loco bia?”, a lo que respondemos que sí al tuntún. Nos trae 2 botellas de Saigon Green, que oye, está más que buena, aunque nos claven 120.000 VND (al cambio unos 4,8 euros, una pasada para los precios que vimos luego en otros sitios).
El vuelo salió puntual, haciendo escala en Doha, con solo una hora para realizar el transfer para coger otro vuelo-paliza hasta Hanoi, haciendo parada en Bangkok pero sin tenernos que bajar del avión.
Volamos con Qatar Airways, y siendo sinceros, nos esperábamos más. Asientos no demasiado confortables, sin cargador para los aparatos varios, personal de cabina no especialmente simpático y Doha es un aeropuerto coñazo para hacer transfers ya que tienes que recorrerte un pasillo interminable para llegar al otro avión, y cuando vas con prisas te da reparo hasta parar a lavarte los dientes o usar el baño...
Hemos volado con compañías como la TAP y Norwegian, que sin tener tanto renombre e incluso ser de bajo coste, hemos volado mucho más cómodos. No entendemos por qué se considera una de las mejores compañías. Nosotros, si podemos evitarla en futuras ocasiones, lo haremos. Si que es cierto que el tema de los menús lo tienen bien montado; habíamos pedido para mi un ovolacteovegetariano y para él uno sin lactosa, y nos pusieron en todos los vuelos, dos comidas, una principal y otra tipo tentempié que no estaban nada mal. Todo picaba un poco pero bastante bien para ser comida de avión.
Después de ver 3 pelis en el primer vuelo, y 1 peli en el segundo y aguantar el tostón de un inglés que se me sentó al lado que, curiosamente hablaba un español perfecto, aterrizamos en Bangkok. Aquí se bajaron gran parte de los pasajeros, entraron los servicios de limpieza, limpiaron todo el tinglado y entonces subieron otros pasajeros y pudimos salir, otras casi 2 horas hasta destino, más la hora y media mínimo que estuvimos dentro del avión. Un poco drama y culo carpeta es quedarse corto. Por fin, aterrizamos en Hanoi a eso de las 16h hora local (del día 22/09, +1).
Teníamos la carta de invitación tramitada desde Barcelona, además de dos fotos tamaño carnet cada uno, para realizar el visado on arrival. Nada más salir del avión te encuentras los mostradores para realizar el trámite, rellenas la documentación que te facilitan y te esperas a que salga tu pasaporte en la pantalla y digan tu nombre. Realizas el pago y te dan los pasaportes con el visado.
Tardamos unos 20 minutos, y el precio del visado fueron 50$ los dos.
Tras esto, tocaba pasar el control de pasaporte, que también fue algo lento, ya que cuando llegamos a la cinta de equipaje, nuestras mochilas estaban allí y habían dado varias vueltas. ¡¡Qué alegría verlas!!
Habíamos hablado con el hotel donde nos alojaríamos y solicitamos transporte al llegar, y allí estaba un chico esperándonos para llevarnos al hotel. El transfer nos costó 19$, tardando unos 45 min. en llegar al hotel, ubicado en el Old Quarter de Hanoi. Si fuera ahora, no contrataríamos ese traslado, ya que en taxi con taxímetro (de los fiables, ojo) o con un conductor previo precio fijo hubiera salido mucho más económico...
Lo primero que nos impactó de Hanoi fue el calor insoportable que hacía, un minuto en el ambiente y ya íbamos todo sudados. Lo segundo, el traficazo y cómo conducen. Hemos estado en otros países de conducción “temeraria” (Egipto, Túnez, Turquía, Jordania, Tailandia...), pero nada de lo que habíamos visto hasta ahora se parece a Vietnam. ¡Qué barbaridad!. No se respetan los semáforos, las rotondas, los pasos de cebra, cada uno va por donde mejor le viene, pitan sin parar, es un auténtico caos.
Con la boca abierta, llegamos al hotel a eso de las 18h, a La Beauté de Hanoi, ubicado en una callejuela en el Old Quarter. Algo complicado de encontrar si hubiéramos llegado solos, seguro.
Hacemos el check in y mientras, nos ofrecen una bebida de bienvenida (un zumito de mango, parece) que yo me bebo con ansia pero mi novio prefiere pasar (tiene mucha manía/miedo a escagarruciarse).
El chico de recepción nos entrega un mapa y nos recomienda lugares que visitar y donde ir a cenar, que en realidad, nos pasamos por el forro, pero muy amable. También nos explica que desde el hotel podemos reservar excursiones y todo tipo de servicios de transporte.
Nos enseña la habitación, en el 3r piso; está bien pero la ventana da a un muro, literal. Optamos por dejar corridas siempre las cortinas..
Después de asearnos un poco, dejamos toda la documentación y objetos de valor en la caja fuerte (importante, en casi todos los hoteles te recuerdan que todo lo que no esté dentro de la caja, el hotel no se hace responsable), y salimos a la calle a darnos una vuelta a ver qué se cuece por ahí.
Mucha gente, muchos restaurantes y bares, mucho ambiente, mucha moto, mucho riesgo
Optamos por, tras un breve paseo, parar en una terracita llena de occidentales y tomarnos nuestra primera “bia”, cerveza en vietnamita. Le decimos “beer” a la camarera y nos dice “¿loco bia?”, a lo que respondemos que sí al tuntún. Nos trae 2 botellas de Saigon Green, que oye, está más que buena, aunque nos claven 120.000 VND (al cambio unos 4,8 euros, una pasada para los precios que vimos luego en otros sitios).
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Después del parón y el robo, buscamos donde cenar algo, para eso de aclimatar el cuerpo. El restaurante elegido fue el Little Hanoi, en el 14 de Ta Hien. Ojo, ya que delante del restaurante hay otro con el mismo nombre, hecho muy común en todo el país, así que aseguraros bien que estáis en el local correcto. Hay que subir unas escaleras muy estrechas que dan al comedor.
El local lo lleva una familia y cenamos la mar de bien. Pedimos unos nems vegetarianos (los típicos rollitos vietnamitas que van fritos, que a nuestro parecer, le dan mil vueltas a los frescos, que son sin fritura), un arroz con verduras y unos noodles con tofu, además de 2 cervezas que también estaban ricas, de la marca Halida, por 200.000 VND (8 euros al cambio). Esto ya nos va gustando más, pese a que veríamos que se puede comer igual de bien por menos dinero, pero era nuestro primer día y no estábamos para mucho experimento.
El local lo lleva una familia y cenamos la mar de bien. Pedimos unos nems vegetarianos (los típicos rollitos vietnamitas que van fritos, que a nuestro parecer, le dan mil vueltas a los frescos, que son sin fritura), un arroz con verduras y unos noodles con tofu, además de 2 cervezas que también estaban ricas, de la marca Halida, por 200.000 VND (8 euros al cambio). Esto ya nos va gustando más, pese a que veríamos que se puede comer igual de bien por menos dinero, pero era nuestro primer día y no estábamos para mucho experimento.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Después de la rica cena, las dos cervezas que nos han alegrado el cuerpo y enlentecido el cerebro, llegamos al hotel a eso de las 22h, con más sueño que hambre. Duchas y muerte. Mañana más.