A las 7.45 ya estábamos desayunando. El desayuno no era muy completo, pero no estaba mal, un par de tostadas con mantequilla, jamón de york, queso y café o té.
El hotel tiene traslado gratuito a la entrada del parque que está solo a 2 kms, eso sí, la vuelta tienes que volver por tus medios, ya sea caminando o en un bus que va a Santa Marta y que te para delante del hostal.
Al llegar a las taquillas del parque tuvimos que hacer fila para sacar las entradas, es curioso que solo permiten que se quede una persona en fila y saque las entradas de todos los que vayan juntos. La entrada vale 36.000 cop (10€) para los extranjeros y 13.000 para los colombianos. El horario del parque es de 08:00 a 17:00 horas. Una vez conseguidas las entradas, te revisan las mochilas o bolsos para asegurarse que no lleves alcohol, drogas o nada que pueda perjudicar el entorno como, por ejemplo, bolsas de plástico o aerosoles.
Habíamos leído que Las comidas y bebidas dentro del Parque, ya sea en bares o puestos ambulantes, son mucho más caras que fuera de él y que lo más conveniente era llevar varias botellas de agua y algo de comida, pero también hay que tener en cuenta que hay que caminar bastante y eso es más peso que tienes que cargar. Nosotros llevamos dos botellas de agua y unas galletas solamente. Luego resultó que la bebida, aunque efectivamente era más cara que fuera, tampoco tenía un precio desorbitado, por ejemplo, una cerveza nos costó alrededor de 2€.
Después del registro de las mochilas y bolsos, hay que caminar un rato hasta la entrada del parque propiamente dicha, pero también lo puedes hacer en buseta, como las llaman allí, por el módico precio de 2500cop, unos 0.70€ (creo recordar) que se pagan al conductor.
En la buseta íbamos algo apiñados. Teníamos de vecinos de asiento a dos chicas uruguayas y una pareja argentina y en el corto trayecto hicimos amistad y recorrimos el parque juntos.
Desde donde te deja la buseta tienes dos opciones o dos senderos para recorrer el parque, uno es el sendero de las pasarelas y el otro es el sendero de los caballos. Habíamos leído que era mejor el de las pasarelas así que optamos por esa opción. Efectivamente, está más preparado con pasarelas de madera, pero te hartas de subir y bajar escaleras.
El parque está dividido en sectores, Cañaveral, Arrecifes y Cabo San Juan de Guía.
Comenzamos nuestra marcha a las 09.50 por el espeso bosque y a las 10:20 tuvimos nuestro primer encuentro con el mar en Cañaveral y desde su mirador pudimos admirar sus fantásticas vistas a pesar de que estaba nublado y el día no acompañaba mucho a disfrutar de los bellos paisajes.

En esta zona se encuentran las Ecohabs, cabañas de lujo a precios desorbitados.
Como comentario, si pensáis en alojaros en las Ecohabs o en cualquier otro alojamiento dentro del parque, tened en cuenta que no podréis llevar mucho equipaje porque tendréis que hacer una buena caminata, así que lo más aconsejable es dejar el equipaje en un hotel que hayáis estado, en Santa Marta, por ejemplo, y os llevéis lo imprescindible para las noches que vayáis a estar en una pequeña mochila.
Después de hacer unas cuantas fotos desde el mirador, continuamos hacia Arrecifes. Lo que más me llamó la atención de la vegetación de esta parte, era que los árboles tenían las raíces por fuera y eran de una anchura tremenda.

Aproximadamente 30 minutos después llegamos al sector Arrecifes. Lo primero con lo que nos topamos fue su con su camping. Había tiendas de campaña o carpas, como las llaman allí y también un recinto techado con hamacas para pasar la noche. Seguimos caminando y llegamos a la playa que, aunque es precosa, también es muy peligrosa y no está permitido el baño.

Como dice un cartel a la entrada, “Muchos siglos antes de ser utilizada como atractivo turístico, las comunidades Koguis y Arhuakas visitaban esta playa sagrada para hacer pagamento a la madre tierra y así mantener el equilibrio planetario”

Seguimos caminando, esta fue la parte más difícil del recorrido porque las pasarelas se habían terminado y tuvimos que sortear grandes charcos de lodo, agarrándonos a lianas o a lo que podíamos.
Tras 30 minutos aproximadamente llegamos a Cabo San Juan que ya era la última playa del sendero.
Desde el inicio del sendero hasta aquí tardamos algo más de 2 horas.
Nada más llegar lo primero que encontramos fue el camping, bastante más grande que el de Arrecifes. Había una caseta donde si habías reservado carpa, la pagabas y te la asignaban.
Continuamos hacia la playa y la verdad es que era espectacular.

Nos quedaban 2 horas para disfrutar en la playa porque nos habían advertido que el parque se cerraba a las 17:00 y si no habías salido allí te quedabas a pasar la noche, así que como esa idea no nos apetecía mucho, calculamos que teníamos que salir sobre las 15:00 como muy tarde para llegar antes de que cerrasen.
En esta playa te puedes bañar, pero con precaución porque las corrientes son fuertes. Lo intentamos, sí, pero el agua estaba helada, así que desistimos. Como ya teníamos hambre, nos acercamos al único bar que hay, pero también desistimos porque estaba abarrotado de gente. Lo único que pudimos conseguir fue unas cervezas de un vendedor que iba por la playa y acompañarlas con las galletas que nos habíamos llevado, esa fue nuestra comida, así que os aconsejo que os llevéis unos bocadillos o algo así.
Por fin salió el sol y aprovechamos para hacer un montón de fotos, parece mentira lo que cambia el paisaje, con sol era mucho más bonito y el agua del mar cambiaba de un color grisáceo a un precioso turquesa.

Como a la ida nos habíamos hartado de subir y bajar escalones por el sendero de las pasarelas, decidimos volver por el otro, por el de los caballos, porque si iban los caballos, seguro que no tendría escaleras. ¡¡¡ERROR!!! No, no tenía escaleras, pero era mucho peor, y pasamos mucho miedo en una ocasión en la que en una especie de desfiladero muy estrecho nos vinieron de pronto de frente un montón de caballos al galope, iban solos, sin nadie que los guiara. Había que habernos grabado, salimos corriendo hacia atrás despavoridos y gritando hasta que el terreno se ensanchó y dejamos paso a los caballos. Ahí fue donde decidimos que era mucho mejor el sendero de las pasarelas. Así que, si vais, ya sabéis…
También está peor indicado y en algunos momentos dudamos si iríamos en buena dirección.
Finalmente, y tras las dificultades del camino, conseguimos llegar a la entrada antes de que cerraran. Como no habíamos comido, picamos algo en una especie de chiringuito que hay a la salida del parque y después cogimos el bus para volver a nuestro hotel y nuestros amigos a Santa Marta, nos despedimos no sin antes intercambiar nuestros números de teléfono para seguir en contacto pues íbamos a coincidir en otros puntos del viaje.
Al llegar al hostal nos dimos un bañito en la piscina y tras ducharnos volvimos a cenar al Yuluka.
Había sido un día de caminata y emociones, así que nos fuimos a dormir pronto. Esa era la última noche en el hostal porque al día siguiente nos trasladaríamos a Santa Marta.
. Mis estrellitas para ti. Un saludo