Nos levantamos sin muchas prisas y subimos a la terraza del hotel a desayunar. Somos los únicos clientes, así que el desayuno nos lo preparan en un momento. No es muy completo, pero no está mal. Ya con las pilas recargadas salimos a conocer mejor la ciudad. Empezamos por la Plaza de San Diego, que resulta igual de bonita de día que de noche. Entramos en el hotel Santa Clara para verlo. Es un edificio histórico del siglo XVII. Fue convento de las Clarisas, después cárcel, luego hospital y a principios de los 90 lo restauraron para convertirlo en hotel de lujo. Tiene un claustro muy bonito.
Salimos de la plaza por la calle opuesta a la iglesia y llegamos a la calle del Curato,


Al salir de las Bóvedas, y para que no se nos hiciera tarde como el día anterior, buscamos un restaurante para comer seleccionando uno de la lista que llevaba de restaurantes recomendados. Era “El Boliche” cevichería en la Carrera 8 entre la calle 38 y 39. Calle de Cochera del Hobo y estaba a solo 5 minutos caminando. Así que fuimos para allá. Me sorprendió porque al ser una cevichería, yo pensaba que iba a ser algo más popular e informal, pero no, era casi un restaurante gourmet, muy pequeñito, eso sí, pero muy bien decorado. Entramos y el ambiente era helador, tenían el aire acondicionado a tope, así que preferimos quedarnos en una mesita que había fuera, dentro del local, pero fuera del congelador, casi en la calle. Nos trajeron la carta y solo con ver el formato ya nos dimos cuenta de lo que cuidaban los detalles. Tenían una amplia variedad de ceviches además de otros platos como, por ejemplo, empanadas de cangrejo y de pulpo.
Yo me decidí por la empanada e cangrejo (que estaba muy buena) y el Ceviche a la espuma de mar que estaba francamente delicioso, el mejor ceviche que he comido. Todo muy bien presentado y acompañado por dos cervezas Club Colombia bien frías. La comida salió por 220.587cop unos 60€ pero los pagamos con gusto porque todo nos encantó. Horario 12:30 – 15:00 y de 19:00 a 23:00
Continuamos caminando por las calles de esta preciosa ciudad y llegamos a la plaza de la Torre del Reloj.

Salimos de la ciudad amurallada para acercarnos al Muelle de la Bodeguita, de este muelle parten las excursiones para ir a las islas del Rosario y Barú y hay un montón de pequeñas oficinas, todas en línea, donde venden los tickets para las excursiones. Podríamos haberlos comprado en cualquier agencia de viajes, que hay muchas, pero preferimos ir al muelle porque imaginamos que al haber menos intermediarios sería más barato. Os explico cómo llegar, no tiene pérdida, sales de la muralla por la puerta de la Torre del Reloj, caminas hacia la derecha y tras un corto paseo de 10 minutos, cruzas y allí está el muelle.
Nos informamos del precio de la excursión insistiéndole a la vendedora para que nos enseñase fotos del barco, pues ya nos habían advertido que había barcos malos e incómodos. Como nos gustó el barco, reservamos para el día siguiente por 65.000cop, unos 18€ cada uno comida e impuestos portuarios incluidos. Tuvimos que dejar una señal de 10.000cop, unos 3€ y el resto lo pagaríamos al día siguiente.
Después volvimos a la ciudad amurallada y continuamos nuestro recorrido turístico. Fuimos a la Catedral, que tiene una fachada preciosa, pero no se podía visitar así que fuimos al Santuario San Pedro Claver, construido a principios del siglo XVII por los jesuitas, debe su nombre a San Pedro Claver, misionero jesuita español que fue defensor y protector de los esclavos y que vivió en este monasterio hasta su fallecimiento.

Muy cerca de allí está la Plaza de la Aduana, es la más grande de Cartagena y en ella está la que fuera la casa de Pedro de Heredia, el fundador de la ciudad y una estatua de Cristóbal Colón. Se cree que en esta plaza tenía lugar la venta de esclavos procedentes de África.
Seguimos subiendo por la Carrera 4 hasta la Plaza Bolívar, dejando a un lado el Museo del Oro y el Museo de la Inquisición, que no nos daba tiempo a verlos.
La Plaza Bolívar comenzó llamándose Plaza de la Iglesia, más tarde, Plaza Mayor, después Plaza de la Inquisición, cuando se instaló en Cartagena el Santo Tribunal de la Inquisición y finalmente, años más tarde, pasó a llamarse Plaza de Bolívar, cuando se instaló en ella la estatua ecuestre del libertador.
Seguimos por la calle 33 hasta la Carrera 3, giramos a la derecha y seguimos caminando hasta la Plaza de Santo Domingo que es una de las más bonitas y concurridas de Cartagena. Habíamos estado el día anterior comiendo allí, pero quisimos volver para verla con más detalle.
En la plaza se encuentra la Iglesia de Santo Domingo, es la más antigua de Cartagena de Indias, merece la pena entrar a verla porque su interior es muy bonito. Justo pegado a la iglesia está el Consulado de España y frente a la puerta de la iglesia hay una escultura de Botero, la Gertrudis. Se dice que en esta plaza tuvieron lugar las ejecuciones de la inquisición. Ahora es mucho más alegre y está llena de bares y terrazas donde los artistas y cantantes animan la plaza. Preciosas las casas de colores con balcones de madera que a mí me recordaba mucho a los balcones canarios.
Por la Calle 35 o Callejón de los Estribos llegamos al Baluarte de Santo Domingo, eran más de las 17:00 y queríamos ver la puesta de sol desde un sitio ideal que vimos el día anterior, el Café del Mar, una terraza sobre la muralla, muy moderna, de ambiente chill out y dj en directo y desde luego un sitio ideal para tomar algo contemplando el atardecer. Nos tomamos 2 Coca-colas (13.200cop) y disfrutamos a tope del mejor espectáculo de la naturaleza.

Después seguimos caminando por la Carrera 4 que dicen que es la calle más bonita de Cartagena de Indias por sus balconadas y la silueta de la Catedral al fondo.

Ese día habían llegados nuestros amigos a Cartagena y habíamos quedado con ellos para cenar, así que nos fuimos al hotel a ducharnos y arreglarnos porque habíamos escogido un restaurante muy bonito para la cena al que habíamos echado el ojo en uno de nuestros paseos. Se trata del restaurante Amadeus que pertenece al Casa Pestagua Hotel Spa que está en la Carrera 3 muy cerca de la Plaza de Santo Domingo. Solamente la entrada ya es preciosa, con un gran portalón que da acceso a un bonito patio con fuentes donde está el restaurante con mesas exquisitamente decoradas. El servicio muy atento, la comida excelente, especialmente el Tataki de atún rojo y la mejor compañía, nuestros amigos, con los que pasamos un rato estupendo compartiendo las peripecias del viaje y dándonos consejos de aquí y de allá. La cena nos salió por 127.666cop unos 36€ los dos, lo que nos pareció barato para el sitio que era, eso sí, no tomamos vino sino cerveza. El vino encarece muchísimo la factura porque no te vale menos de 20 o 30€ la botella. El hotel tenía que ser precioso, pero por lo que vimos luego, también muy caro, casi 200€ la noche.
Cuando salimos de cenar nos fuimos todos a la Plaza de San Diego porque habíamos visto un bar restaurante cubano, “Cuba 1940”, que tenía buena pinta para tomarse unos mojitos. Nos sentamos en la terraza y degustamos nuestras copas contándonos nuestras vidas y conociéndonos un poco más. (30.000cop 9€ la copa).
Cuando nos despedimos, quedamos para cenar al día siguiente, pero esta vez cerca de su hotel en el barrio de Getsemaní.
Nos fuimos a dormir, el día había sido completito, habíamos pateado mucho, estábamos cansados y mañana tocaba excursión a la playa, a las Islas del Rosario y Barú.
. Mis estrellitas para ti. Un saludo