Día 9 de Agosto
A las 6:30 estaba programada la actividad del tai-chi, así que nos levantamos a las 6 h., bueno no todos Rosa se quedo durmiendo, subimos a la cubierta superior donde estaba despertando el día asomando tímidamente el sol entre algunas nubes, éramos unos diez voluntarios madrugadores, empezamos la clase mientras el barco empezaba a desplazarse lentamente entre las rocas, la verdad que con los movimientos del tai chi tan tranquilos y las vistas fue un momento muy zen, nunca había hecho tai chi pero es más complicado aguantar el equilibrio de lo que parecía, eso sí te quedas muy relajado para empezar la mañana.


Desayunamos en el salón - comedor mientras íbamos navegando, llegamos al pueblo de pescadores donde desembarcamos para visitar un su pueblo flotante, mientras estábamos en el ferri empezó a llover, menos mal que estaban preparados y nos dieron unos divertidos chubasqueros de colores.
En la plataforma flotante del poblado nos fueron recogiendo con sus barcas a remos unas pescadoras, para hacernos el recorrido de su poblado hasta llegar a una roca agujereada que daba salida a la bahía, una visita muy recomendable para tener un poco de noción de cómo viven en estos poblados, con sus tiendas flotantes, las casitas de los perros flotantes y sus viviendas.




Regresamos al barco principal donde nos dieron un brunch y comenzar el regreso al puerto de donde habíamos salido el día anterior.
Allí nos recogió Camilo nuestro guía, junto con el conductor, paramos en una entidad bancaria para cambiar algunos dólares en moneda local, pues se nos habían acabado, eran más o menos las doce del mediodía y curiosamente estaban a punto de cerrar, llegamos por los pelos.
Pusimos dirección a Hanói, parando en Yen Duc, una famosa población agrícola, que según las guías de viaje antes era muy tradicional, pero que ahora ya está muy modernizada, con calles de cemento y casas de obra quitándole el encanto que tenia según comentan años atrás .
Vimos en Yen Duc un espectáculo de marionetas en el agua, que es bastante curioso e interesante, una vez terminado comimos un tentempié y continuamos ruta al aeropuerto de Hanói, hicimos otra parada en un taller de cuadros bordados en seda que solo emplea a trabajadores con alguna minusvalía, originalmente empezó con los heridos y nacidos con secuelas de las bombas americanas de napalm, mostaza, etc., en la exposición habían auténticas maravillas, pero a precios bastante altos.
Comimos en el restaurante de allí mismo, después de comer como también había supermercado, dimos una vuelta por el donde vimos unos helados de "haagen dazs" tipo magnum, nos encaprichamos y los compramos la sorpresa fue a la hora de pagar, que al ser de importación nos costa más caro que la comida de los tres, vaya palo nos pegaron con los heladitos, en Vietnam hay que tener mucho cuidado con los productos de importación, ya que algunas cosas que para nosotros son muy económicas allí son de lujo.




Una vez en el aeropuerto, nos despedimos con pena de nuestro guía y el conductor, después de tantos días ya te coges cariño, dándoles sus correspondientes propinas como es tradición.
Teníamos el vuelo hacia Dnang a las 18:30 pero al mirar los paneles vimos que nos lo habían retrasado dos horas, pues a esperar tocaba.
Llegamos a Dnang a las 22h., tras aterrizar nos recogió nuestro nuevo guía y sus conductor, en este caso era un excombatiente del vietkong, que estuvo 5 años en la guerra con los americanos, todo un personaje, nos dirigimos a Hoi An, que está a unos 28 kilómetros del aeropuerto, al ir cruzando Dnang vimos que era una ciudad bastante nueva y muy iluminada con un gran puente con un dragón como baranda completamente iluminado y muchos edificios de nueva construcción.
Como era muy tarde al llegar al hotel, teníamos bastante complicado encontrar un lugar para cenar, así que fuimos a un supermercado de 24 horas y compramos unas bolsas de patatas fritas, frutos secos, bebidas y galletas.
Regresamos al hotel a descansar.