Hoy tenemos el vuelo a Mykonos al mediodía, estaremos en la isla durante 24 horas. Es insuficiente para hacer una visita completa pero nos contentaremos con ver la ciudad y el mar.
Al ser domingo, a las 11 harán la ceremonia del cambio de guardia enfrente del Parlamento. Hemos madrugado así que nos sobra tiempo. Vamos a callejear.
Nos perdemos por las callecitas de Plaka y llegamos de casualidad a Anafiotika ¡el barrio que no supimos encontrar el viernes!
Aquí están las casitas blancas de una planta, las callejuelas torcidas y estrechas, las ventanas azules, la vegetación por todas partes. Definitivamente, tiene un aire a Mykonos, pero al estar un poco escondido, hay muchos menos turistas.
Anafiotika:
¡Uy, que ya casi son las once! Vamos a toda prisa a plaza Syntagma y hay una multitud observando el ceremonioso y peculiar desfile de la Guardia Nacional.
Habrá como unos cincuenta soldados, entre elegantes y ridículos:
Evzones, los guardias nacionales:
Desfilan con su escopeta en el hombro al ritmo del sonido metálico de las tachuelas de las suelas de sus zapatos. Finalmente se quedan los dos que guardarán la tumba del soldado muerto durante una hora. Una vez colocados los elegidos en su sitio, se les acerca un soldado vestido de militar, se les sitúa justo enfrente y les acaba de pulir el atuendo con mucho mimo: les centra el sombrero, les estira el chaleco, les seca el sudor con un pañuelo. Una escena muy íntima observada por miles de personas.
El paso de los guardias:
Nos sobra tiempo antes de ir al aeropuerto, el show no dura más de veinte minutos. Damos una vuelta por el exterior del ágora griega hasta que se hace la hora de ir al hotel a buscar las maletas y al bus X95 para tomar el avión.
Después de un viaje movidito llegamos a Mykonos, la llamada isla del viento. ¡Sopla de lo lindo!
La web de los autobuses públicos de Mykonos (KTEL) es un poco confusa, los autobuses no tienen mucha frecuencia, pero pone que sale uno a los 40 minutos de llegar nosotros. ¡Nos iría perfecto!
En tripadvisor había leído que a veces van llenos y no hay sitio.
Pues aunque hemos llegado con retraso, todavía tenemos tiempo de tomar el de las 16:50, que sale con un poco de retraso también.
El trayecto son cinco minutitos y nos deja en la estación de autobuses, llamada Fabrika, que no es más que una explanada con buses entrando y saliendo, y una caseta de información.
Está en el centro del pueblo. Es que el pueblo es bastante pequeño, es la capital de la isla y se llama Chora.
Nuestro hotel está en el otro lado del pueblo, no llega a quince minutos a pie.
Vista de la ciudad:
El hotel Leto es un lujazo: enfrente de la playa (que no es ninguna maravilla, por ser Grecia, la arena no es fina y el agua no es trasparente
Hay hoteles más baratos, pero por ser mi viaje de cumpleaños nos hemos estirado un poco esta vez.Playa enfrente del hotel:
Esta isla es popular por las playas cristalinas, las discotecas y las calles fotogénicas. Como vamos escasos de tiempo, pasamos de las dos primeras. Para ir a las playas se necesita transporte: o bien se toma el autobús local o bien se alquila una moto o quad.
Mar:
Damos una vuelta por el pueblo, será verdad que hay más de 800 iglesias en la isla
Varias iglesias:
Las callejuelas son una delicia, con todas las casitas pintadas de blanco. Para puertas, ventanas y barandillas sólo están permitidos tres colores: azul, verde y rojo.
Calle de Mykonos:
Cruzamos el barrio llamado Little Venice, que no tiene canales ni góndolas, pero visto desde la playa se aprecia que varias casas dan directamente al mar. En este antiguo barrio de pescadores ahora hay muchas terracitas para tomar algo y disfrutar de la puesta de sol, están tan cerca del agua que las olas fuertes nos mojan los pies al pasar por allí.
Little Venice:
Vista de Little Venice desde la playa:
Nosotros contemplamos la puesta de sol desde la playita que está debajo de los famosos cinco molinos de viento. No somos los únicos. La vista desde los molinos también debe de ser de categoría.
Puesta de sol:
Cenamos en la terraza de un bar, en una plaza peatonal, hay mucha oferta y los precios no son del todo prohibitivos.
Ahora todo quisqui se va de fiesta, la noche no es para dormir… ¡ni aunque quieras!
Calle nocturna: