
Se fundó en 1264 en la localidad prusiana de Waldaw (que significa “posesión”). Sus propietarios eran dos nobles prusianos llamados Johann Brulant y Conrad Diabel. Habían recibido esas tierras como regalo por haber permanecido fieles a los teutónicos durante el levantamiento prusiano contra la Orden.
Se levantó en una pequeña isla sobre un arroyo.
En el tiempo de las incursiones lituanas sirvió junto con otros castillos como el de Shaaken como cadena defensiva.
Desde 1457 fue la residencia de verano del Gran Maestre y después de la secularización de la Orden en 1525 se convirtió en dominio del duque de Albrecht y pasó a ser una granja. Se reconstruyó en 1550 para Anna María de Braunschweig, segunda esposa del duque.
En 1720 se alquiló por el Gobierno de Prusia y se hicieron reformas en los dos edificios principales. En 1858 se abrió una academia agrícola para lo que se construyó otro edificio y se hizo un parque. Doce años más tarde se transfirió a Königsberg. Ya por entonces se habían desmantelado una torre y los muros perimetrales. Las alas se destinaron a seminario de enseñanza para los maestros de primaria. A principios del siglo XX se redujo el estanque y se construyeron un parque y un campo de fútbol.
Después de la Segunda Guerra Mundial se instaló un monumento a los compatriotas y seminaristas muertos. En los años 30 se hizo un camino que conectaba el pueblo con el viejo castillo.

En el sótano podemos ver artesanía y talleres tradicionales (herrería, cerámica, carpintería, elaboración de cerveza y de vino, farmacia, ámbar…).
Me gustaron especialmente las maquetas del castillo y, claro, poder ponerme capas y coger copias de espadas o ballestas.

Se puede llegar en autobús yendo a la localidad de Nizovye. El pueblo no tiene más encantos. La parada del autobús está muy cerca del castillo.