Martes 30 de Julio:
Para nuestro primer día completo en Jasper teníamos planeado ir al lugar que seguramente es el más visitado de todo el parque, el Maligne Canyon. La naturaleza del parque de Jasper está mucho menos domada que la de Banff, lo que hace que normalmente cueste más acceder a los sitios más impresionantes del parque, de hecho hay grandes extensiones de terreno donde sólo se puede llegar caminando. Sin embargo, este cañón es de los sitios más accesibles, y por tanto de los que más visitas recibe. Se encuentra junto a la Maligne Road, a escasos minutos del pueblo de Jasper. Hay una ruta marcada para recorrer el cañón a pie, cruzándolo en algunos momentos gracias a 6 puentes, siendo la zona más atractiva la que discurre entre el primero y el tercero. Hay un par de parkings donde dejar el coche. Uno junto al primer puente, donde se encuentra también una gran cafetería y tienda de recuerdos, y otro junto al quinto puente. Nosotros aparcamos en este último y fuimos remontando el cañón.

En la primera parte del recorrido vimos poca gente, pero cuando llegamos al tercer puente ya estaba todo mucho más lleno, ya que mucha gente aparca en el primer puente y recorre hasta el tercero y se vuelve. Esta zona es la más fotogénica del recorrido ya que las paredes son mucho más verticales y el río más encajonado, merece la pena verla. Seguimos el camino hasta el parking superior y en ese momento empezó a llover, al principio suave pero enseguida descargó con mucha intensidad. Afortunadamente nos pilló al lado de la cafetería y aprovechamos para tomarnos un café allí para esperar a que escapara y también para echar un vistazo a la tienda de recuerdos, aunque no compramos nada allí.

La lluvia duró un buen rato, y en cuanto vimos que ya podíamos salir aprovechamos para desandar el camino hasta el coche. Por suerte no nos llovió y pudimos llegar al coche sin mayor problema, pero vimos que había gente que les había pillado el aguacero en medio del bosque. Ya con el coche recorrimos la Maligne Road, una carretera famosa en el parque por la facilidad para ver animales de todo tipo, hasta vimos una señal que avisaba de que entrábamos en zona de avistamiento de caribúes, pero no hubo suerte. Además se puso a llover intensamente de nuevo, por lo que hacer cualquier cosa en el exterior quedaba descartada. Aún así, despacio, conseguimos llegar hasta el lago Medicine. Este lago es muy peculiar, ya que durante el otoño se seca casi por completo, convirtiéndose en una especie de marisma. Durante el deshielo el lago se llena con el agua derretida del glaciar que le llega desde el cañón Maligne. Hoy en día aún no se sabe dónde va a parar el agua del lago cuando se vacía, aunque se supone que debajo habrá una red de cuevas y sumideros bastante inaccesibles. Este comportamiento tan peculiar no fue pasado por alto por los nativos canadienses, que le atribuyeron propiedades mágicas y curativas, de ahí su nombre. En el extremo occidental del lago hay un pequeño mirador con espacio para unos cuantos coches. Estuvimos allí un rato pero el tiempo seguía desapacible. Una espesa bruma lo tapaba todo y le daba un toque aún más misterioso.

Esuvimos un rato allí en el lago, esperando en el coche a ver si el tiempo mejoraba, pero no tenía pinta. Al menos aprovechamos el rato para comernos los sándwiches que teníamos preparados. En vista de como estaba la cosa nos volvimos para el hotel a descansar un rato, y cuando ya dejó de llover volvimos a salir. Esta vez no nos alejamos demasiado del hotel, si no que recorrimos las orillas del lago Patricia y el Pyramid, ya que están prácticamente pegados. En el lago Pyramid vimos que había unas pocas playas, algunas preparadas para hacer barbacoas, pero evidentemente nadie se bañaba. Sí que vimos a unas cuantas personas metidas en el lago pescando, sumergidos hasta las rodillas o más incluso. Cuando íbamos recorriendo la carretera a Víctor le pareció ver algo moverse entre los árboles... paramos y vimos otro oso negro. Estaba alejándose de nostros, en dirección a las playas, así que le seguimos un poco hasta que lo perdimos de vista. Avisamos a dos señoras que estaban por allí ya que el oso se había metido en su dirección y lo debían tener a pocos metros, y ellas iban andando. En otra zona del lago pudimos encontrar el puente de madera que conecta la orilla con una pequeña isla que emerge en el centro del lago, otro lugar muy fotogénico.

El resto de la tarde decidimos pasarla en los lagos que hay a las afueras del pueblo, los lagos Edith y Annette. Esta zona está conectada por un laberinto de caminos y carreterillas, así que nos dejamos llevar por la intuición y fuimos por donde nos apetecía en cada momento. En una de las ocasiones nos metimos dentro de recinto del hotel Farimont Jasper Park Lodge, un pedazo de hotel con una gran área natural que incluye lagos, establos, etc. Elegimos ir a esta zona a esta hora de la tarde porque había leído que era frecuentada por animales, sobre todo ciervos y wapitis, y efectivamente, cuando llegamos a la playa del lago Annette vimos unos cuantos pastando tranquilamente por allí. Estuvimos un buen rato observándolos con calma y haciendo fotos. Impresiona ver a estos animales tan cerca y tan tranquilos, sin asustarse de los humanos, pues hasta se tumbaban a descansar y seguir rumiando. Caminamos un rato por la orilla del lago Annette, por uno estrecho camino que lo separa del lago Ochre. Este tiene una forma redondeada y es mucho más pequeño, y además esta completamente vallado y con el paso prohibido ya que tiene arenas movedizas.

Como ya era la hora de cenar volvimos al pueblo para buscar un sitio. Esta vez queríamos ir al chino que habíamos visto, pero estaba lleno, así que elegimos un restaurante griego que había cerca, el Something Else. La comida nos gustó mucho, y el sitio era grande, pero tuvimos que esperar un poco porque también estaba lleno. Cuando acabamos de cenar aún era de día. En Jasper en estas fechas a las 10 de la noche aún queda luz en el cielo, y eran sobre las 8 y media. Por aquí los restaurantes cierran sobre las 9 así que hay que tener cuidado con los horarios. Como no llovía pensamos que sería buena idea volver a la Maligne road a ver si teníamos suerte y veíamos algún animal más. Le estábamos cogiendo gusto a esto de los safaris fotográficos. Nada más salir de Jasper vimos unos wapitis en medio de la carretera principal, aunque en dirección opuesta a la nuestra. Y al lado del gran cruce que da paso a la Maligne Road, donde siempre hay bastante tráfico, vimos otro oso negro más.

Seguimos recorriendo la Maligne road mientras oscurecía, pero ya no vimos nada más. Para variar, se puso a llover intensamente de nuevo, así que dimos por finalizado el día y nos volvimos al hotel para entrar en calor con la chimenea.
