Nuevamente para esta excursión salimos del hotel a las 8 de la mañana y al igual que cuando hice la excursión a Chichén-Itzá, también estaba lloviendo por el área de Playa del Carmen y del hotel.
Tardamos sobre media hora en llegar a Tulum, donde por el momento no llovía. Se suponía que el sitio arqueológico abría a las 8 de la mañana, pero por las restricciones a causa del Covid 19 el horario estaba modificado y no abrían hasta las 9 de la mañana, si no recuerdo mal. Por no esperar allí sin hacer nada, le dije a José Luis Curiel de ir en primer lugar a Cobá y eso hicimos.
La distancia desde Tulum es de aproximadamente 1 hora y sigue estando en el estado de Quintana Roo, pero muy cerquita del de Yucatán.
Al lado del poblado de Cobá y de donde está el sitio arqueológico hay una laguna, que según el conductor nunca la había visto tan llena. De hecho, el agua casi se salía a la carretera.
Este día no tuve tanta suerte con el tiempo. Estaba muy nublado, algo de niebla y tarde o temprano se iba a poner a llover. Lo hizo en cuanto entré al sitio arqueológico.
Cobá fue un asentamiento maya más antiguo que Chichén-Itzá y Tulum, construyéndose la mayor parte de los edificios durante el período clásico. La ciudad pudo llegar a tener en la época de mayor apogeo hasta 40000 habitantes y 50 km cuadrados de extensión al menos. Para favorecer las rutas e intercambios comerciales con las ciudades mayas de Calakmul y Tikal, se podrían haber establecido alianzas matrimoniales entre ellas. En la arquitectura y decoración de Cobá se observan detalles que guardan parecido con Tikal. A partir del siglo X podría haber entrado en confrontación con Chichén-Itzá, de la que ésta resultaría vencedora. Posteriormente y con la mayor importancia de las ciudades mayas costeras, Cobá se convertiría en una ciudad secundaria, aunque mantendría cierta importancia religiosa.
Por Cobá pasaban un gran número de sacbés, los caminos rectos y pavimentados que construían los mayas para conectar ciudades o dentro de una ciudad para conectar plazas y templos u otros edificios dentro de una ciudad. El más largo, de unos 100 km, conectaba Cobá con la ciudad maya de Yaxuná.
A pocos metros de la entrada está el grupo denominado Cobá, donde destaca la gran pirámide de La Iglesia y un juego de pelota.

El resto de monumentos del sitio arqueológico están más dispersos, siendo necesario caminar unos 2 km. Alternativamente se pueden alquilar allí mismo unas bicicletas o ir en las llamadas limusinas mayas, que no son sino unas bicicletas que llevan adaptadas en la parte delantera un cajón con un asiento. Es como ir en un taxi con conductor pero en versión bicicleta. El precio y duración del paseo está definido y cuesta $140 por 1 hora y 20 minutos.
Está todo mucho más virgen que en Chichén-Itzá y no hay puestos de artesanía a cada metro. Se pasea entre unos bosques de árboles enormes. Además había poquísima gente. El fastidio es que en cuanto me subí a la limusina maya se puso a llover bien. El conductor tuvo que desplegar una gran sombrilla del tamaño de una de playa.
Fuimos al grupo Nohoch Mul, donde destaca el monumento de igual nombre también conocido como Gran Pirámide. Con sus 42 metros es la segunda estructura más alta de la península del Yucatán después de Calakmul. Antaño había una cuerda para ayudarse a subir o bajar, porque la inclinación de las escaleras y el estado en el que están, se las trae. Ahora mismo por el Covid 19 no se puede subir y según me comentó el conductor posteriormente, desde hace un tiempo se lleva pensando el prohibir la subida, así que quién sabe si ha llegado ese momento. No pude observar con calma la pirámide, porque sin paraguas, con una capa de plástico y las gafas empañadas, no era cómodo.

Luego paramos junto a un edificio semicircular llamado Xaibé, que pudo ser un observatorio.

Seguidamente vi el Juego de Pelota. En el suelo había un par de inscripciones, una de un cráneo y la otra de un jaguar.

Después de ver esto volvimos al punto de salida. Miré el reloj y sólo habían pasado sólo 40 ó 45 minutos. Cierto que el día no acompañaba para entretenerse 15 minutos contemplando cada monumento, pero 40 minutos menos de paseo. Mirando posteriormente el mapa del sitio arqueológico comprobé que por las estelas del grupo Macanxoc no habíamos pasado y por el Grupo de las Pinturas tampoco. No sé si es que estaba restringido el acceso o que con la lluvia pasó de ir.
Como seguía lloviendo y había visto todo lo que podía hacer por mi cuenta a pie, salí del sitio arqueológico. Tuve que esperar un buen rato al conductor, porque me había dado más tiempo libre del que al final había necesitado para la visita. Mientras tanto dejó de llover.
Antes de irnos de Cobá paramos un segundo junto a la laguna para fotografiar la cabeza de un cocodrilo que había asomado del agua.
Nubarrones negros en el cielo en la dirección de vuelta a Tulum, auguraban que la visita iba a estar pasada por agua.
Cuando llegamos a la entrada del sitio arqueológico no llovía aún. El lugar está montado como un parque temático con tiendas, puestos de venta y algunos espectáculos, como el del rito de los voladores de Papantla (localidad en el estado de Veracruz), rito asociado a la fertilidad en la que se pide por la caída de lluvia sobre los campos de cultivo en los tiempos de sequía. El descenso de los danzantes representa la propia caída de la lluvia. Este rito tiene su origen en el Período Preclásico Medio Mesoamericano (del 1200 al 400 A.C). Está declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Del punto de entrada al edificio que marca el acceso real al sitio arqueológico y donde se compra la entrada hay menos de un km. Se puede hacer a pie o se puede hacer en un autobús con salidas periódicas. El billete de ida y vuelta eran como $20, pero no pagué nada por discapacidad física.
A la llegada había una buena cola de gente. Era domingo, día de entrada gratuita para los mexicanos, así que estaba a tope de gente en un día de pandemia (sin ella allí no debe caber un alfiler)
Tras la medida de temperatura y el correspondiente chorro de gel hidroalcohólico (como ya ocurriera en Cobá y en Chichén-Itzá) accedí al recinto. Y se puso a llover fuerte.
Tulum, nombre que le dieron los exploradores a la ciudad, significa muro en lengua maya. Se cree que fue ocupada en el período posclásico tardío, entre 1200 y 1521. Se trató de una ciudad de una gran importancia portuaria. Los mayas navegaban por toda la costa manteniendo rutas comerciales hasta Belice. Estaba protegida en 3 de sus lados por murallas, siendo el mar el elemento protector por el otro lado. En esa época debía haber una importante confrontación entre las ciudades mayas, por lo que la función defensiva debía ser necesaria. Tulum fue la última de las ciudades mayas en ser abandonadas, 75 años después de la conquista de los españoles, a finales del siglo XVI.
Lo primero que vi fue la Casa del Cenote, conocida por ese nombre porque en uno de sus lados hay un estanque. Yo no vi nada. Sería porque había mucha gente que no me enteré por dónde tenía que ir.


Lo siguiente fue el Templo del Dios del Viento, con una estupenda vista del mar y del Castillo.

Debajo de este templo hay una pequeña playa preciosa por la vegetación y el color azul del agua del mar Caribe. Creo que esta playa es la que está cerrada porque las tortugas acuden a poner los huevos.

Otros edificios importantes son el palacio, por la decoración, y la estructura 25, por sus columnas.

En el centro del sitio está el conocido como El Castillo, que es una atalaya sobre el mar. En tiempos de los mayas, realizaba funciones de faro. Los navegantes mayas recorrían la costa por mar abierto siguiendo el arrecife de coral (el segundo más largo del mundo). La iluminación en El Castillo con antorchas les permitiría identificar el momento en el que girar las embarcaciones para pasar por el canal que dividía el arrecife y así no encallar.

Después de ver este edificio, en vez de continuar hacia la salida, volví por el camino de entrada al ser el que estaba adaptado para discapacitados.
Por suerte durante la visita la lluvia dio una tregua, aunque cada vez que me quitaba la capa de plástico se ponía a llover.
Después de encontrarme con el conductor, fuimos hacia el Gran Cenote. La entrada cuesta $300 e incluye chaleco. Hay baños y unas taquillas para guardar la ropa y los cambiadores ni me enteré de dónde estaban.
En este cenote no te permiten acceder con cámaras fotográficas que sean grandes. A mí me miraron el bolso y les tuve que enseñar la cámara bridge, con la que no me pusieron ningún problema finalmente (después de consultarlo el que vendía las entradas con un supervisor). Para que te entreguen el chaleco salvavidas tienes que dejar un documento identificativo.
El cenote tiene dos entradas con un túnel que conecta ambas. Tiene una zona abierta al aire libre, en la que destaca la vegetación con los árboles y las lianas entrando en el agua y otra parte cubierta. Según he leído en alguna página, tiene una profundidad máxima de 10 metros. Yo en unos puntos no daba pie y en otros me podía poner de pie. Precisamente por las zonas menos profundas hay algunas rocas y algún golpe (por suerte flojo) me di al pasar nadando. El agua se ve de un color azul cristalino.

El hecho de que esté muy cerca de Tulum y que sea muy accesible, hace que esté más concurrido, lo que quizás haga que pierda el encanto que por ejemplo tenía el Palomitas el día que estuve. A mí me agobió a ratos.

Después de unos chapoteos en el cenote, me reuní con el conductor para ir a Tulum. Me recomendó comer en el restaurante Don Cafeto, en la Avenida Tulum 64, así que allá que fui. Aparte de los típicos totopos con los diferentes acompañamientos que ponen siempre, pedí un plato de pollo con mole poblano acompañado de arroz y plátano frito, que estaba delicioso. La cuenta fue de $210.

www.tripadvisor.es/ ...nsula.html
A eso de las 5 de la tarde llegué al hotel. Tal y como estaba estipulado y al ser de nuevo el tour privado, pagué los $2300 correspondientes.