Habíamos escuchado mil maravillas acerca de Masai Mara y era el motivo principal de este viaje, por fin había llegado el gran día de conocer una pequeña parte de ese inmenso tesoro. Y aunque suene a tópico, la realidad supera todo lo leído y por leer....para los amantes de la naturaleza y los animales Masai Mara es el paraiso hecho realidad.
Esa mañana volvimos a madrugar. Desayunamos en Marlin Guest Resort (incluído en el precio de la habitación, 10 euros/persona) y pusimos rumbo a Masai Mara. Nos esperaban 5 horas de carretera para llegar a la puerta Sekenani, así que calculamos que hacia el mediodía podríamos estar ya dentro de la reserva.
Por el camino paramos en un pueblo (no recuerdo el nombre) para comprar comida y agua. Mientras esperaba mi turno en la caja vi que en la de al lado había una niña que no dejaba de mirarme, le sonreí y la pobre se ruborizó. El cajero me dijo (con el escaso inglés que sabía) que era la primera vez que la niña veía una mujer blanca y que si podía darme la mano ...¡CLARO QUE SÍ!, me acerqué a ella y le extendí la mano, la inmensa sonrisa que se dibujó en su cara se plasmó inmediatamente en la mía
. Fue uno de esos pequeños momentos especiales que recordaré toda mi vida.
Proseguimos con el viaje y según nos íbamos acercando a la reserva vimos poblados Masai a ambos lados de la carretera, nos hacían señales para que pararamos pero ya habíamos estado en un poblado Samburu y no queríamos repetir la experiencia. También nos encontramos con hombres Masai (al menos iban vestidos de Masai, no quiero ser mal pensada, pero después de tantos viajes y estafas una desconfía bastante de todo) que iban andando por los bordes de la carretera haciendo autostop para que les pararamos, supongo que para después de contarte su historia ofrecerse como guía.
Por fin.....¡llegamos a Sekenani! ¡Qué emoción! ¡Qué ganas! Nos sentíamos como los protagonistas de Jurassic Park al llegar ante las grandes puertas del parque de dinosaurios.
Por fin.....¡llegamos a Sekenani! ¡Qué emoción! ¡Qué ganas! Nos sentíamos como los protagonistas de Jurassic Park al llegar ante las grandes puertas del parque de dinosaurios.

La entrada costaba 80 usd/persona, válida para 24 horas. Descartamos pasar la noche dentro de la reserva porque eso implicaba añadir bastantes más dólares al precio de la entrada, tanto porque tienes que pagar tasas de camping como porque los campings o lodges son más caros dentro de la reserva. Así que echamos un ojo en la Lonely Planet y llamamos a Crocodile Camp, que se encuentra junto a la puerta Talek, para reservar un sitio donde poder acampar.
Dejo aquí la tabla de precios de enero de 2020:

En esta época del año los grandes grupos de cebras y ñús ya han migrado y se encuentran en el Serengeti, Tanzania. Contábamos con ello y la verdad es que el resto de los residentes fijos de la reserva nos ofrecieron unas experiencias increíbles en los tres días que pasamos allí.
Nada más atravesar la puerta de Sekenani nos topamos con un grupo bastante numeroso de jirafas. Pusimos rumbo a la puerta Talek, por el camino solo vimos herbívoros: una manada de elefantes, impalas para exportar y otros antílopes. Los paisajes son increíbles, vastas e inmensas praderas de un intenso color verde que nunca terminan salpicadas por alguna acacia solitaria, vamos, la "típica imagen" de sabana africana que todos tenemos en la cabeza, solo que debido a las lluvias, la hierba no estaba amarillenta. Hubo muchas zonas en las que prácticamente no vimos ningún animal, tiene que ser increíble ver todas esas praderas llenas de ñus y de cebras cuando han regresado del Serengeti.
Salimos por la puerta Talek, donde había mucho herbívoro suelto, ¡aquí se tiene que cocer algo
! para dirigirnos a Crocodile Camp y montar la tienda. Lo cierto es que no habría hecho falta llamar para reservar un sitio para acampar, porque éramos los únicos.

El camping estaba bastante bien, la zona de acampada se encontraba al lado del río Talek. Había duchas con agua caliente, un restaurante y lo mejor de todo, estaba situado muy muy cerca de la puerta Talek. Si bien es verdad que la zona de cocinar para los campistas dejaba mucho que desear, nada que ver con campings de otros países africanos como Namibia, Sudáfrica, Botswana... Está claro que a Kenia no va mucha gente por libre y con bajo presupuesto. Por lo que decidimos cenar en el restaurante, precio fijo de 15 usd/persona cena tipo buffet. Por acampar pagamos 800 KES/persona, aproximadamente 6 euros cada uno.
Ya era hora de volver a bichear, que es a lo que habíamos ido
. Lo malo de ir por libre es que no tienes a nadie que te vaya "informando" donde se han visto cosas interesantes, podíamos ver como los guías que llevaban guirís recibían llamadas y nada más colgar aceleraban pasándose los límites de velocidad por... Lo bueno de ir por libre es que puedes estar el tiempo que quieras donde quieras, si avistas algo tu solit@ te hace una ilusión que pa`qué, y sino, siempre tienes la opción de acercarte donde veas grupos de vehículos parados o incluso preguntar a algún otro vehículo (esto no suele hacerles mucha gracia)
.
Tuvimos la suerte de ver una pareja de guepardos que acababa de cazar y se estaban zampando la merienda y también unas escenas amorosas entre un león y una leona. Por cierto, era la primera leona que veíamos en todo el viaje, en Samburu y Nakuru solo habíamos visto machos. Nos sorprendió que los guepardos estuvieran ahí a plena luz del día zampiñando, siempre habíamos leido y oído que son "escurridizos de ver", aunque no al nivel de leopardo....Más tarde conoceríamos a Mike, un guía del camping, que nos contó que desgraciadamente los guepardos del Mara estaban cambiando sus costumbres de caza y que incluso a veces utilizaban los vehículos para esconderse y sorprender así a las presas
.







Se acercaba ya la hora de salir de la reserva así que nos despedimos de la pareja feliz.¡Con la mala suerte de elegir una pista tan llena de barro que nos quedamos atascados! Por más que intentamos sacar el pajero era imposible, al final, entre la ayuda de unos cuantos y una cadena que le pusieron al vehículo conseguimos salir
. No sin llevarnos barro hasta en los dientes
. Una ducha calentita, cena y a dormir.... ¡Hasta que los rugidos nos despertaron! Los escuchamos durante más de 2 horas, acompañados de gritos de hienas, algo gordo debía estar pasando, la verdad es que se me ponían los pelos de punta de la emoción. Se escuchaba tan próximo.... No veía el momento de volver a la reserva
.