Ecuador de los safaris. Habían ido de menos a más. Y lo que no sabía es que todavía serían mucho mejor de lo que ya habíamos visto.
Madrugamos mucho como habíamos dicho, pero no tanto para ver el amanecer como Abdul nos había dicho que haríamos.
Sin embargo tuvimos buenas vistas de la salida del Sol.
El globo aerostático tiene que ser increíble, pero no está al alcance de todo el mundo. Cuesta 600 USD dos horas, por lo que nos conformaríamos con ver animales desde el coche.
No había pasado ni media hora desde que habíamos dejado el campamento (al que luego regresaríamos para comer y recoger las tiendas, sobre la una del mediodía), cuando llegamos a la zona en la que Abdul nos dijo que había guepardos.
Yo no sé si los había visto, porque a los dos minutos se nos cruzaron delante nuestros dos de ellos andando majestuosamente mientras oteaban el horizonte.

Fue el animal que más me impresionó de todos los que vi. Además, me lo esperaba mucho más pequeño.
No pudimos contemplarlos mucho rato porque no dejaron de caminar, sin embargo, creo que el hecho de ver que se marchaban y que teníamos que aprovechar el momento lo hizo incluso más especial.
El día no había podido empezar mejor, y el nivel no bajó.
Fuimos a la famosa Hippo pool (piscina de Hipopótamos ) donde vimos a decenas de ellos, todos a remojo, y unos contra otros.

Continuamos viendo antílopes, otra manada de leones, muchísimos elefantes, otro guepardo, jirafas...

Se acercaba la hora de comer y vimos a una manada de elefantes cerca de la carretera.
Nos acercamos bastante a ellos, y un macho comenzó a acercarse mirándonos, hasta situarse a apenas cinco metros.
El walkie talkie de Abdul no dejaba de hacer ruido, y eso le molestó. De pronto, y sin avisar (cosa que suelen hacer los elefantes), cargó contra el coche. No era la primera vez que Abdul se veía en una de esas (ya le habían embestido según nos había contado), y reaccionó muy deprisa. Puso una marcha y aceleró el coche. El ruido desconcertó al elefante que frenó su carrera, y ese momento lo aprovechó Abdul para coger velocidad y esquivar al elefante, que se quedó atrás.

Fue un momento de mucha tensión, del que afortunadamente salimos con una simple anécdota pero podía haber acabado mal.
Comimos en el camping, recogimos las cosas y comenzamos a salir del parque, no sin antes ver a más leones, elefantes y antílopes.
Deshicimos 3 de las 4 horas del día anterior y llegamos al Simba Campsite, donde había una sorpresa esperándonos.

Al lado de las tiendas, un enorme elefante campaba a sus anchas.
Mucha gente se acercaba demasiado, yo decidí mantener una cierta distancia. Si el elefante echaba a correr detrás de nosotros yo no iba a ser el primer embestido.
Por lo que nos contó Abdul, ese elefante estaba más o menos acostumbrado a la gente, solía acercarse al campamento y luego se iba.
Efectivamente, tras meter la trompa en el depósito de agua de las duchas y beber gran cantidad, desapareció entre las plantas.
Montamos las tiendas, dimos cuenta de otra de las magníficas cenas de Bongue, y nos fuimos a una hoguera que habían montado unos brasileños con los que estuvimos conversando hasta tarde.