Lo recuerdo perfectamente, ese día a tan sólo unos 5 minutos de salir del Camp nos encontramos con una manada de unos 22 jóvenes leones y leonas que estaban tranquilamente disfrutando del amanecer. Unos jugando, mordiéndose, abrazándose, otros durmiendo, y otros realmente parece que tenían algún tipo de idilio con un árbol que no paraban de mirar y abrazar
Y todo a tan sólo 5 minutos del Camp…! Menos mal que teníamos a Nakone protegiendo la noche, pero vaya canguele pensar que a tan poca distancia teníamos este vecindario.
Salimos con Jose y con Wantem en esta ocasión, y ya íbamos mentalizadas de que sería un gran día de paciencia y esperanza para ver el crossing.
Nos dirigimos al río Mara donde seguían nuestros amigos los hipopótamos con sus rutinas y conductas y teníamos la premonición de que algo grande sucedería en el río ese día.
Veíamos manadas de ñus tanto en el lado de Tanzania como en el nuestro (Masai Mara), de un lado u otro estaba claro que se tenían que animar a cruzar.
Tras una hora y media de espera y análisis del comportamiento de estos seres (ñus) decidimos retirarnos de primera línea de batalla pero sin perder el campo de visión, para disfrutar del desayuno. Eso si, hicimos un pacto, si de repente veíamos un ñu con intención de cruzar… el pacto era saltar todos al coche rápido y ya vendríamos posteriormente a por la comida y mobiliario!!! Pero no tuvimos que activar el plan B y los ñus nos dejaron desayunar tranquilamente.
Volvimos a la primera línea de visión donde aguardamos durante unas horas más.. ya no recuerdo ni cuantas fueron exactamente pero estuvimos entretenidas charlando, bebiendo cerveza para mantenernos hidratadas bajo ese sol abrasador y aprendiendo curiosidades sobre los Masai.
Wantem tenía una oreja con una dilatación enorme que parecía un boomerang (chicle). Jose nos contó que es la manera en que se distingue si un Masai ha ido a la escuela o no. Los que han ido a la escuela no tienen dilataciones y de lo contrario, los que no han recibido educación tienen las orejas dilatadas.
Muchas veces te los encuentras con la dilatación enrollada como haciéndose una “oreja-moño”;

Y entre charletas, batallitas y anécdotas… los astros se quisieron alinear y darnos el pase que tantísimo tiempo veníamos deseando… el crossing!!!!!

Fue verdaderamente como estar en un documental de National Geographic. Los ñus iban pasado y cruzando en tropel, pisándose los unos a los otros, tratando de evitar ser atacados por los cocodrilos que les aguardaban deseosos. Estábamos en un punto que podíamos ver perfectamente cómo un par de cocodrilos trataban de acechar y cómo los ñus les pisoteaban y daban coces. No era una tarea fácil la de pegar un bocado ya que pasaban muy rápido. Para mí desde ese momento y pese a ser uno de los 5 feos… el Ñu se ganó todo mi respeto y les empecé a llamar los auténticos héroes de la sabana con coeficiente limitado. Porque tal cual cruzan son capaces de volver a cruzar de vuelta siempre y cuando haya un valiente curioso con ganas de cruzar; “Follow the líder”
Cierro los ojos y recuerdo perfectamente la adrenalina que corría por mi cuerpo, los pelos de punta y excitación ante tal acontecimiento. Y al parecer fue un cruce bonito donde no vimos sufrir o morir a ninguno del pelotón. De verdad que es una experiencia que recomiendo enormemente.

Por la tarde salimos a buscar a la mama leona con sus 3 cachorros que habíamos avistado a primera hora uno de los días anteriores. Estuvimos patrullando un buen rato la zona hasta que los encontramos!! Bueno, mas bien los encontraron porque yo seguiría buscando

Nos movimos a un sitio abierto para disfrutar de la puesta de sol con bebida y unos snaks hasta que la lluvia quiso apoderarse de la situación haciéndonos levantar el campamento y volver al camp. Fue una de esas lluvias torrenciales de minutos pero no pudimos guardarle rencor con el día que nos había ofrecido la sabana y sus criaturas!!:D
De regreso, si los leones de la mañana estaban cerca… los guepardos que nos encontramos de vuelta al camp lo estaban aun más!!!
Esa noche nos aguardaba una sorpresa, y es que cuando estábamos en nuestro vinito rutinario junto al fuego, empezaron a aparecer unos 15 masais “cantando” y bailando. Lo pongo entre comillas porque más que cantar para mí era desgarrarse la garganta…! Hacían unos sonidos desde lo más profundo que sonaban super agudo/grave con una mezcla de palabras y contestaciones los unos a los otros.

Estuvieron rodeándonos hasta que se pusieron delante nuestro y empezaron a saltar de uno en uno. Es denominado el salto del guerrero, cuando prueban que han alcanzo el grado de madurez para ser considerados adultos. Pegaban unos saltos espectaculares
Tras compartir con ellos la tradición masai, pasamos a cenar y con el estomago bien lleno nos dispusimos a plegar hasta el día siguiente.
Esa noche decidimos dormir sólo con la mosquitera y la tienda de campaña abierta. Por la excitación de lo sucedido en el día, me costó conciliar el sueño y decidí dormir sin tapones para estar pendiente de posibles ruidos y visitas. Y a eso de las 3 de la mañana…comienzo a escuchar como si tuviese una vaca arrancando césped en mi oreja.
Hice alguna foto con el móvil para inmortalizar el momento. No se aprecia muy bien, pero aquí os dejo una foto de nuestro visitante;
Al rato de andar el búfalo pastando a sus anchas escuchamos a la patrulla de la noche, entre ellos Nakone que vinieron a ahuyentar a la bestia parda. Y una vez se fue, comentamos con él lo impresionante que había sido y que estábamos despiertas y bien!