Aterrizamos en Victoria Falls sobre las dos de la tarde hora local, que es sólo una hora más que en España por lo que no hay ningún problema con el jet lag. Pasaríamos allí un día y medio. Comemos en un sitio súper recomendable, el Lookout Café, un local muy turístico que está justo en el borde del río Zambeze y después vamos a visitar el hotel Victoria Falls, un icono de la ciudad y la zona, es de comienzos del siglo xx y representa el lujo colonial de la época, y de ahora ya que tiene 5 estrellas. El estilo es rollo "beautiful decadence" y desde sus jardines se puede ver a lo lejos el humo que truena, es decir el vapor de agua que desprenden las cataratas, y salvo por eso y a mi modo de ver, es una visita totalmente prescindible, si lleváis poco tiempo yo la suprimiría.
Nos levantamos temprano y cruzamos a pie a Zambia a través del puente que es a la vez frontera entre ambos paises y que es famoso porqué es desde donde se hace puenting sobre el Zambezi.

Entramos en el parque y comenzamos a disfrutar de esa maravilla de la naturaleza. habiendo visto los dos lados tengo que decir que considero imprescindible hacerlo así, es completamente diferente lo que ves desde un lado y desde el otro y ambos son extremadamente bellos.



Nosotros dos (íbamos un grupo de 7) después de hacer el recorrido entero de los miradores y de alucinar como enanos, fuimos a caminar por el borde y mi marido se bañó en una de las piscinas que se forman en el borde (que no tiene nada que ver con la famosa Devil´s Pool), fuimos con unos chicos que estaban allí buscándose la vida y que lo están pasando mal a causa de la falta de turismo. Se llamaban Elvis y Jeremy y nos hicieron un reportaje con la GoPro de primera categoría. Fue una gran experiencia muy recomendable, y muy fácil de hacer ya que por todo el parque encontraréis gente que os querrá llevar a caminar por el borde. Al finalizar nos pidieron un dineral y después de negociar lo dejamos en 50$ por persona, más 20 que les di después por el reportaje y porque fueron realmente amables, educados y divertidos y además lo están pasando muy mal. Podéis pensar que quizá sea caro, pero yo creo que el valor de las experiencias se lo pone cada uno y en cada momento, el precio es lo que uno está dispuesto a pagar. De todas formas, lo normal es negociar el precio de antemano.


De vuelta a Zimbawe vamos a hacer otra actividad imprescindible, que habíamos reservado la tarde anterior y es el vuelo escénico en helicóptero sobre las cataratas. Fueron 15 minutos en los que no dejas de alucinar y de emocionarte con la madre naturaleza, es algo indescriptible y que tampoco capta ninguna cámara, es para llevarlo en tu retina y en tu corazón para siempre.



Finalmente entramos en el parque del lado de Zimbawe que es desde donde se ve y se siente con más intensidad la caída del agua. El sonido es atronador y en algunas zonas acabas literalmente bañado por las gotas de agua en suspensión. El recorrido entero se hace corto, y apuramos hasta el final del día viendo una de las impresionantes puestas de sol africanas. Sólo nos faltó hacer el rafting por el Zambeze y que de haberlo sabido, hubiera sustituido por la visita al hotel por esa actividad y poder ver así esta maravilla natural desde los cuatro puntos de vista.



Deciros que Victoria Falls es una pequeña cuidad muy preparada para el turismo, con buenos servicios y variados alojamientos. A parte del Lookout Café os recomiendo también el Tree Monkeys, para comer, cenar o tomar algo. Todo está a mano, a todas partes (menos al helipuerto) se puede ir andando.
Nos despedimos de Zimbawe con el estallido de las noticias sobre el ómicron y toda nuestra gente preocupada. Tuvimos una charla, pues la cosa pintaba muy mal, pero todos decidimos continuar nuestro viaje y ya veríamos después que pasaba, que no pasó absolutamente nada (respecto al viaje) Eso sí, el viaje lo haríamos completamente solos.