El desayuno acordamos que fuese maldivo y a las 8am cada día para descansar un poco más, pero hay un gallo que canta mucho y no me dejaba dormir. A las 4 ya estaba despierta, seguro que desde el Rantari no se escucha...jjajaj

Fuimos directos, después del desayuno, a las tumbonas del Coco Bar. Nos cogemos tres y nos quedamos tan pichis allí. Eso está justo al lado del Rantari, antes de llegar a la esquina de la playa.

Este día fue un poco complicado bañarse. Estaba lleno de carabelas portuguesas minis y cuando entrabas al agua se te pegaban por el cuerpo de una manera...también había que ir con cuidado de no pisarlas por la arena. Luego descubrimos que más a la esquina, más hacia el puerto no había tantas y nos movimos por allí.


A las dos nos fuimos a dar una ducha al hotel, hoy queríamos comer bien por si llegábamos tarde de la excursión y no podíamos cenar (habíamos quedado con el chico del hotel para ir a hacer la excusión de pesca al atardecer a las 5.30) y fuimos a la pizzería de la isla, que es de unos italianos. Pedimos dos pizzas de atún y cebolla que estaban espectaculares (agua, coca cola y dos pizzas unos 30 euros al cambio).

** Normalmente la comida la sirven entre las 12.30 y las 14.30, pero la pizzería no cerraba a medio día. Para nosotros comer a esa hora era imposible, pues con el desayuno no nos entraba nada, de ahí los picnic en la playa cada día.
Después de comer fuimos a buscar unas tiendas de souvenirs, pero aquí es misión imposible. Ojalá hubiéramos comprado todo en Rasdhoo, fuera de ahí no vimos casi nada. Acabamos haciendo compra en el súper para el día siguiente y relax en el hotel hasta la hora de la excusión, que era a las 5.30 y allí estábamos puntuales como un reloj; pero parece que se les olvidó. Esta excusión no la pagamos porque fue un regalo del hotel, pero aún así nos pareció mal que no se acordasen. Al final acordamos ir el día siguiente...
** Nosotros reservamos por Booking el hotel Coral Queen y un día antes nos escribe el dueño y nos dice que tiene que cambiarnos al Salt Villa porque no tiene nuestra habitación disponible, pero que a cambio nos ofrecía el pago sin las tasas (cien euros menos) y una excursión gratis, la que quisiéramos. Yo estaba muy molesta, pero finalmente accedí porque no teníamos mucho tiempo; y además, salíamos ganando.
Matamos el tiempo paseando por la isla y cenamos en el restaurante de cada día comida bufet, sencilla pero rica.
