Nos levantamos temprano para desayunar, en la bonita terraza y teníamos otro fantástico banquete: cruasanes recientitos, otros dulces que nos dijeron que era especialidad del pueblo y que no recuerdo el nombre, fiambre, pan cunzato, ensalada de tomate, fruta, zumo, tostadas, yogurt, huevos, etc, te preparaban lo que querías.
Tomamos el camino hacia Marsala, nuestro destino era la isla di Mozia, para ver el Museo G. Whitaker y el yacimiento fenicio que está considerado el mejor conservado del mundo.
El embarcadero para ir a la isla está a mitad de camino entre Marsala y Trapani, no tiene buenas indicaciones pero con el navegador no tuvimos problemas. Hay dos opciones ir solo a la Isla de Mozia o un pequeño crucerito por las islas de alrededor, nosotros optamos por la primera opción en unos 10 minutos estábamos en Mozia, la entrada a la isla son 9€ y puedes ver a tu aire tanto el museo como el yacimiento.


El museo no es muy grande pero tiene una buena colección de piezas fenicias y griegas fundamentalmente, la figura central es el llamado muchacho de Mozia.
También explican con que comerciaban en la isla como la purpura explicando su proceso de elaboración.





Tras el museo comenzamos a caminar por la isla siguiendo el pequeño mapa que nos habían entregado en la entrada para ver lo restos que quedan
Lo que queda de la colonia no son grandes edificios, pero te puedes hacer una idea de la importancia que tuvo en su tiempo, todo ello paseando entre viñedos, hay un vino de Mozia, granados, etc




Le dedicamos un buen rato a recorrer todo, y después comimos algo rápido en el pequeño bar que hay.
Como curiosidad había una exposición de arte contemporáneo que le daba a la isla in aire diferente.


De regreso unas cuantas fotos a las salinas que están junto al embarcadero y al molino, no nos paramos a verlas porque al día siguiente teníamos una visita reservada.

Continuamos por Marsala, la ciudad no nos gustó especialmente y tras un rato por el centro decidimos regresar, a disfrutar de “nuestra” piscina
