Hobart, capital de Tasmania y punto final de nuestro viaje. Habíamos dejado la visita para el final para hacerla coincidir con el Salamanca Market, un famoso mercado al aire libre en el centro de la ciudad todos los sábados. Llegamos a Hobart un viernes por la tarde, después de dejar la caravana en el aeropuerto, y nuestro vuelo de vuelta a NZ salía el domingo por la mañana. No teníamos mucho tiempo, pero como dije al principio del diario, la prioridad del viaje no eran las ciudades así que no nos importaba tampoco.
Habíamos reservado un hotel en pleno centro, el Customs House Hotel, que tenía una oferta en booking de una habitación en el primer piso, justo encima del bar, por $160 por noche con desayuno. Los hoteles de Hobart son en general bastante caros, y ese precio nos pareció una ganga incluso aunque tuviéramos que dormir con tapones por el ruido del bar (que luego no fue tanto, a pesar de ser fin de semana). La ubicación era inmejorable, y el desayuno era un desayuno en condiciones, podías elegir cualquier plato del menú. Un 10 para el hotel.
Esa tarde llegamos en Uber desde el aeropuerto y aprovechamos para dar una vuelta por el centro. No teníamos rumbo concreto, simplemente paseamos por el centro histórico de la ciudad, con su típica arquitectura colonial: el waterfront, Salamanca Square, Kelly’s Steps, Battery Point… Nos habían recomendado probar el fish chowder del Drunken Admiral, un restaurante muy conocido y que bien merece una visita solo por ver la decoración. Esa noche cenamos chowder (que estaba buenísimo) pero también nos habían hablado bien de las pizzas de D’Angelo, así que después del chowder nos fuimos a comer pizza (muy rica).




Paseando por el centro histórico de Hobart
El sábado por la mañana, después de un copioso desayuno, nos fuimos directos al Salamanca Market, que está a escasos minutos del hotel. Dio la casualidad de que ese día, además de ser mi cumpleaños, era el 50 aniversario del mercado. Nos tiramos un buen rato caminando por allí, visitando todos los puestecillos. Es un mercado enorme y tiene mucha artesanía, comida, souvenirs y todo lo que te puedas imaginar. Hasta un puesto de paellas encontramos…

Salamanca Market
Después de tirarnos toda la mañana en el mercado y de haber picado algo para comer (no dejéis de probar las scallop pies), nos fuimos al muelle de Brooke Street, desde donde salía nuestro barco al MONA. El Museum of Old and New Art es posiblemente la mayor atracción turística de Hobart, y es uno de esos sitios que no te dejan indiferente. O lo amas o lo odias. Está a las afueras de la ciudad y hay varias formas de ir, pero la más cómoda para nosotros era el catamarán que sale del muelle y tarda unos 25 minutos en llegar. Hay dos tipos de billete: el normal ($25 ida y vuelta por persona) y el “posh” ($60 ida y vuelta por persona), que incluye comida y bebida y vas en una sala privada. En 25 minutos no íbamos a amortizar el “posh” y nos salía mejor comprar una cerveza a bordo, así que cogimos el normal. La entrada al museo son otros $35 por persona, y es imprescindible reservar el horario de entrada. Te recomiendan dedicar al menos 2h al museo, así que nosotros cogimos la entrada de las 2 de la tarde, sabiendo que cerraban a las 5.

Tasman bridge y Derwent river
El paseo en ferry remontando el río Derwent es bastante agradable, y pasas por debajo del inmenso puente Tasman que habíamos cruzado el día anterior para ir al (y volver del) aeropuerto. Cuando llegas al museo te dan un mapita para que no te pierdas y te mandan al ascensor. Resulta que todo el museo es subterráneo y empiezas en el nivel más bajo, y vas subiendo hacia la superficie. La experiencia es un poco surrealista y tienen cosas bastante raras y curiosas, como una instalación “Cloaca Professional” que recrea el aparato digestivo humano montada con biorreactores para cada etapa de la digestión, con sus bombas, controles de pH y temperatura y todo lo necesario para que la “comida” que un operario introduce un par de veces al día salga por el otro extremo después de haber pasado por todas las etapas, ya os podéis imaginar cómo. O como un sofá en forma de labios que ronronea y hace ruiditos cuando lo acaricias, y desde donde puedes admirar la “Great Wall of Vagina”, una pared entera cubierta de 151 figuras de vulvas de porcelana (todas esculpidas en base a modelos reales). También tiene cosas más inocuas como montones de artefactos egipcios (incluida alguna momia) y una sala en la que solo pueden entrar mujeres que tiene varios Picassos auténticos. La verdad es que un museo bastante diferente y a nosotros nos gustó mucho. La mezcla de arte clásico y moderno es bastante rara pero la visita es muy entretenida, y aunque es bastante caro, no nos arrepentimos para nada.

MONA
Apuramos hasta el último minuto y no salimos hasta las 5, cuando cerraron. Cogimos el último ferry de vuelta y nos fuimos al hotel a cambiarnos, porque esa noche teníamos cena homenaje de cumpleaños. Habíamos reservado mesa en uno de los restaurantes más famosos de Hobart, Mures Upper Deck, especializado en marisco. Cenamos maravillosamente bien y fue un final perfecto para un viaje que había salido de 10.

Gastronomía local
A la mañana siguiente cogimos otro Uber para volver al aeropuerto ($40) y nuestro vuelo de vuelta a Wellington transcurrió sin incidentes. Habían sido dos semanas muy bien aprovechadas, con mucho tute para intentar exprimirlas al máximo. Yo volví enamorada de Tasmania y con ganas de repetir
Combinado Australia y Nueva Zelanda por libre