Tras 2 horas y media de tren, de nuevo estamos en Dublín. Esta vez cambiamos de alojamiento y estaremos unos días en The Glen Guest House, muy cerca de donde estuvimos los primeros días.
Lo primero que hacemos es buscar una farmacia, porque mi marido tiene molestias en un ojo. Desde allí vamos a una óptica, donde nos recomiendan un oftalmólogo que, por suerte, tiene una hora libre a las 16:00, eso sí, en la otra punta de la ciudad (parece una gimcama).
Tras comer, ponemos rumbo a Smithfield Square, siguiendo la orilla del río. Pasamos por delante de la fachada georgiana de Four Courts, sede del alto tribunal y el tribunal supremo de Dublín.

Muy cerca está la Old Jameson Distillery que ocupa los locales en los que se produjo el popular whiskey (con “e” para diferenciarlo del escocés), pero ahora nuestro objetivo es otro.
Bueno, pues el oftalmólogo extrae una esquirla metálica. Por suerte, todo ha quedado ahí y no ha producido ninguna lesión importante.
Estamos junto al Poenix Park, que es el parque urbano más grande de Europa. Incluye lagos, jardines, infinidad de espacios deportivos, edificios públicos, un pequeño centro para visitantes y el zoo. Aquí se pueden visitar el Wellington Monument, la Cruz Papal, el Phoenix Monument. Por cierto, también se pueden ver ciervos y, sobre todo, familias y niños jugando.

Nos sentamos en el Wellington Monument de nuestra ajetreada jornada y decidimos volver a nuestro hotel, tomarnos una pinta en el Knighsbridge Bar y, mañana será otro día.

Pero esta vez vamos con un amigo que no...