A las 7 en punto suena el despertador y Jose sale disparado (tras arreglarse) hacia el pasillo a la busca y captura del encargado. Objetivo: asegurarse de que no se salta la parada, jejeje
Sobre las 12 del mediodía entramos en lo que parece una gran ciudad. El tren aminora su marcha y se adentra con ritmo cansado en una maraña de vías y andenes. La estación de trenes de Nueva delhi no es grande, es ENORME! De nuevo me maravillo y sorprendo ante la furiosa actividad de las estaciones indias. El encargado nos avisa de que hemos llegado. Son unas 4 horas de retraso, pero a nosotros particularmente no nos importa porque ya contratamos el vuelo por la tarde por si las moscas. Aún no hemos salido de nuestro camarote que ya suben los porteadores de maletas. Les decimos que gracias pero que ya las llevamos nosotros. Sigue haciendo calor pero las temperaturas ya han bajado un poco desde la última vez que estuvimos. Qué delicia!
Le había comentado a Jose sobre dejar el equipaje en consigna y darnos otra vueltecita por Delhi; pero prefiere ir al aeropuerto y esperar tranquilos el vuelo. Dice que tampoco son tantas horas. Acepto a regañadientes
A la salida de la estación cogemos un taxi hacia el aeropuerto. Cuando llegamos vemos en los paneles que hay varios vuelos retrasados (para variar un poco). Uno de ellos es el de Amritsar que salía por la mañana. Se me ocurre preguntar en el mostrador si nos pueden cambiar los billetes y así adelantamos un poco. La chica nos dice que lo tiene que preguntar en la oficina de la compañía. Esperamos ansiosos. Tras una corta espera nos dice que sí, que hay plazas libres pero que tenemos que pagar un plus por el cambio. Aceptamos y comienza el proceso de cambio de billetes. Más contenta que unas castañetas facturamos la maleta y pasamos los controles con las mochilas hacia la sala de espera. Como es hora de comer matamos el tiempo con unos snacks a la india. De repente en el panel anuncian que se anulan varios vuelos por causas climáticas. Ya había leído que eso era bastante habitual. Suspiro aliviada porque no es el nuestro aunque me solidarizo con la gente de los aviones anulados. Seguimos comiendo tranquilamente los snakcs cuando me parece entender por megafonía que anulan el vuelo a Amritsar. Salgo disparada hacia los mostradores con los nervios a flor de piel. Le pregunto a 2 hombres jóvenes y efectivamente me lo confirman. Ahora sí estoy de los nervios! Les comento la situación y me dicen que tranquila que hable con la compañía que me lo resolverán. En aquel momento pasa por allí una trabajadora de la Kingfisher. Le cuento lo sucedido: nuestro cambio de vuelo, el pago que hicimos, etc y aún estoy con las palabras en la boca que se gira y se va. ¡Me quedo alucinada! Pero reacciono rápido y me dirijo hacia la zona de control. Les digo a los policías que están allí que necesito salir para hablar con la compañía y me dicen que ningún problema pero que tengo que enseñarles el billete y salir con las maletas. Voy corriendo hacia donde espera Jose con el equipaje y le explico la situación. Salimos corriendo hacia el contro con las mochilas, nos sellan los billetes y nos dirigimos hacia la oficina en la que nos cambiaron los billetes. La gente ya ha comenzado a movilizarse. Veo a la chica que nos efectuó el cambio y la miro con cara de angustia. En mi mente se agolpan muchas ideas y ninguna buena: y si ahora ya no hay sitio en nuestro primer vuelo; cómo nos van a poner a todos los de este vuelo en el siguiente y si nos quedamos sin plaza; cómo llegamos a Amritsar; ya no pillamos ni el tren de ese día que tarda tropocientas horas en llegar… La chica está terminando de atender a otras personas por el otro lado. Cuando acaba con ellos se dirige a nosotros. No le tengo que recordar lo sucedido porque nos reconoce al instante. Le digo que nos vuelva a cambiar los billetes y que por supuesto nos devuelva el dinero que le pagamos por el cambio; pues estoy convencida que ya sabían que iban a anular la salida. Me responde que lo del dinero ya se verá. Con educación pero le respondo que quiero mi dinero de vuelta (y es que entre los 2 eran unos 60 euros). Detrás ya se ha montado la cola del resto de pasajeros del vuelo anulado. Mientras espero, Jose va a ver qué pasa con la maleta que facturamos. Tras un buen rato regresa sin noticias. Finalmente la chica regresa con nuestros billetes y con 50 euros en rupias. No es todo lo que pagamos pero no tengo ganas de discutir, pues ya me siento afortunada por haber recuperado 50. Le agradecemos la atención y le deseamos suerte al resto de gente.
Y ahora a por la maleta! Guardamos gola y finalmente preguntamos en el mostrador por nuestra maleta. Nos dicen que tranquilos que las traerán allí en un rato. No nos lo acabamos de creer pero esperamos apartados a un lado. Al cabo de un buen rato la maleta sigue sin aparecer y volvemos a preguntar a un empleado de la compañía que pasa por allí. Nos vuelven a repetir lo mismo. Por allí hay maletas, pero ninguna es la nuestra. Jose decide ir a mirar mientras yo espero allí. Vuelve al cabo del rato con la maleta que estaba abadonada en mitad de la terminal
Estamos sentados recuperando el aliento después de tanta emoción y tanto sobresalto cuando pasa un señor de la compañía trajeado. Nos debe ver con cara de “pasajeros abandonados” porque nos pregunta si nos han anulado el vuelo. Le respondemos afirmativamente y nos dice que por favor pasemos al bar pues la compañía nos invita a unos snacks por las molestias. Le damos las gracias y hacia allí nos dirigimos. Con tanto ir y venir las horas han pasado rápidamente. Busco un teléfono para avisar a los del hotel por si este vuelo también sufre retrasos. Hay una especie de locutorio y el señor encargado me marca hasta los números. Comunican. Como voy diciendo los números en voz alta en nuestro idioma le hace gracia y me los dice en el suyo. Practicamos un poco de numerología internacional y nos reimos. Ahora ya estoy más tranquila. Finalmente contestan los del hotel y me dicen que no sufra. Bueno, otra cosa más! Nos dirigimos de nuevo hacia el mostrador, nos dicen que las maletas ya se han facturado, pasamos los controles y esperamos de nuevo en la sala.
Puntuales nos llaman a embarcar. Cuando nos dirigimos al avión entendemos el motivo del cambio y la anulación. Han suprimido el vuelo porque éramos muy pocos entre los 2 aviones. Tan pocos que nos han metido en un avión de otra compañía más pequeño que un minijet privado. Confiamos en llegar sin problemas. Tan estrecho es que nuestras mochilas no caben en los compartimentos y las tenemos que poner en el suelo. Nos acomodamos lo mejor que podemos y esperamos que pasen las horas. El vuelo transcurre sin problemas y tras varias horas distingo el Templo Dorado iluminado desde las alturas.
Aterrizamos, vamos a por la maleta (oh! Ha llegado!
Hacemos el check-in en recepción y nos acompañan hasta la habitación. Es grande y no está nada mal. Dejamos las cosas, nos duchamos y salimos a dar una vuelta antes de cenar. En la calle aún hay tiendas abiertas y Jose entra en varias de deporte pero no hay nada interesante. Decidimos cenar en el restaurante del hotel. Además de india, tienen cocina internacional y me decido por una lasaña. Resulta ser una lasaña a la india que pica más que todo lo probado hasta el momento, buff!
