Últimamente, he convertido en costumbre con unas amigas hacer cada año uno (o más) viajes de las Rutas Culturales que patrocina la Comunidad de Madrid para mayores. Así pasamos unos días juntas y, además, aprovecho para conocer destinos que a mi marido no le atraen y a los que no está dispuesto a ir. Claro que no es lo mismo que moverse por libre y en coche, pero los años pasan y ya me va costando organizar viajes fuera de España, sobre todo si me las tengo que agenciar sola. Así que toca adaptarse y esta opción tampoco está resultando mal. Estudiamos bien los itinerarios disponibles (a menudo diferentes según las agencias), elegimos los que más nos inspiran y preparamos a conciencia lo que vamos a visitar para aprovechar el tiempo del mejor modo, procurando en lo posible ir más allá de lo que hay programado, algo que casi siempre lo consigo

Desde hace varios años tenía en mente Eslovenia como destino. De hecho, el año próximo mi marido quiere que hagamos un viaje en coche por los Dolomitas, incluyendo también algo de la montaña eslovena, pero solamente en plan naturaleza y senderismo, mientras que a mí también me apetecía recorrer ciudades y pueblecitos. Por eso me llamó la atención un itinerario dedicado únicamente a Eslovenia, lo que no suele ocurrir en este tipo de viajes, en los que normalmente se combina con otros destinos, sobre todo Croacia, país que yo ya había visitado. Solamente lo ofertaba una agencia, con lo cual la elección estaba cantada de antemano. Se lo propuse a una de mis amigas, le pareció bien y nos apuntamos para primeros de junio, una buena época para evitar el excesivo calor que puede hacer por allí en verano, ya que a la alta temperatura hay que sumar la humedad.


Por lo demás, el viaje no requiere muchos preparativos, pues se trata de un país miembro de la Unión Europea desde 2004, con el euro como moneda oficial e integrada en el espacio Schengen, y los españoles podemos ir con DNI o pasaporte. También se acepta la tarjeta sanitaria europea y la tarifa del roaming para el móvil es la misma que aquí.

Eslovenia tiene actualmente algo más de 2.100.000 habitantes, ocupa una superficie de 20.273 k2 (como referencia, la Comunidad Valenciana tiene una extensión de 23.254) y comparte fronteras al norte con Austria, al noreste con Hungría, al este y al sur con Croacia y al oeste con Italia.


El recorrido era de ocho días y siete noches, alojándonos las cuatro primeras en los alrededores de Liubliana y las tres últimas cerca de Izola, junto a la costa eslovena. Personalmente, el sistema de base y excursiones de ida y vuelta me gusta menos que el tipo “tour” -el que suelo elegir si tengo oportunidad o si organizo yo los recorridos-, aunque implique cambiar de alojamiento cada jornada, algo que no me importa. Pero, como ya he comentado, en este caso, no había otras opciones.

Desde Liubliana, además de visitar la capital durante la primera jornada, tuvimos después dos días de excursiones de ida y vuelta, la primera a Maribor y Ptuj y la segunda a la zona de los Lagos Bled y Bohinj.

A continuación, nos trasladamos a Izola, nuestra siguiente base, visitando por el camino Nova Gorika y Stanjel. Luego hicimos dos excursiones, un día a Piran, Portoroz y Koper, y otro al Castillo de Predjama y a las Cuevas de Postojna.


Además, el primer y el último día del viaje, realizamos, respectivamente, sendas visitas a las ciudades italianas de Palmanova y Trieste para aprovechar los traslados al aeropuerto de Venecia.
