Y la cosa va de mercados.
Visitamos el Mercado Flotante de Damnoen Saduak.

Este mercado más famoso y turístico del país (aunque no sea el único flotante). Se encuentra en la provincia de Ratchaburi, a unos 100 kilómetros al suroeste de Bangkok.
Antiguamente los mercado flotantes eran muy populares en Tailandia porque que los ríos y canales eran la forma más eficiente para trasladarse de un lugar a otro. Las propias aldeas se situaban al borde del agua, ya que los frondosos bosques no permitían otra cosa, y los lugareños iban a comprar en barcas.
En tiempos del reino de Ayutthaya (1350-1767 d.C.) los canales que rodeaban la antigua capital del Reino de Siam favorecieron la aparición de esos mercados.

Cuando la capital se trasladó a Bangkok en el siglo XVIII los mercados siguieron funcionando. Sin embargo, a medida que las carreteras y ferrocarriles fueron construyéndose, empezaron a aumentar los viajes por tierra y los mercado flotantes perdieron popularidad.
Entre 1866 y 1868, reinando Rama IV, se creó un canal de 32 kilómetros para unir los ríos Mae Klong y Tha Chin. Los habitantes de la zona cavaron unos 200 pequeños canales y allí empezaron a surgir los mercados flotantes.
El mercado de Damnien Saduak ha salido en algunas películas, como por ejemplo El Hombre de la Pistola de Oro, de James Bond.
El mercado se puede visitar a pie o en barca.
Al cabo de un rato de trayecto llegamos al embarcadero para coger la barca. Va con una lona encima.
Recorremos el "pueblo" y luego el mercado. Ahora hay muchos puestos de ropa y recuerdos en tierra. Casi no hay señoras tradicionales vendiendo fruta en barcas como vemos en las guías. Y las que hay pasan muy desapercibidas entre tanta barca de turistas.

También hay serpientes y monos para hacerse fotos. Los monos son loris perezosos. Estos primates habitan en el sur y el sudeste de Asia, desde Bangladesh y el noreste de India en el oeste hasta Filipinas en el este, y desde la provincia china de Yunnan en el norte hasta la isla de Java en el sur. Destacan sus enormes ojos. Lo que he descubierto ahora, escribiendo este diario, es que el mordisco de estos "tiernos" animalillos es venenoso. Encima están en peligro de extinción. Días más tarde, hablando con otros compañeros de tour que sí lo cogieron, nos decían que parecía que los animales estaban drogados.

El barquero en algunos tramos se embala y me mojo entera. Y eso si no voy ya mojada por la lluvia. ¿Se empieza a entender el título de mi diario?.
Ya en tierra vemos muchos puestos de comida y mujeres que venden remedios naturales. Una me dio a oler un botecito, supuestamente para el dolor de cabeza, y al interponerse en mi camino me di en la cabeza (precisamente) con un toldo.