Nos despertamos y cuando fuimos a desayunar llovía a cántaros.
Menos mal que mientras veía llover y esperaba el desayuno me trajeron lo que Jordi y yo hemos bautizado como el "vasito perfecto" y cuando lo vi ya me daba igual todo.

Aún lloviendo bastante intensamente decidimos seguir adelante con nuestros planes. Alquilamos una moto en el hotel. Una grande.
Nos pusimos los chubasqueros y durante una hora nos estuvo cayendo agua como si no hubiera mañana. Jordi iba acojonaó porque la carretera de montaña era para asustarse, con unas subidas y bajadas de infarto y además lloviendo.
Y por el camino de repente ves esto y se te caen los palos del sombrajo:

Cuando llegamos al Palacio de Tirta Gangga ya lucía por esa zona un solazo espléndido.
Me pareció bonito y muy fotogénico. Lo único es que estaba a reventar. Ahí no cabía un tonto más encima de las piedras flotantes. Igual que en las cascadas...es necesario pasarte media hora haciéndote 1.500 fotos? Es que no dejaban ni pasar. Había familias que pensaba que se iban a quedar a vivir allí encima...yo creo que aquí puede hasta morir gente petrificada por el sol y la inanición encima de una piedra con tal de conseguir la foto perfecta para el Instagram.
Vete tú a saber si por la noche no descubren algún cadáver en el agua.
Aquí yo haciendo la tontería de las piedras:

Y luego estaban las carpas...las pobres carpas obesas a punto de explotar de tanto pienso para peces que los turistas compran para hacer la gracia. Que pena...pobrecillas.

Jordi dice que se hubiera saltado esta visita tranquilamente.
Nos subimos a la moto rumbo a Amed. A unos 30 minutos de allí. Atravesamos las principales calles y paramos en Jemeluk Bay. Nos sorprende una bonita playa negra en forma de media luna con muchos barquitos varados en la arena. Preguntamos en un warum para alquilar unas hamacas con sombrilla, el chico muy majo, nos dice que son gratis si consumimos. Le decimos que nos traiga 2 bebidas y que luego nos quedamos a comer.

Hemos traído el equipo de snorkel. Con gafas, tubo y escarpines nos metemos al agua. La playa es de rocas. Hay un montón de pececillos de colores por todas partes, el agua está cristalina y la temperatura del agua es ideal. No hay apenas olas, es una balsa.

Justo enfrente del edificio blanco hay un mini-templo sumergido en el fondo del mar.
Pasamos una buena mañana en Amed. Nos gusta el ambiente que se respira en esta zona. Es muy tranquilo y te sientes como acogido.
Sobre las 15.00h nos vamos. Deshacemos el camino y tardamos sobre algo más de una hora y media en llegar a Sidemen.
Nos pasamos lo que queda de tarde entre las camas balinesas y la piscina. A eso de las 20.00h nos vamos a cenar al restaurante del hotel. Gran cena, de las mejores de todo el viaje.