Nos levantamos por segundo día en el hotel de Cork y desayunamos en la misma cafetería de ayer. El día está gris y hay pronóstico de lluvia para esta mañana. El plan de hoy es ver el Castillo de Blarney para luego dirigirnos hacia el Parque Nacional de Killarney y finalmente llegar a Castlemaine, donde tenemos el alojamiento esta noche.
BLARNEY CASTLE
El Castillo de Blarney es uno de los más famosos y visitados de Irlanda, aunque casi todas sus dependencias se encuentran en ruinas. Quizá es precisamente esto lo que le otorga el encanto, pues el conjunto de las edificaciones ruinosas rodeadas de jardines y zonas boscosas, en mitad de una enorme y verdísima campiña surcada por un río y un lago, resulta verdaderamente romántico.


Blarney Castle
Desde Cork llegamos en pocos minutos al castillo, porque se encuentra a tan solo 10 km. Tiene un parking propio, que se paga aparte de la entrada. La entrada de adulto cuesta 22 € (año 2024) e incluye un folleto explicativo con un mapa para que lo visites a tu aire.
El castillo se construyó en el S.X y su estructura era de madera, aunque poco queda de las edificaciones originales. Del gran torreón cuadrangular quedan los muros exteriores; por dentro está prácticamente hueco. También se conserva en pie la pequeña torre circular de vigilancia, un poco desvencijada. La visita es por libre y se puede subir al torreón, bajar a los pasadizos subterráneos donde están las mazmorras, pasear por los amplios jardines, etc.


La torre de vigilancia de Blarney Castle
La principal atracción turística de este castillo es la leyenda de la “Piedra de Blarney” y, de hecho, hay gente que va exclusivamente por ello. Se trata de una piedra situada en lo más alto del torreón, en las almenas. Hay varias versiones sobre el origen de la leyenda, que dice que quien besa esa piedra adquiere automáticamente el don de la elocuencia. Aunque nosotros no somos muy dados a este tipo de paparruchas, el Mortadelo de repente nos sorprende diciendo que hay que amortizar los 22 € de la entrada y que va a besar la piedra.

El Mortadelo, asumiendo retos
Para ello hay que adoptar una cómoda postura de contorsionista mientras un operario te sujeta para que no caigas al abismo, ya que la piedra de marras se encuentra situada en lo más alto del torreón, en un hueco entre el muro de fachada y las almenas (la verdad es que hay una reja debajo que impide que puedas caer; todo es puro postureo para la foto). Cada vez que una persona besa la piedra, el operario pasa un pañito para dejarla impoluta para el siguiente beso.

Señalada en rojo la ubicación de la Piedra de la elocuencia
Afortunadamente, hoy hay muy poca gente visitando el castillo, y nos extraña porque estamos en plena temporada alta. Tal vez sea porque es día de diario, o porque hay previsión de lluvia. El caso es que, al parecer, hay días que se forman largas colas para besar la piedra. Si hubiera sido así, jamás hubiéramos esperado.
Por cierto, el Mortadelo habla lo mismo después de besar la piedra que antes.
Las vistas desde lo alto del torreón abarcan los grandes prados, bosques, jardines y campiñas que circundan el castillo. Estando arriba comienza a caer un aguacero que nos malogra la posibilidad de tomar fotografías del paisaje.

Las verdes campiñas del Castillo Blarney
Dentro del castillo también se pueden visitar algunas de las pocas estancias que se conservan: el dormitorio de las “damitas”, las letrinas, o el “murder hole”, el agujero por donde los habitantes del castillo podían arrojar agua hirviendo, flechas o cualquier otro ingenio defensivo sobre los enemigos que estuvieran pretendiendo invadir la edificación. En todas estas estancias hay paneles explicativos.



Algunas dependencias del castillo
Nosotros tenemos mala suerte porque los pasadizos subterráneos están cerrados por obras de conservación, así que no podemos adentrarnos en ellos ni ver la mazmorra. Lo que sí hacemos es dar unas vueltas por los inmensos jardines, bosques y praderas que forman parte de los dominios del castillo. Hay un jardín de plantas venenosas, otro de helechos gigantes, árboles gigantes… Afortunadamente ha parado de llover.

Jardín de plantas venenosas

Jardín de helechos gigantes

También árboles enormes
Lo que más me gusta de los jardines de Blarney es la zona que llaman The Rock Close. Se dice que es un bosque místico, creado sobre un antiguo asentamiento druida, morada de brujas y lugar de hechizos. Hay cascadas, plantas descomunales, grutas, escondrijos misteriosos y rocas con formas curiosas.

Cascada en The Rock Close

Plantas gigantes en The Rock Close

La roca de la bruja... ¡qué miedooo!
En fin, los jardines son inmensos y hay muchos más puntos de interés, pero tampoco quiero extenderme más.
Lo que me parece una pérdida de tiempo es hacer la ruta que lleva hasta el lago. Hemos invertido en ello como media hora y no tiene interés. El lago está completamente bordeado por vegetación y no se puede acceder a la orilla, ni siquiera apenas verla, excepto en un par de puntos donde sí te puedes aproximar, pero es un lago sin encanto alguno. Lo único que me llama la atención de esta ruta es el prado de vacas con la preciosa mansión Blarney al fondo.

Posado de vacas ante la Mansión Blarney
¿Merece la pena pagar los 22 € de la entrada al Castillo de Blarney? En el momento de pagar me pareció una puñalada. Ahora que hemos terminado la visita creo que sí merece. Sobre todo los jardines y bosques son una preciosidad, todo está muy bien conservado y hay enclaves muy bonitos. Teniendo en cuenta que hemos pasado aquí como tres horas (y eso que tampoco hemos sido exahustivos con la visita, ni lo hemos visto todo) ya no parece tan caro. Y entiendo que hay que sufragar el mantenimiento de esas casi 25 hectáreas de jardines y edificaciones históricas, para disfrute de todos.
Terminada la visita del Castillo de Blarney, comemos en un restaurante llamado Muskerry Arms, en el colindante pueblo de Blarney que da nombre al castillo. Es un poco tarde para el horario normal de comida en Irlanda y es lo más cercano que encontramos. La cuenta asciende a 76,20 € incluyendo cuatro platos y tres bebidas, sin postres, pero la verdad es que todo está muy bueno.
PARQUE NACIONAL KILLARNEY
Ponemos rumbo al Parque Nacional Killarney. Desde Blarney son más de 80 km por una carretera nacional estrecha y con bastantes curvas, que una niebla densa nos obliga a recorrer despacio, por lo que tardamos casi dos horas.
El Parque Nacional Killarney es el más antiguo de Irlanda y fue declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1981. Es, además, el bosque autóctono más extenso del país. Hay lagos, cascadas, ciervos rojos… Hubiera sido fantástico habernos quedado por esta zona más tiempo para poder hacer rutas por el Parque, pero cuando el presupuesto sólo da para una semana de viaje hay que renunciar a muchas cosas. Así que nos vamos a centrar en los puntos de atracción más visitados del Parque: El Castillo Ross, la Abadía Muckross y la mansión Muckross House. Y prescindiremos de dar paseos por el bosque.
Dejamos el coche en la zona de parking (gratuita) que hay poco antes de llegar al Ross Castle. La primera imagen que se tiene del castillo es su silueta recortándose contra el cielo, pero en cuanto que te aproximas a la edificación compruebas que su ubicación es idílica, circundada por detrás por el bosque y al frente por el lago Leane.


Ross Castle
Visitar el interior del Ross Castle cuesta unos 5 €, pero no entramos porque hemos pasado toda la mañana en el Castillo de Blarney y ha sido suficiente dosis de castillo por hoy. Tampoco nos sobra mucho tiempo. Lamentablemente, la falta de tiempo está siendo una constante en este viaje, pero los días de que disponemos no dan para más.
Volvemos al coche para acercarnos ahora a la Muckross Abbey, una antigua abadía franciscana del S. XV situada a unos 5 km del Ross Castle. Hay que dejar el coche en un pequeño parking gratuito que está señalizado en la carretera, y desde ahí caminar unos 500 metros hasta la abadía. El acceso a la abadía es totalmente gratuito y se puede visitar libremente, tanto por fuera como por dentro.
La Abadía de Muckross se encuentra escondida en el bosque. A medida que te vas acercando vas descubriendo sus muros emergiendo de entre los árboles como una aparición fantasmal. Porque, realmente, estas ruinas tienen un cierto toque sobrecogedor y espiritual, con sus muros de piedra en los que aún quedan restos de relieves decorativos, capillas, sepulcros, estilizadas ventanas ojivales que todavía conservan su tracería, todo ello con el cielo como techo porque no se conservan las cubiertas, y circundado por un cementerio de cruces celtas. De noche tiene que ser un poco espeluznante.

Aproximación a Muckross Abbey




Muckross Abbey
Nos llama mucho la atención el enorme tejo de tronco enroscado sobre sí mismo que hay en el claustro.

Tronco atormentado en Muckross Abbey
La historia de esta abadía ha sido bastante trágica, porque aquí murieron muchos frailes franciscanos víctimas de persecución y torturas por parte de las tropas inglesas en los siglos XVI y XVII. Su visita merece mucho la pena. Casi, casi parece que los muros hablan de toda esa tétrica historia; algo siniestro flota en el ambiente.
Nos hemos entretenido un montón vagando y haciendo fotos por entre las ruinas de Muckross Abbey y tenemos que desistir de ir a ver la Muckross House. Ésta es una mansión victoriana, del S. XIX, situada también en mitad del bosque del Parque Nacional Killarney y rodeada de jardines que, por lo que he visto en fotos, debe de ser preciosa. Pero no hay tiempo para todo. Tenemos que llegar a nuestro alojamiento de hoy, en Castlemaine, a una hora prudencial para poder hacer el check in y cenar en horario irlandés.
Llegamos a Castlemaine en torno a las nueve de la noche. Buscamos un lugar donde cenar, pero a estas horas ya está todo cerrado o a punto de cerrar en esta pequeña población. Damos vueltas con el coche por los pueblecitos de los alrededores, pero son todos localidades muy pequeñas, con pocos o ningún restaurante, donde tampoco encontramos nada abierto.
Finalmente vamos a parar a Milltown, un pueblecito un poco más grande, en cuya calle principal hay varios restaurantes. El único que nos admite a esas horas tan intempestivas es el Mr. Kebab, un local de comida rápida donde comemos unas pizzas que superan nuestras expectativas, dado el tipo de sitio que es y el precio tan comedido.
Durante la cena empezamos a oír música y algarabía procedente del exterior. Resulta que estamos en pleno festival de Lughnasadh, que se celebra todos los años a primeros de agosto en Milltown. En la plaza del pueblo hay un concierto de un grupo pop irlandés, así que vamos para allá.

Festivaleando en Milltown
Los temas que interpretan deben de ser famosos en Irlanda, porque la gente los canta y los acompaña con palmas, pero nosotros no los conocemos. Sin embargo, son agradables de escuchar y el ambiente está animado, así que pasamos aquí un buen rato.
Y así terminamos nuestro quinto día por Irlanda.
