Ayer llegamos a Cork a última hora de la noche. Comenzamos hoy en esta ciudad nuestro cuarto día de viaje por Irlanda, en el hotel The Hatch Rooms. El establecimiento no ofrece desayunos, así que lo hacemos en una pequeña cafetería que hay al lado. Enseguida nos ponemos en camino hacia nuestro primer destino del día: Cobh. El plan para hoy, si nada nos lo impide, es visitar después el pueblo de Kinsale y dedicar lo que quede de tarde a ver Cork.
COBH
Cobh es un pueblecito al borde del mar que basa su economía prácticamente en su actividad portuaria. Aparte de las transacciones comerciales propias de un puerto, aquí hacen escala muchos cruceros. El puerto de Cobh tiene también una gran importancia histórica dentro de Irlanda. De aquí zarpó en 1838 el Sirius, el primer barco de vapor para pasajeros que cruzó el Atlántico. Desde entonces, cientos de miles de emigrantes irlandeses han partido en barcos desde Cobh hacia América en los siglos XIX y XX en busca de "una vida mejor".
Como curiosidad, Cobh fue el último puerto en que recaló el Titanic antes de naufragar, en 1912. Poco después, en 1915, sucedió otra tragedia en las aguas de Cobh, cuando un submarino alemán torpedeó el transatlántico RMS Lusitania, que llevaba pasajeros además de suministros de guerra, muriendo más de mil personas. Se considera que este desastre fue definitivo para la entrada de EEUU en la I Guerra Mundial.
Según Google, se tarda media hora en recorrer los 22 kilómetros que hay entre Cork y Cobh. La realidad es otra. Google sí ha tenido en cuenta que la carretera es muy estrecha y está llena de curvas; en muchos tramos ni siquiera hay línea central. Pero con lo que no ha contado es con que hay tramos cortados por obras, que nos obligan a desviarnos por carreterillas aún peores, dando grandes rodeos y perdiendo casi una hora en llegar a Cobh.
Aparcamos en Cobh de forma gratuita en la calle Spy Hill. Esta calle está delimitada por un muro de piedra cuya altura impide las vistas, pero sí deja ver la torre de la catedral emergiendo tras él. Y, si levantas la cámara por encima del muro y apuntas bien, consigues tomar una de las imágenes más típicas de esta bonita localidad: las casitas de colores de West View con la catedral y el mar como telón de fondo.

La postal típica de Cobh
Aquí quiero hacer un inciso para dar un consejo: es mejor ir a Cobh por la tarde. Las casitas de colores están orientadas al oeste, por lo que por la mañana reciben el sol de espaldas, provocando un contraluz en el objetivo de la cámara que apaga bastante los colores.
Otro detalle a comentar es que yo había visto fotos de las casitas con colores más alegres (rojos, naranjas, amarillos…) pero actualmente hay bastantes que están pintadas con tonos grises y pardos, con lo que el conjunto ya no es tan vistoso como lo esperaba. No sé si es que se están cansando de que los turistas no paren de fotografiarlas y han decidido restarles atractivo.
En cualquier caso, la hilera de casitas de colores de la empinada calle de West View no deja de ser muy llamativa y bonita, sobre todo con la imponente presencia de la catedral detrás.

Las casitas de West View
West View desciende hacia el puerto desembocando en Casement Square, una plaza muy bonita al borde del mar, flanqueada por edificaciones de colores. En el centro se levanta un monumento en memoria de las víctimas del RMS Lusitania.


Casement Square

Casement Square y la catedral
En el puerto de Cobh se conserva el pequeño muelle original del embarque del Titanic, así como el edificio donde estuvieron las oficinas de la naviera, convertidas hoy en museo interactivo sobre el trágico naufragio. Nosotros no entramos a verlo.
Caminando a lo largo del puerto llegamos hasta el monumento a Annie Moore, otro memorial por la emigración. Representa a la joven Annie y sus dos hermanos, quienes zarparon solos desde Cobh en 1891 y fueron los primeros en registrarse en el Centro de Recepción de inmigrantes que se acababa de crear en EEUU.

Estatua de Annie Moore en Cobh
Deshacemos nuestros pasos para subir hacia la Catedral de Cobh. Al estar situada en un promontorio, desde aquí hay vistas de toda la población y del puerto.

Catedral de Cobh

Vistas de Cobh desde la catedral
La Catedral de Cobh es de culto católico, neogótica, del S. XIX. Tiene un carillón de 49 campanas que no tuvimos ocasión de oír. En su interior, que se puede visitar gratuitamente, destaca el gran rosetón con vidriera. Bajo éste podemos observar un precioso órgano de tubos cuya silueta describe un arco que enmarca prefectamente el rosetón.

Catedral de Cobh
Nos despedimos de este precioso pueblo, uno de los que más me han gustado de los que hemos visto en Irlanda, si no el que más.

Fachadas traseras de las casitas de colores, con el mar al fondo
Vamos ahora hacia Kinsale.
KINSALE
Al igual que Cobh, Kinsale es otro pintoresco pueblo marítimo cuya historia está también vinculada al mar y que ha vivido siempre de su puerto, aunque hoy en día se puede decir que también (o más) del turismo. Su principal reclamo son las casitas de colores chillones que hay en su casco antiguo.
No hay forma de ir directamente de Cobh a Kinsale. Hay que regresar hasta Cork y conducir nuevamente por otros 30 kilómetros de estrechas carreteras llenas de curvas hasta Kinsale. La verdad es que el trayecto se nos hace un poco pesado porque, entre las obras de la carretera de Cobh y las continuas curvas, tardamos casi hora y media en hacer todo el recorrido.

Intentamos dejar el coche en el parking municipal “Kinsale Town Car Park”, pero está completamente lleno. Probamos como alternativa otro parking, situado en Lower Road, y aquí encontramos hueco. El precio de ambos aparcamientos es de 3 € por dos horas, y hay que renovar el ticket cada dos horas.
Como ya es hora de comer, vamos lo primero a un local llamado Cosy Café, del que he visto buenas referencias. La verdad es que comemos sin pena ni gloria… ni siquiera recuerdo qué comimos. Muchas veces no entiendo las buenas críticas de los sitios. Lo que sí está muy bueno es el crumble de manzana casero que tomamos de postre.
Justo enfrente del restaurante está la iglesia de St. Multose. Fue construida en 1190, aunque, como tantos edificios antiguos, de la original queda poco; en este caso sólo la torre campanario.

St. Multose Church
A continuación vamos hacia Market Square, el reclamo turístico por excelencia de Kinsale. Es una encrucijada de calles donde cada casa está pintada con una combinación de colores, a cual más estridente, consiguiendo crear un conjunto de lo más llamativo y fotogénico. Actualmente, todas las casas de Market Square están destinadas a comercios de artesanía, souvenirs, etc.




Market Square, en Kinsale
Desde aquí subimos en dos minutos hasta el Castillo de Desmond. Es una edificación de piedra de 1500 que ha pasado por diversos usos a lo largo de su historia. Esperaba algo más, pero no tiene mucho que ver, por lo menos por fuera. Actualmente está cerrado por obras de conservación, por lo que tampoco se puede ver por dentro.

Subiendo al Desmond Castle
Paseamos por Pier Road bordeando el puerto durante unos 500 metros, pero nos parece que la zona no tiene mayor interés, así que regresamos al parking para volver a Cork y aprovechar lo que queda de tarde para visitar también un poco la ciudad donde estamos alojados.
Sinceramente, creo que el único atractivo turístico de Kinsale es el enclave de Market Square con sus casas coloridas. Nos planteamos si han merecido la pena los kilómetros de curvas para llegar hasta aquí sólo para eso, y no estamos seguros. Ahora, mientras escribo, unas semanas después, creo que sí. La pesadez de los kilómetros de curvas por carretera ya se me han olvidado y recuerdo Kinsale con agrado, y eso quiere decir que sí mereció la pena.
Regresamos a Cork para pasar allí el resto de la tarde. Aunque he leído que no tiene demasiados atractivos, por lo menos daremos un paseo por el centro.
CORK
Tras descansar unos minutos en el hotel de Cork, salimos de nuevo para dar alguna vuelta por la ciudad, la segunda más grande de Irlanda.
Caminamos a lo largo de George’s Quay, a lo largo de la orilla sur del río Lee, hacia el centro. Por el camino pasamos frente a la original iglesia de Holy Trinity. Su construcción, de estilo neogótico, se inició en 1830, pero se vio paralizada por la Gran Hambruna y no se terminó hasta 1890.

Holy Trinity Church, en Cork
Cruzamos el río y enfilamos la calle S. Main, donde está The Counting House. Este curioso edificio albergó la antigua fábrica de la cerveza Beamish desde su fundación en 1792 hasta 2009, cuando se trasladó la producción a otras instalaciones más modernas. Beamish es la cerveza de Cork por excelencia, e incluso hubo una época en que era más famosa que la Guinness.

The Counting House
Muy cerca del anterior encontramos otro edificio de interés, The English Market. Es un mercado del S. XVIII, de los de toda la vida. La estructura que vemos hoy no es la original, sino del S.XIX, porque ha sido reconstruido varias veces. Ha sido escenario para la filmación de algunas películas. Sinceramente, no es de los mercados que más me hayan llamado la atención de los que he visto.

The English Market
El monumento más visitado de Cork es la iglesia St. Anne’s Church, que tiene la singularidad de que en cada una de las cuatro caras de su torre hay un reloj, y todos marcan diferentes horas. Dicen que cualquiera puede subir a tocar las campanas, pero no nos lo creemos mucho y tampoco subimos a comprobarlo.
La ciudad tiene dos catedrales, la St. Mary’s and St. Anne’s Cathedral y la St. Fin Barre’s Cathedral, ambas del S. XIX.
No voy a extenderme mucho más sobre Cork porque tampoco vemos nada que nos llame especial atención.

St. Fin Barre’s Cathedral desde el río Lee
Terminamos el día cenando en un lugar al que entramos por descarte, un poco al azar, porque la carta parece algo más barata. Y resulta ser un acierto. No es la primera vez que salimos más satisfechos de un sitio del que no tenemos referencias que de otro del que hemos visto recomendaciones. Se llama An Bróg y es un restaurante de hamburguesas y comida tex-mex. Todo está muy bueno y las raciones son muy abundantes. No podemos terminar con todo… Nos ha entrado el ansia viva a la hora de pedir.
Nos retiramos al alojamiento. Lo que hemos visto de Cork no nos ha llenado el alma.