El primer viaje que hice este año al extranjero fue a Malta. Confieso que nunca le había prestado la menor atención a ese pequeño país en plan turístico hasta que empecé a leer relatos en el foro. Además, hubo quien me comentó que merecía la pena aunque solo fuese por conocer su capital, La Valeta. Entonces me di cuenta de que la historia y los atractivos de Malta iban mucho más allá de las andanzas de los caballeros de la orden medieval que casi todos conocemos. Por ejemplo, no tenía ni idea de sus yacimientos arqueológicos, cuestión que me interesa mucho. De modo que lo apunté como destino prioritario para un futuro próximo.


A una de las amigas con las que suelo viajar le gustó la idea y convinimos ir en primavera para librarnos del tremendo calor que pasaron allí unas conocidas en julio: no hay que olvidar que Malta se halla más al sur que las ciudades de Túnez y Argel.

Empecé a mirar vuelos y apartamentos, pero mi amiga prefirió que nos apuntásemos a las Rutas Culturales de la Comunidad de Madrid, modalidad que utilizamos bastante últimamente, pues el alquilar un coche ya no es una opción para nosotras y tampoco nos apetece cargar con maletas de un lado a otro en transporte público. Como de costumbre, con este diario simplemente pretendo relatar una experiencia personal, sin recomendaciones, porque no hay mejor viaje que el que decide emprender cada cual de acuerdo con sus gustos y condicionantes.


Malta es un archipiélago formado por tres islas habitadas (Malta, Gozo y Comino) y varios islotes desiertos (Cominito, Filfla y las Islas de San Pablo). Malta, la isla principal, mide, aproximadamente, 27 km de largo por 16 de ancho, y Gozo, 14X7. El viaje que elegimos salía la segunda semana del mes de mayo y tenía una duración de ocho días, lo normal en este tipo de recorridos por Europa. Y eso me dio mucho que pensar porque… ¿es lógico emplear el mismo tiempo en visitar un país de 316 km2 que otro de 100.000? Está claro que en el de 100.000 asumes que vas a ver solo un poco de lo más destacado, pero, dadas sus exiguas dimensiones, ¿daría Malta para una semana entera o acabaríamos aburriéndonos en visitas con poco contenido? Esa pregunta me la respondí a mí misma incluso antes de regresar.


Las siete noches se pasaban en el mismo hotel, algo que no es habitual -estas rutas suelen ser tipo tour- y que tampoco me gusta demasiado, si bien es cierto que así se tiene más flexibilidad a la hora de acoplar actividades particulares, porque, aunque haga un viaje organizado, procuro buscar lugares interesantes no incluidos o hacer por mi cuenta las excursiones opcionales siempre que lo permitan los desplazamientos. Luego, por diferentes motivos, resultó que esta vez fuimos casi más por libre que con el grupo. Pero eso ya lo contaré.


Para esas escapadas, al consultar qué tal iban los autobuses públicos y, sobre todo, si era fácil moverse con ellos desde nuestro alojamiento en Qawra, comprobé que las conexiones eran buenas. Me descargué un mapa de líneas y vi que el billete sencillo costaba 2,50 euros, es válido para dos horas -importante para los trasbordos- y se adquiere al subir al bus aunque con el importe exacto porque el conductor no da cambio. También se puede pagar directamente con tarjeta de crédito. Los abonos de 12 viajes costaban 21 euros. Hay tarjetas con viajes ilimitados para varios días, pero no era lo que más nos interesaba y no les presté demasiada atención.

A continuación, hice las reservas online para uno de los sitios más valorados y, claro está, solicitados en Malta: el Hipogeo de Hal Saflieni. No resulta fácil, pues el aforo es pequeño y las entradas se agotan con dos o tres meses de antelación. Tuve suerte y las conseguí para un día en que supuestamente disponíamos de suficiente tiempo libre. Luego no fue así, lo que nos condicionó las dos últimas jornadas.

El itinerario incluía las visitas de La Valeta, las tres ciudades (Vittoriosa, Conspicua y Senglea), la Cueva Azul, el pueblo pesquero de Marsaxlokk, la Cueva de Ghar Dalam, Mdina, Rabat, Mosta, los Templos de Tarxien, la Isla de Gozo y otras cosillas menos importantes a priori.

Por lo demás, había muy poco que preparar al tratarse de un país de la Unión Europea, cuya moneda es el euro, lo que implica no preocuparse por gastos de roaming ni por comisiones en los tipos de cambio. Así que solo quedaba esperar que llegase la fecha para salir ¡rumbo a Malta!
