Dejando el Cuadrángulo, cogimos el coche y nos trasladamos al conjunto de edificios, más desperdigados, que forman el llamado Grupo Norte.
Fuimos a visitar la dagoba más importante de Polonnaruwa: la Rankot Vihara, de más de 50 metros de altura y que es de ladrillo visto. Realmente, no sé si el encalado de algunas dagobas es un añadido moderno o que las de ladrillo lo tenían originalmente y lo han perdido. A esta dagoba se accede por unas escalinatas y a su alrededor hay una serie de capillas con estatuas de Buda de pie, no muy bien conservadas.

Continuando más al norte, están los restos de un enorme edificio de ladrillos, el Lankatilaka, del que se conservan dos altos muros con una estatua de Buda de pie en su interior, que no tiene cabeza. En el exterior de uno de sus muros hay un magnífico relieve que parece reproducir el palacio del rey Parakrabahu.

Estábamos terminando nuestra visita a Polonnaruwa y, como plato fuerte, nos quedaba el que quizas sea el lugar más famoso y visitado de todo el recinto: el Gal Vihara, que es una gran roca granítica donde se tallaron cuatro Budas.
A lo largo de todo el recinto hay estanques y baños pertenecientes a los distintos palacios reales que se edificaron a lo largo de los años en Polonnaruwa y que dan una idea del esplendor que alcanzaron los reinados cingaleses en la edad media.

Aún en el llamado Grupo Norte, cerca del Lankatilaka hay un curioso templo que está hecho aprovechando el abrigo de una roca, es la Cave Shrine, en el que hay cuatro estatuas de Buda sentado esculpidas en la roca.

Estábamos terminando nuestro recorrido por Polonnaruwa y aún nos faltaba el plato fuerte, la visita al Gal Vihara, que es el monumento más famoso y visitado de todo el complejo arqueológico.
El Gal Vihara es una gran roca granítica donde están talladas las estatuas de tres budas, uno de ellos sentados, otro de pie y el último recostado. Este monumento, del siglo XII, permaneció oculto entre la vegetación hasta la época colonial inglesa.

Con esta última parada, dimos por finalizada la visita al yacimiento arqueológico que hicimos, en la mayoria de los lugares, completamente a solas y que, hoy día, recordamos aún por el mucho calor que pasamos cuando abandonabamos las zonas sombreadas. Una buena sombrilla como las que les veiamos a los lugareños, no nos habría venido nada mal.


