Entramos y salimos por Catania. Los vuelos fueron con Iberia, despegaron puntuales y no hubo incidencias dignas de mención... hasta la cinta de recogida de equipajes, donde faltaron las maletas de más de veinte personas, algunas de nuestro grupo (por fortuna, las nuestras, no). El carrito que las transportaba se perdió en algún punto del aeropuerto de Barajas
Así que las pertinentes reclamaciones nos hicieron perder bastante tiempo.


Nos alojamos tres noches en Catania, dos noches en Palermo, una en Agrigento y otra en Ragusa. Nuestra guía de habla española era una chica chilena casada con un siciliano y que había residido varios años allí. En esta ocasión, no llevamos un guía local fijo, sino que en cada destino con visita incluida nos acompañaba un guía de ese lugar. Como suele ocurrir en estos casos, hubo de todo: excelentes, buenos y ni fu ni fa. Afortunadamente, llevábamos auriculares, lo cual me encanta, pues me da mucha libertad de movimientos, permitiéndome oir las explicaciones del guía (si me interesan) sin necesidad de estar pegada a él (o ella).

Catania.
Nos alojamos en el Hotel Villa del Bosco, situado en un punto elevado de la ciudad, a unos cinco kilómetros del centro. Se podía llegar en autobús y taxi. Se trata de un antiguo palacio que sin duda conoció tiempos mejores, tanto como residencia noble como en versión hotelera.

El edificio principal resulta tan atractivo como decadente, un auténtico laberinto de pasillos y salones, donde parece que has retrocedido en el tiempo, lo que tiene su lado bueno y su lado malo. El bueno es el indudable encanto que rezuman sus vetustas paredes; el malo, el deficiente mantenimiento de que adolecen muchas de las antiguas mansiones sicilianas. Y como tal la voy a tratar, razón por la cual me voy a extender algo más en el comentario que suelo dedicar a los hoteles donde me alojo.

Las dos primeras noches, nos instalaron en un edificio situado detrás del principal, otro palacete no tan glamuroso. Si bien no pudimos por menos que admirar el elegante balcón con balaustrada de nuestra habitación que se asomaba al jardín y a la piscina (más bien una especie de estanque), tuvimos que lidiar con multitud de mosquitos que se colaban por los huecos sin rejilla del sistema de aire acondicionado; y picaban, claro. La decoración con cortinas casi negras era de lo más peculiar y el cuarto de baño de lo más incómodo que he utilizado nunca, como podréis imaginar viendo la foto; bueno, quizás sea imposible imaginarlo sin haberlo "probado". No acostumbro a poner fotos de los inodoros, pero en este caso no me he podido reprimir

A nuestro regreso la última noche, estábamos dispuestos a negarnos a alojarnos de nuevo en esa parte del hotel, pero, afortunadamente, nos llevaron al edificio principal, donde el asunto mejoró bastante; y no había mosquitos. Por lo demás, el personal era amable y procuraban ayudar en lo que estaba en su mano, que no era mucho. En cuanto a lo positivo, desde el salón de desayunos la vista de Catania resultaba más espectacular de lo que muestran las fotos. Y durante las cenas en un salón de estilo decimonónico nos servían platos caseros de gastronomía local y vinos sicilianos. El resultado fue dispar.
Recorriendo Catania.
Catania la visitamos en dos días: el de llegada y el de partida, ya que nuestro avión despegó casi a las ocho de la tarde. Para no liar las cosas dispersando la información, pondré de una vez, en esta etapa y la siguiente, todo lo que vimos durante esas dos jornadas.

Primero, tuvimos una visita guiada a pie por el centro de la ciudad con una guía local que duró unas tres horas. El resto del tiempo anduvimos por nuestra cuenta, para lo que me fue de mucha utilidad un plano turístico que nos facilitaron muy amablemente en la recepción del hotel.

Empezó en la Piazza Stessicoro, donde se hallan los restos del Anfiteatro Romano, del siglo II d.C., uno de los más grandes del imperio, pues podía albergar a 15.000 espectadores. De forma elíptica, medía 125 X 105 metros en sus vértices, con una circunferencia exterior de 309 metros. Se ha mantenido en el subsuelo, cubierto por los edificios de la ciudad, durante siglos, lo que seguramente ha facilitado su conservación. Las gradas se excavaron en la lava y contaban con 32 filas de asientos y el conjunto estaba revestido de mármol.


Alrededor, varios edificios notables como los Palacios Tezano, del Toscano y Beneventano, y la Iglesia de San Biagio. En un extremo de la plaza, está la escultura dedicada a Vinzenzo Bellini A esa hora, la luz era terrible para tomar fotos.

Seguimos por la Avenida Etnea, una de las más importantes y extensas de Catania con sus tres kilómetros de longitud. En días claro, al fondo se divisa la imponente estampa del volcán. No tuvimos esa suerte. Siempre muy concurrida, está flanqueada por edificios e iglesias, la mayor parte de arquitectura barroca, ya que la ciudad tuvo que reconstruirse casi por completo tras un catastrófico terremoto que acaeció en 1693. En ella, convergen calles y callejones a los que conviene asomarse para apreciar algo diferente.




Pasamos junto a la Iglesia de la Colegiata, de 1768, con techo abovedado y decorado con pinturas al fresco; el coro del ábside está considerado el segundo en importancia después del de la Catedral. Entré a verla más tarde.




Enseguida, llegamos a la Plaza de la Universidad, decorada con cuatro farolas de bronce en las que se representan leyendas populares de Catania. Rodeada de palacios, entramos en el principal edificio universitario para ver su claustro. Enfrente, el Teatro Machiavelli y un pequeño parque infantil con la curiosa figura de un elefante azul y rojo.



Unos pasos más adelante, alcanzamos la Piazza del Duomo, presidida por la Catedral de Santa Ágata, construida a finales del siglo XI sobre los restos de unas termas romanas. Por entonces, estaba dotada de un sistema defensivo y su estilo fortificado aún se aprecia en el crucero, que conserva su originaria arquitectura medieval al igual que los ábsides. La fachada y la cúpula son del siglo XVIII, y el campanario, del XIX.


El interior consta de tres naves separadas por pilares. En la central, se encuentra la tumba monumental del insigne músico local Vinzenzo Bellini. En el altar del ábside derecho, se veneran las reliquias y el tesoro de la patrona de la ciudad, Santa Ágata, que sufrió martirio en el año 250. Destaca la caja del relicario, de los siglos XV y XVI.


En el exterior, frente al templo, se halla otro de los símbolos de Catania, la Fuente del Elefante. Es un lugar muy animado, donde los visitantes persiguen (perseguimos) la típica foto de recuerdo incluso a sabiendas de que casi inevitablemente saldrán con “bicho”. Además de la Catedral, en la misma Plaza están el Palacio del Elefante, donde se ubica el Ayuntamiento, que estaba tapado con lonas por restauración, y, enfrente, el Palazo del Chierici, a la izquierda en la foto de abajo.



Al fondo de la plaza, en una bocacalle, a la izquierda, está la Puerta Uzeda, que comunica la Plaza del Duomo con el puerto, y cuyos dos lados se ven en las fotos. A la derecha del Palazo del Chierici , se halla la Fontana del Amenano, construida en 1867 y con la particularidad de que se surte de un río subterráneo. Tiene su encanto pese al reflejo del sol, la suciedad acumulada en su base y a las obras que impedían tomar una foto decente.


Aquí acabó la visita guiada. El resto lo hice por mi cuenta en diversos momentos y lo comento en la etapa siguiente.