TRACK de la ruta
Último día del trekking. Realmente hoy es un paseo. 10 kilómetros cuesta abajo suave por senda cómoda. Hemos desayunado a las 8 y se notaba hoy que el equipo iba a ver a sus familias. La primera vez que les veo asearse con ese impetú. Musa lavándose la cara, con camiseta nueva, Ibrahim estrenando también camiseta y Walid metiéndose en el río para darse ducha completa. Para ellos es un momentazo ver a su familia. En época de verano, durante casi tres meses, solo los ven cada 15 días y durante un día.
Hoy digo adiós a la tienda de campaña, mira que la tienda de campaña es grande y con la esterilla he dormido de lujo, pero 13 noches ya durmiendo en la tienda son cansinas. Lo más duro del trekking sin duda ha sido el dormir en tienda de campaña y el tener que liar un sin Dios para ir al aseo, con lo expuesto que estás al frío, la lluvia y la nieve.
El balance del trekking es sin duda de diez. Se sitúa fácil en mi top de trekkings. Los paisajes son brutales, el ambiente de las expediciones, de los porteadores, de mi grupo de pakistaníes ha sido increíble. Las vistas de los picos, el caminar y dormir durante días por glaciar, el campamento de Ali Camp y el paso de Gondogoro, aunque por un momento pensara que fuera a morir, en retrospectiva le han dado al trekking un toque de aventura tal, que para mí ha sido como subir mi K2 (a escala). En cuanto a paisajes lo más parecido es Nepal. En cuanto a dureza, las montañas Simien en Etiopía, aunque este está un nivel por encima del de Etiopía por duración y altura.
Si se le pudiera poner algún pero, sería que quizá, en comparación con Nepal, no hay muestras culturales tan constantes. Aunque la cultura de los porteadores, los rezos por las tardes, los cánticos de Muharram por la noche y la forma que tienen de relacionarse entre sí le da tambien su plus cultural. Lo que me ha sorprendido para bien sin duda es lo salvaje que es el trekking. No está para nada masificado, es algo muy aislado y el que está en Concordia sí o sí se lo ha currado, no valen jeeps ni historias cómodas para llegar. Me ha parecido que todo estaba muy limpio. Los únicos puntos negros de basura son cerca de los campamentos militares. Es un trekking que, siendo 12 días, tiene 10 días muy asequibles físicamente, pero dos días que me parecen de una exigencia física importante, siendo el paso del Gondogoro, en mi caso, algo más allá del trekking por las condiciones que me encontré.
Por parte de mi agencia, no me parece que se haya abusado de los 4 que han formado el equipo. En Nepal, hace 10 años, llegué a ver a niños porteando o porteadores en condiciones pésimas. Aquí no se ve ningún menor de edad ni de lejos y tampoco se ve ninguna condición dramática de los porteadores. Quizá alguno no lleva el calzado adecuado, pero es que tampoco hace falta un calzado mega profesional. Yo me he hecho todo el trekking (menos el Gondogoro) con las zapatillas del Decathlon de 35 euros, más a gusto que nadie, y gondogoro lo he bajado con ellas también. Que los porteadores no lleven botas no significa que vayan mal. Se controlan los pesos y lo puedes ver todas las mañanas como van uno por uno pesando su carga. En Nepal te ves porteadores con barbaridades cargadas en la cabeza. Creo que a mayor masificación, al final termina yendo en detrimento del local, haciendo que se exijan más por menos dinero o peores condiciones.
El tema de los animales vivos tipo gallinas, vacas y cabras... pues ponerlo como punto negativo sería de una incoherencia. Esto es tan Into the Wild que no hay procesado que haga que te dé menos pena comerte el pollo, bastante que tienen la delicadeza de alejarse del campamento para matar los pollos, y solo si eres morboso lo ves. De esas gallinas, esas vacas y esas cabras vive más de 1.000 personas.
Con la sensación de haber terminado uno de los trekkings que más ganas tenía, hemos hecho las tres horas hasta Hushe bien contentos. Ibrahim iba tocado de la barriga, según él porque bebió mucho té en Kuispang, pero yo le he visto beber agua de todos los arroyos por los que nos hemos cruzado, así que dudo que sea el té. El camino va siguiendo el río con vistas al Masherbrum y termina finalmente en el pueblo de Hushe. Realmente nos quedamos un poco antes del pueblo. Han hecho una especie de lodge donde me quedo a dormir. Me han dado la luxury room y si mi habitación es luxury, las otras deben ser para verlas. Aun así, tengo cama y me han traído un cubo de agua caliente para pegarme mi ducha pakistaní calentita. He comido en la habitación y tras descansar me he ido a la zona común donde estaba Musa y un hombrecillo. El hombrecillo lleva el alojamiento y me cuenta Musa que se dedica a minar cuarzo. Ayer bajando de Kuispang, vimos a lo lejos, cerca del glaciar, una lona roja, y Musad me dijo que eran mineros.
El tío me cuenta con un inglés básico, que sube hasta cerca del Leila Peak, va con un taladro neumático y con pequeñas cargas de explosivo y va haciendo agujeros y metiéndole un petardazo. Va haciendo decenas de agujeros y de vez en cuando tiene suerte y al romper el petardazo aparece una geoda de cuarzo. Me ha sacado una enorme que dice que él suele vender en Peshawar a joyeros, y para los turistas tiene trozos de cuarzo que arranca de las geodas. Por 5 euros no podía no llevarme un trozo de cuarzo. Dice que hay un turista español que se llama Simón que lleva ya tres años viniendo a escalar y que después de escalar se queda unos días con él en el glaciar minando. No deja de sorprenderme las aficiones que llega a tener la gente. A quién le digas que te vas a Pakistán de turismo a tirarte tres días bajo una lona en un glaciar a 4.000 metros minando cuarzo... chapó.
Tras la charla con el minero ha venido Ibrahim y Walid. Ibrahim iba hecho un pincel, con el traje típico de Pakistán y su alegría infinita. Me ha dicho que me va a hacer el "Hushe tour". Del lodge al pueblo es un kilómetro y medio. Ibrahim me ha hecho una ruta circular chulísima. Hemos bajado hasta el río y me ha llevado por toda la zona de cultivos, principalmente trigo, lentejas y judías. Me repito mucho en lo de que es todo muy auténtico, pero es que es como trasladarse a la Edad Media. Las mujeres cargando capazos con cosecha, hombres con el ganado. Todos evidentemente amigos de Ibrahim, al que saludan con cariño y, por cercanía, me saludan a mí con igual cariño. Un chaval ha pasado con dos yaks enormes, desde Nepal no los veía. La zona de cultivos pasa por una parte de pequeñas chozas que me comenta Ibrahim que es donde cada familia guarda sus cosechas en invierno. Me ha abierto la puerta de su choza donde tiene principalmente madera y barriles llenos de cereales. Me cuenta que en el pueblo la pobreza es mayoritaria y que todos dependen de estos almacenes. Si algún día falla el turismo, su única vía de subsistencia es una agricultura muy precaria que da para lo justito. Momentos como el COVID o las tensiones con India hacen que el pueblo entre sí se ayude unos a otros porque muchos, al no haber turismo, no tienen almacén y se quedan sin nada.
De las chozas hemos cruzado el río por un puente colgante y hemos entrado ya en el pueblo. Un pueblo de 1.500 habitantes en España serían todos abuelos. Aquí solo se ven niños. Niños por todas partes. Cuando me ven pasar se me quedan mirando tremendamente serios y solo hay que hacer un gesto con la mano para que se les ilumine la cara y me saluden con una alegría desbordante. Todos parecen ser familia de Ibrahim y de Musa, porque cada dos por tres Ibrahim me dice "Este es hijo del hermano mayor de Musa", "Este es hijo de mi hermana". Ibrahim me ha llevado a su casa y ha sido un momento chulísimo. Yo imagino que Ibrahim dentro del pueblo debe ser de los que viven bien: tiene cosecha, ganado y vive del turismo. Su casa es una construcción de ladrillos de adobe. En la parte de abajo está el establo con tres vacas y arriba hay tres habitaciones. Hemos subido a la parte de arriba y corriendo le ha puesto el velo a "Fátima", una niña de un año preciosa que estaba comiéndose el dal con las manos y que no paraba de mirarme mientras se partía el culo. Súper graciosa con el velo. Junto a Fátima estaba Mohamed, su hijo de 5 años que no sabe inglés y a todo lo que le decía me respondía con un yes apasionado. Ha venido su mujer, me la ha presentado y nos ha servido una Coca-Cola, un té, unas galletas de chocolate y un pan típico de Baltistán. Nos lo hemos tomado sentados en las alfombras, que resulta que es donde duerme él con los dos hijos, y en la habitación de al lado se queda su mujer. Fátima ha estado con nosotros y se ha tomado su Coca-Cola más a gusto que nadie junto al dal. En España introduciendo alimentos por semanas, y aquí en Pakistán con un año comiendo dal con Coca-Cola con las manos no muy limpias. Hemos estado un rato sentados, hablando un inglés super básico pero suficiente para ir nombrando las montañas que se ven por la ventana, los amigos de Mohamed y ofrecerme té y más té. Todo esto se me ha olvidado, con gallinas por la casa libremente. No entran a la habitación, pero están tan campantes en la entrada principal y el pasillo central. Es un momento muy chulo. Da gusto ver que muestran una hospitalidad genuina más allá del turista en forma de dólar con patas.
De casa de Ibrahim hemos vuelto por la pista mientras íbamos saludando a todo el pueblo. Niños, mujeres que vuelven del campo, hombres cargando maderas... En un punto nos hemos encontrado un grupo de turistas que Ibrahim en voz baja me dice que son punjabís, de la zona de Lahore. Con el grupo de punjabís he tenido un déjà vu con India. Son muy similares a los indios físicamente y en un segundo me han enganchado dos y se han puesto a abordarme como hacían en la India, de una manera en la que quieren echarse una foto contigo y te están pidiendo el Instagram al minuto uno. Quizá haya sido coincidencia, pero ha sido la misma sensación que tuve en India, en la que te hacen sentir como si fueras alguien famoso. Aun así, muy amables y sin problema, yo me echo las fotos que hagan falta. Llevo en Pakistán 15 días y aún no me habían pedido el Instagram. En India, a los 15 días ya tenía el Instagram de 150 indios.
A la noche poco más, me han puesto barbacoa de pollo en mi habitación. Para conectarme a internet se han currado un starlink pakistani. Una especie de módem que me han colgado de un palo en lo alto de la habitación con una chapa como antena. Adjunto foto porque es digno de ver. Ha funcionado algo y he podido hablar un poco por WhatsApp, diario y a descansar.
Mañana en Jeep de Hushe a Skardu.