Último día del viaje. Mañana es básicamente desplazarme a Islamabad y coger el avión, así que en la práctica hoy es el último de turisteo. De las cosas que me quedan por ver de Lahore me he decidido por acercarme después de desayunar a la Tumba de Jahangir. Iba sin mucha esperanza porque me imaginaba un jardín abandonado con restos mogoles destrozados, pero me he llevedo una sorpresa buena.
La tumba está bastante lejos. He pillado un Indrive y nuevamente el conductor quería hacer el negocio conmigo, insistiendo en acompañarme todo el día. Mira que lo dicen con buena fe, pero está claro que detrás hay un interés por sacarse un dinero. Queda claro cuando, después de decirle que no es necesario de la forma más amable y educada posible, y tras el sexto intento, dejan de ser tan genuinamente amables. Al final, si en vez de opción de coche pillas tuktuk, esto te lo ahorras. Los del tuktuk nunca hablan inglés y, entre el jaleo que hay, es imposible entablar conversación.
Tras dejarme mi interesado amigo en la tumba, he accedido a lo que viene siendo los jardines. Aquí me han intentado hacer la de la India: ponerse a mi lado y empezar a explicarme cosas con el fin de que luego les pague como guía. Aquí, haciéndote el tonto hablando medio inglés medio español y haciéndoles ver que no entiendes, han desistido rápido. En la India eran mucho más perseverantes.
Por fin he podido recorrer el complejo tranquilo. Las tumbas están bastante bien restauradas. Yo creo que debe ser algo reciente porque se ve demasiado limpio para lo que me he ido encontrando. Nuevamente es arquitectura mogola, escenario idéntico al que me encontré en India. A primera hora de la mañana el calor aún era soportable y, sin apenas gente, he echado mi hora larga a gusto. En la tumba real ahí sí que me he comido el guía improvisado, pero bueno, por 100 rupias (30 céntimos al cambio) no merece la pena negarse. El hombre me iba enseñando las piedras preciosas de la pared más contento que nadie. No hablaba inglés, así que me ha hecho la guía de la tumba con la linterna y en urdu. A todo yes.
De las tumbas me he pillado un tuktuk nuevamente hacia el bazar de Lahore. Me he metido por una puerta para salir una hora después por la otra. No me repito más: la locura máxima el bazar. Si ayer lo brutal fue la calle de los pollos, hoy me he encontrado la de los corderos. Aquí afortunadamente todo estaba ya muerto, pero el olor, lejos de ser el de los pollos, era también potente. Orientarse en el bazar, aunque parezca un laberinto, al final es fácil. Es puramente seguir una orientación. Me he metido por el oeste y sabía que había que ir andando hacia el este. Sin necesidad de móvil terminas saliendo de la locura.
Fuera del bazar he ido andando hasta la Mall Road, una zona con algunos edificios ingleses y el museo de Lahore, que desde fuera es bastante bonito, pero por dentro me lo he ahorrado. Según leo en Google no tiene aire acondicionado y, siendo ya casi las 12, el calor es insoportable y no me interesa tanto como para que me compense. Me he pillado un tuktuk y vuelta para el hotel.
Hoy en el hotel he echado la tarde entera, refugiado del calor. Lo que me queda por ver de Lahore son los templos sufíes, y lo bonito es verlos por la noche. En Lahore está el templo Data Darbar, que es el más grande y popular. No me he animado a ir porque es una zona bastante delicada. Ha sido atacado por terroristas suníes brutalmente en dos ocasiones. Te metes en Google y las reseñas hablan mayoritariamente de carteristas y abuso constante para que pagues por todo. No permiten acceder con camaras ni con bolsas. Quizá me pilla recién llegado y me animo, pero a estas alturas, casi en la meta final del viaje, paso de complicarme la vida. En cambio, hay otros templos sufíes que son más de barrio y que parece que se puede ver el ritual de la música y los trances incluso mejor. Así que para las 20:00 me he ido al templo de Shah Jamal.
Lo del templo y el ritual yo no me imaginaba que sería una inmersión cultural tan bestia. Ha sido como cuando te metes en el mar y te viene una ola que te revuelca sin esperártelo. Los sufíes son como los hippies del islam. Esta gente venera a santos sufíes, muchos antiguos artistas o lideres espirituales. Les hacen templos y conectan con Allah a través de la música y el arte. El que santifiquen a personas hace que las ramas del islam más ortodoxas los vean como herejes, de ahí que sean objetivo de muchos atentados terroristas. Yo ya había estado en un templo sufí en Delhi, pero lo que me he encontrado aquí ha sido una de las muestras culturales más brutas. Al nivel de los templos hindúes.
Los sufíes todos los jueves celebran lo que es el dhamaal. La gente se reúne alrededor del templo, hacen hogueras y reparten comida gratis. Yo había leído que empiezan a tocar tambores y luego se unen devotos a moverse al son de la música con el fin de conectar con lo divino.
Con esta información me ha dejado el tuktuk en la calle del templo. Totalmente de noche he empezado a andar mientras a los lados había gente con hogueras y un ir y venir de niños por todas partes. He entrado al templo en sí. Todo muy bonito, lleno de niños que me han saludado supercontentos, pero yo no veía los tambores esos por ningún lado. Le he preguntado a un hombre y me ha dicho que en 15 minutos al lado del templo. Me he salido a la calle, le he dado una vuelta a la manzana y he vuelto al templo. Yo aquí no sabía dónde ir y no se escuchaban tambores. He visto una escalera al lado del templo, le he hecho una señal a un paisano que me ha dicho que pase. He subido para llegar a un patio donde había más tumbas sufíes. En un momento un hombre me ha cogido y me ha metido en una tumba y me ha hecho sentarme en el suelo. El hombre me hablaba en urdu, yo sudando a más no poder, y de repente el hombre empieza a decir "Osama bin Laden" señalándose el pecho. Aquí ya he visto claramente que el hombre era un pobre enfermo mental. Me he levantado con una sonrisa y he vuelto a salir al patio mientras el hombre se quedaba gritando detrás. En el patio más de un centenar de hombres estaban sentados alrededor de un grupo de hombres mayores. Un chaval me ha dicho que me siente con ellos y, con un gesto con la mano, me ha dado a entender qué me olvide del hombre que me estaba gritando. Aquí he necesitado unos minutos para asimilarlo, pero por un momento no me he visto capaz. Los hombres estaban cantando canciones, de forma bastante bonita la verdad. No deja de recordarme al cante jondo, es un ambiente muy parecido ya que la gente hasta los jalea y lanzan gritos de exaltación mientras cantan. El cante iba avanzando y la gente alrededor cada vez se animaba más hasta terminar cantando todos al unísono. Los pelos de punta. En un momento el chaval me ofrece fumar y me fijo que ahí todo el mundo está fumando hachís. Pero no poco, la gente lleva un colocón de escándalo. Todo el mundo sudando, algunos con los ojos en blanco, luego chavales jóvenes con los que me he sentado que podrían pasar por universitarios, pero cascándose su porro mientras mueven la cabeza y cantan a todo lo que da. A todo esto se ve varias personas con claros problemas mentales y un pakistaní con una cara de mala hostia increíble encargado de ir echándolos cuando se vienen arriba. Cada vez ha empezado a entrar más gente y más gente. Un calor selvático y un hombre que se dedica a abanicar a la gente con un trapo a cambio de 10 rupias. Ha empezado a entrar tanta gente que me he decidido poner de pie del agobio, justo en el momento que ha aparecido un hombre con una caracola. La ha sonado a todo lo que podía, como dando paso a la explosión. Han empezado dos chavales a tocar los famosos tambores con una fuerza bestial. La gente fumadísima meneando las cabezas, gritando, alguno se arrancaba a sacudirse al ritmo de los tambores con los ojos en blanco... El pakistaní de la cara de mala leche ha echado a dos chavales a gritos y, viendo que no cabía un alfiler y la saturación sensorial que llevaba, me he salido del patio a tomar un respiro un momento. Al salir del patio me veo que abajo, en un patio adyacente, se ha formado un corro y cinco hombres con tambores lo están dando todo mientras dos feligreses en el medio están dando vueltas sin parar. Me he bajado al corro y aquí por fin he podido respirar. Aquí sí, lo de arriba era una locura. El ambiente en este patio es mucho más calmado, aquí no se ve tanta gente fumando porros, muchos están grabando con el móvil y parece algo más normal que lo que había arriba. Si arriba ni se me ha ocurrido sacar la cámara de lo puro que era el ambiente, abajo sin problema alguno he podido grabar, aunque al ser todo en penumbra poco habré sacado con el iso a 6000.
En el corro he tenido un momentillo de apretar un poco el culo cuando se me han acercado dos hombres. Me han preguntado gritándome al oido que de dónde soy, para seguidamente preguntarme si soy judío. He saltado como un resorte diciendo "Christian, Christian, Spain Spain!". Me veía que esta gente se pensaba que, siendo un blanco solo, con camara y con la nariz portentosa que tengo, sería judío y game over. Después de decirles cristiano me han sonreído con la mano en el pecho y se han ido, literalmente solo querían saber mi religión. Con el susto en el cuerpo ha llegado el hombre del trapo que me ha estado abanicando un rato, me ha venido como del cielo y se lo he agradecido con sus rupias, me caían ya chorretones hasta por las orejas. La dinámica del ritual ha seguido con los tambores dándolo todo y cada vez más gente saliendo al centro para dar vueltas, temblar, menearse, gritar... De vez en cuando alguien del público lanza billetes de 10 rupias a los danzantes y a los de los tambores mientras los niños se tiran a por los billetes. Ha sido un tsunami cultural. Me he pegado dos horas entre unas cosas y otras. Casi a las 11 y viendo que la dinámica es la misma me he ido disimuladamente con una sensación de haber vivido algo único. En la parte final del video que enlazo en el apartado de prepación podeís ver momentos del ritual.
Yo creo que al final la sensación de peligro que se puede llegar a tener es más desde el desconocimiento que tenemos como occidentales que por peligro real. Eso no quita que los templos sufies han sido objeto de ataques y no es un ambiente 100% seguro. En mi caso quitando a los enfermos mentales, nadie me ha dicho nada malo, e imagino que al verme blanco y solo, cuando me han preguntado lo de si soy judío será más por la inquina que les tienen que por el hecho de ser hostiles per se. Ha sido una experiencia muy auténtica. Nadie me ha pedido dinero, más allá de que en el ritual la gente está constantemente soltando rupias y tirando dinero al medio. Mientras lo visites desde el respeto e intentando no dar el cante como turista, no hay problema alguno, ni en grabar ni en estar ahí. Me han dado más follón en la tumba de esta mañana que en el templo sufí. Lo único que de haber venido con mi pareja, o siendo una mujer, no sé si hubiera podido ser, porque de los centenares de personas que había, no había una sola mujer. Creo que siendo mujer participar en el ritual, en ese templo concreto debe ser bastante inapropiado viendo que es un espacio exclusivo masculino. Muy probablemente habría habido mucha más tensión.
He llegado al hotel para ducharme y dormirme corriendo. En cuatro horas me despierto para pillar el bus, aunque coger el sueño después de la intensidad vivida no es fácil.
Mañana autobús a Islamabad. Si me veo con ganas me doy alguna vuelta por Islamabad. El avión sale a la noche, así que tampoco creo que maree mucho.