Parece que he pasado buena noche. La barriga me ha respetado y me he levantado incluso con hambre. He recogido todo y me he ido a desayunar. Para no jugármela: dos huevos duros con un par de tostadas con mermelada.
A las 9:30 me han venido a recoger y para el aeropuerto. Por lo que veo en Flightradar, el avión de Lahore a Skardu va en hora, así que si ese avión llega, sí o sí despegamos. El problema aquí es aterrizar, no tanto despegar. Con 30 minutos de retraso ha salido el avión. Qué alivio. Siento el mismo descanso al dejar Skardu que al dejar la moto. Con todas las noticias de mal tiempo, los deslizamientos, la cancelación del vuelo a Islamabad... Uno se siente en Skardu un poco atrapado. En realidad es que estás vendido si no llevas margen suficiente para volver, porque viendo la que se lía aquí en época de monzón no es para menos. Entre que te cortan la carretera y que el avión se puede cancelar, no debe ser raro quedarte algún día más de la cuenta.
El vuelo a Lahore, la primera parte es espectacular al sobrevolar el Karakorum. Creía que vería de nuevo el Nanga Parbat, pero o estaba tapado por nubes o me ha pillado en el lado equivocado.
He llegado a Lahore a las 13:30. Mi mochila ha salido de las primeras y nada más salir del aeropuerto estaba el hombre del hotel con mi nombre. Ha sido impresionante el bofetón de calor y humedad que me he llevado al salir. Sabía que haría calor, pero no me imaginaba el nivel de humedad que me iba a encontrar. Un calor asfixiante. BOCHORNO con mayúsculas. Nos hemos metido en el coche con el aire acondicionado y a los pocos minutos de estar conduciendo ha sido como volver dos años atrás y estar circulando por la India.
Lahore poco se parece al Pakistán que llevo recorriendo todo el mes. Es una ciudad enorme con 13 millones de habitantes. Caos, tráfico del demonio, motos, locuras incomprensibles por la calle, pitos... Muy parecido a la India. La realidad es que la gente de Lahore es indistinguible a la de Amritsar. La parte india que visité en 2023 es el Punjab que, cuando se fueron los ingleses, dividieron en dos dejando a los sijs e hindúes en Amritsar y a los musulmanes en Lahore, dejándolos de la mano de Dios, con el consecuente estallido social que produjo limpieza étnica en ambas partes. Muy estilo británico.
Hemos llegado al hotel y al bajar del coche hasta se me han empañado las gafas del bochornazo. El hotel se encuentra en lo que viene siendo el barrio "rico": una calle con comercios y tiendas de marca pero lejos de la imagen europea de "barrio rico". Se considera barrio rico por comparación con la zona principal de Lahore.
El hotel "The Orchard" está bastante bien, pero aún me tienen la ducha en medio del baño. Entiendo que puedan vivir sin persianas, pero lo de que vivan sin mamparas o cortinas de ducha… es que no veo ventaja alguna a prescindir de ellas, más allá de la económica al construir. Hace que el baño esté siempre mojado y solo puedas entrar en zapatillas. Por lo demás, la habitación está bien limpia y tengo neverita. Con el calor que cae fuera, he estado descansando hasta las 16:00.
A las 16:00 he cogido fuerzas y me he animado a salir al caos. El primer objetivo ha sido conseguir hacerme una tarjeta de datos. En la parte norte de Pakistán funciona una compañía, SCOM, que no funciona en Lahore. Por lo que aquí hay que pillar otra tarjeta de datos. En el hotel me he guardado la ubicación de dos tiendas de operadoras, he enganchado un tuktuk y he ido a la primera. El tuktuk me ha dejado en un centro comercial loquísimo. Una especie de edificio en donde, en su interior, es como un bazar con cientos de tiendas exclusivamente de móviles y ordenadores. Pero no tiendas normales, no. Tiendas muy cutres, unas pegadas a otras. Si en la calle deben hacer 40 grados, dentro del centro comercial fácil sube dos o tres grados más. Cada puesto tiene un ventilador enfocando al personal a todo lo que da. El ambiente es ultra cargado, lleno de gente, un calor infernal, cientos de tiendas... Me sudan absolutamente todos los poros de mi piel, al punto que se me saturan las cejas, me cae sudor al ojo y me gotea por la nariz. En ese escenario se supone que tengo que encontrar una tienda que se llama "Zong". Me he subido al primer piso, al segundo y al menos uno. He preguntado y la gente ni habla inglés ni se muestran muy colaboradores a entenderme, ni poniendo cara de guiri. Al final un tío me ha indicado un pasillo y he encontrado un puesto cutrísimo en donde el hombre me ha dicho en un inglés muy básico "Tourist no". Había leído que en el aeropuerto no hacían SIM a extranjeros e imagino que he dado con una tienducha local que tampoco. He salido del infierno como he podido. Qué calor no haría dentro para que al salir a la calle, a 40 grados, llegara a sentir algo de alivio.
He enganchado a otro tuktuk y me ha llevado a la otra localización que tenía guardada: Jazz. Aquí sí, un local bien grande. He abierto la puerta y el aire acondicionado me ha sabido a gloria, pero al ver la tienda abarrotada me he visto que me iba a comer una mierda. He conseguido preguntar a una chica en el mostrador y me ha indicado una mesa en la que no había nadie y me han atendido en un momento. En 15 minutos tenía mi tarjeta SIM hecha y había dejado de sudar. Uno puede pensar que si es tan complicado sacarse la tarjeta, pues mejor vivir con el wifi del hotel. El problema es que para moverte por Lahore sí o sí necesitas tuktuk o taxis y como no uses las aplicaciones, los taxistas te van a timar 100% seguro. Sale a cuenta el estrés que pasas sacándote la tarjeta con el que te ahorras discutiendo con los tuktuk.
A las 17 pasadas ya me he pillado un tuktuk a lo que viene siendo el casco antiguo de Lahore, a la Puerta de Delhi. Mira si te timan los tuktuk, que lo que me ha cobrado el primer tuktuk del hotel a la tienda de móviles ha sido el doble de lo que me ha costado ir a la zona antigua, y eso que está el doble de lejos. No es el timo del siglo, pero es que no me han cobrado ni un euro por media hora de trayecto.
Cuando he bajado en la Puerta de Delhi literalmente ha sido teletransportarme a la vieja Delhi. Es increíble el parecido que hay. Me han dejado en una rotonda en donde había un tío tirado entre los coches, un policía gestionaba el atasco dándole a los coches golpes con un palo mientras un burro se metía entre medias rebuznando. Esa imagen que te produce un esguince mental es la misma sensación que sentí en Delhi. Me he metido entre las callejuelas con el objetivo de visitar Shahi Hammam, unos antiguos baños públicos de estilo mogol. La arquitectura mogol es lo que le da a todo ese parecido tan brutal con India. De los baños me he ido a la mezquita Wazir Khan. Entrar en la mezquita es huir por un momento del caos. Hay que reconocer que son un espacio muy tranquilo y, mientras no saques la cámara, puedes estar sin agobios. De la mezquita, ya anocheciendo, he ido recorriendo las callejuelas para salir por otra puerta.
El bazar es el auténtico caos. Un calor impresionante, olores potentísimos, de repente olor a agua podrida, a rosas, a fritanga, a cuero, a basura fermentada, gasolina, motos, un "How are you friend"... Es como si el nivel de ruido llegara al máximo de saturación. Es una experiencia pasear por el bazar tan intensa que tiene algo tan brutalmente auténtico que la terminas disfrutando. En el paseo se pueden ver diferencias con India. En India todo es más colorido, aquí en Lahore es algo más apagado, no están esos tonos fucsias o naranjas de las ofrendas, los musulmanes son más de tonos apagados y los chiíes directamente es que van de negro. Otra cosa que me llama la atención es que la gente lleva muchísimo peor ver que un turista eche fotos. Las mujeres, si intuyen que puedes estar echando una foto, se tapan. En un momento que se ha cruzado un grupo de chiíes dándose golpes en el pecho, he ido a sacar el móvil y nada más verme han empezado a gritarme. Por un momento me creía que me comían, y eso que no he hecho ni la foto. Si llego a sacar la cámara, no me sorprendería que me la rompieran. Con el tema de las fotos, en India iba sin ningún problema. Aquí genera un recelo tremendo por lo que veo, asi que mejor guardada.
Ya de noche y chorreando como si me hubiera metido al agua, he llegado a una calle principal y con mi tuktuk me he vuelto al hotel. 40 minutos de tuktuk por un tráfico infernal y me han cobrado un euro. Le he dado otro de propina y el hombre pareciera molestarse incluso, no me quería aceptar la propina. Aquí hay dos aplicaciones de taxis y tuktuks: una es Yango, que fija el precio, y la otra es inDrive, que lo pones tú. Mañana voy a probar con inDrive porque, viendo lo barato que es esto y que con Yango he tardado en que me acepten el viaje, con que ofrezca un euro más debe ir la cosa rápida.
Ya en el hotel, para cenar no me la he jugado ahora que me veo bien de la barriga. Al lado del hotel tengo el primer supermercado medio normal que he visto en todo el viaje. Me he pillado queso, yogures, Gatorade, y al lado del súper, en un Subway, un bocadillo de pollo. Cero pakistaní pero 100% seguro. Aún no tengo la barriga religiosa y no quiero ponerla a prueba con las locuras que se huelen en la calle.