Aunque no suele mencionarse esta ciudad entre los lugares imprescindibles para visitar en los Dolomitas, yo le eché el ojo nada ver en una revista las fotos de las pinturas murales medievales del claustro de su Catedral. Eso no me lo iba a perder. Y no nos arrepentimos: Bresanona nos encantó.

Claro que no fue un amor a primera vista, porque cuando llegamos hacía un bochorno espantoso y nos costó muchísimo encontrar un lugar donde aparcar el coche, teniendo en cuenta que nuestro hotel estaba en plena zona peatonal del casco histórico. Tras mil y una peripecias, dimos con un “parcheggio” público junto al río Adigio, a menos de cinco minutos del centro. De pago, naturalmente.

Nos alojamos en el Boutique Hotel Badhaus, de cuatro estrellas y magníficamente situado en pleno casco histórico. Lo reservé a última hora, mediante una oferta-escapada de Booking, cuyo precio para dos noches fue de 389 euros (no reembolsable, eso sí), incluyendo tasas y desayuno. Con habitación muy amplia y confortable, nevera y aire acondicionado, también nos dieron una invitación para tomar una copa en el bar cuando nos viniera bien. Lo único negativo (no nos importó) que la ventana daba a un patio interior y el baño estaba separado en dos zonas. El edificio resulta un poco raro, pues es una construcción moderna y de varios pisos, algo que no se aprecia desde el exterior al esconderse tras construcciones tradicionales. En fin, no sé cómo explicarlo.

Mientras mi marido disfrutaba de una siesta al fresquito del aire acondicionado, yo salí a dar una vuelta. A nuestra llegada, las calles del centro estaban abarrotadas de gente, pero de repente las nubes habían copado el cielo, casi negro ya, y se había levantado un viento bastante desagradable, que, por fortuna, pasó pronto. Así que, al cabo de un rato, se me presentó el momento perfecto para turistear: sin sol, con 10 grados menos que antes y casi sin gente alrededor. Aproveché para pasear tranquilamente sin indagar todavía detalles de cada sitio.


Por la noche, salimos con la intención de cenar, pero el tiempo había vuelto a empeorar y estaba todo cerrado. Dimos una vuelta, saqué algunas fotos y ya regreso nos pilló un auténtico diluvio. Menos mal que estábamos a un par de manzanas del hotel. En cualquier caso, lo que vimos nos había gustado tanto que decidimos dedicar toda la mañana siguiente a visitar Bresanona.


Esa noche hice la reserva online (obligatoria desde este verano) para el aparcamiento del Refugio Auronzo para el domingo siguiente, pues se preveía buen tiempo.
Unos pocos datos sobre Bresanona.
Pertenece a la provincia autónoma de Bolzano y a la región Trentino-Alto Adigio. Tiene una población de unos 20.000 habitantes, cuyas dos terceras partes hablan alemán. Sus nombres oficiales son Brixen (alemán) y Bresanonne (italiano). Ubicada en la cuenca del río Usarco, en sus inmediaciones se cultivan los viñedos más septentrionales de Italia.

Se cree que su origen es celta y en los alrededores se han hallado asentamientos humanos del Paleolítico Superior y la Edad de Piedra. La zona perteneció a los romanos desde el año 15 a.C. hasta finales del siglo VI, cuando fue ocupada por los suevos. En 901, aparece mencionada por primera vez en un documento emitido por Luis III, rey de Alemania. Cuando se terminó su Catedral, en 992, los obispos se trasladaron a ella desde Saben. En el siglo XII, se completaron sus murallas. En 1803, se secularizó el arzobispado y la ciudad fue anexionada a Austria. Tras la I Guerra Mundial, pasó a formar parte de Italia.

La mañana amaneció soleada. Mientras cogía la ropa para vestirme, me di un golpe en la cabeza con el pico de una estantería (uno de esos apaños tan monos de los interioristas que solo sirven para complicarte la vida). Me mareé un poco y, al momento, la herida me empezó a sangrar bastante. Parecía que el día se iba a torcer. Tras un rato bajo el agua fría del grifo y un poco de betadine, la hemorragia cesó. No me sentía mal ni me dolía la cabeza, así que fuimos a desayunar y continuamos con nuestros planes. De todas formas, llevé a mano la tarjeta sanitaria y el papel del seguro de viaje. Afortunadamente, el pequeño percance no tuvo consecuencias mayores, aunque en lo sucesivo evité acercarme al pico de la estantería "asesina"
. Ya en exterior, me fijé en un curioso escaparate y también me hizo gracia un “perrito” con un paraguas para… ¿protegerse del sol o de lluvia de la noche anterior?

Recorriendo Bresanona.
Obviando los Museos (Diocesano, de los Pesebres, de la Farmacia), que ni centraban mi interés ni me daba tiempo de visitar, me dediqué a escudriñar sus callejuelas, sus casas y sus plazas, cuidadas y muy bonitas, valiéndome también de un sugestivo mapa que vi en un panel informativo.

Palazzo Vascovile (Palacio Diocesano).
En el Palacio del Obispo, se encuentra el Museo Diocesano. No entré a verlo, solo me asomé al patio. Enfrente, en la plaza Vascovile, está la Columna Milenaria, monumento construido en 1909 para conmemorar los mil años de fundación de la ciudad. En su cima, se halla la pequeña escultura dorada del Cordero Pascual, que figura en su escudo como símbolo de la ciudad.


Piazza del Duomo (Plaza de la Catedral).
Situada en el centro del casco histórico, en ella se encuentran la Catedral y su Claustro, la Iglesia Parroquial de San Miguel, el Ayuntamiento y una curiosa fuente en forma de pirámide de bronce sobre un pedestal de mármol que data de 1989 y representa el fluir de la vida.


Iglesia Parroquial de San Miguel y su Torre Blanca.
Se reconstruyó en estilos tardo-gótico y barroco en el lugar que ocupó una capilla del siglo XI. Lo más interesante es la Torre Blanca, su precioso campanario de granito gris, que en un principio curiosamente se denominó Torre Negra. Erigida en 1300, la devoró un incendio en 1444, siendo reconstruida más tarde en estilo gótico.

Con 72 metros de altura, es uno de los edificios más altos de Bresanona y un símbolo de la ciudad. Alberga un museo y creo se puede visitar, pero no me debió coincidir el horario porque estaba cerrada. En cambio, sí que pude entrar en la iglesia. Es gratis y merece la pena.


Enfrente, está la fotogénica Fuente de San Miguel, colocada en 1951 en el lugar donde antaño se situaba la fuente de agua potable más importante de la ciudad.

Otros lugares de Bresanona.
Además de la Catedral y su claustro con unos maravillosos frescos medievales, cuyo relato dejo para la etapa siguiente, otros lugares interesantes y muy agradables por los que perderse paseando: la calle de los Pórticos Mayores, la Vía Portici Minori o el Seminario Mayor


La Via Bastioni Maggiori, donde se encuentra la Puerta Sabiona, y la Via Bastioni Minori, con la Porta Croce o Puerta del Sol, una de las cuatro puertas de la ciudad medieval, cuyo origen se remonta al siglo XIII.


El Ponte del Aquila comunica las dos partes de la ciudad separadas por el río y también ofrece unas bonitas vistas del entorno.

Cuando me asomé por la tarde, antes de la tormenta, las aguas del río bajaban transparentes como un cristal, pero al día siguiente, se veían marrones por la tierra que arrastraban. De todas formas, las panorámicas seguían siendo muy bonitas, ahora bajo un intenso sol.

Almorzamos en un restaurante del centro, donde ofrecían risotto. Aunque no es su zona típica, nos apetecía probarlo. Pocas veces tomamos lo mismo, pero en esta ocasión, coincidimos. Pedimos ensalada, dos risottos al limone con fungi, tiramisú de postre, café y, por supuesto, vino blanco local. Nos gustó mucho todo. Por cierto que el camarero se quedó loco cuando le dijimos que queríamos comer dentro del local (vacío) y no en las terrazas (repletas), cubiertas por unos toldos que poco frescor aportaban bajo aquel tórrido sol. Nos ha pasado más veces, sobre todo el Francia.

Por la noche, después de hacer una ruta senderista que contaré en otra etapa, nos sentamos en la terraza del bar del hotel para tomar tan ricamente las copas que nos habían ofrecido como bienvenida. Tomamos sendos spritz aperol.
.Después fuimos a dar un paseo y tomé algunas fotos nocturnas para despedirnos de Bresanona, una ciudad que nos había gustado mucho y de la que guardo muy buen recuerdo pese al percance sufrido con la estantería “asesina”
.



