Después de comer, fuimos a buscar el coche (el precio del ticket del aparcamiento ascendió a 20 euros) para dirigirnos a Val di Funes, concretamente a Zanser Alm, un aparcamiento desde el que se inicia el sendero Adolf Münkel. Por la carretera, contemplamos un paisaje verde sembrado de pequeñas iglesias y presidido por las imponentes agujas pétreas del grupo Odle.



Ya por la tarde, el aparcamiento estaba más despejado y tienen la deferencia de descontar dos euros de la tarifa que se cobra por la mañana, independientemente del tiempo que pasé el vehículo estacionado allí. No recuerdo si fueron seis euros en vez de ocho, u ocho en lugar de diez.

Esta ruta senderista circular tiene 10 kilómetros de longitud, unos 400 metros de desnivel, combina los senderos 36, 35 y 6. No presenta dificultades técnicas, por lo que se considera sencilla (en verano), pero debe tenerse en cuenta la altitud por la que transcurre (entre 1.666 y 2.046 metros) y que el camino por el bosque es pedregoso, plagado de raíces y si ha llovido puede estar resbaladizo.

Aunque cuenta con carteles indicadores, las rutas son varias y muy numerosas las intersecciones, lo cual puede confundir un poco; así que lo mejor es llevar un track descargado en el teléfono. Lo recorrimos en sentido horario, pero también se puede hacer al revés. De hecho, he leído algunas opiniones de gente que lo prefiere así.

El objetivo de este sendero es surcar el bosque y, sobre todo, contemplar muy de cerca los fantásticos picos del Grupo Odle, que parecen surgir de la tierra como dedos cuyas uñas buscan arañar el cielo.Entre sus cimas, destaca el pico Geisler-Spitzen, con sus 3.060 metros de altitud.


Comenzamos el ascenso por una pista que nos llevó en una media hora a una cascada muy resultona. Giramos a la derecha y continuamos cuesta arriba hasta llegar a una pequeña laguna, desde la que ya contemplamos de cerca los Odle. El agua era de un color rosáceo tan tenue que casi se confundía con el río de piedras que alfombra la base de los picos. Un precioso panorama, que se fue tornando espectacular según nos íbamos acercando a los colosos pétreos.


Una característica de esta ruta es que tienes a tus pies el “río de piedra” formado por los “ghiaioni”, residuos de la sedimentación se acumulan en la base de las paredes a causa de su erosión.

El espeso bosque se abría de vez en cuando para ofrecernos diferentes panorámicas de los Odle, en lo que viene a ser una especie de recorrido a su alrededor. El panorama natural es tan imponente que los humanos no somos más que pequeñas motas en comparación. Nada que no sepamos ya, claro.


Llegamos hasta la placa que recuerda a Adolf Munkel, un miembro activo y líder de una asociación de senderismo que creó la ruta que lleva su nombre. Nos recordó al caso del Camino Smith, en Cercedilla.

Entonces salió el sol, las nubes dejaron paso a un cielo profundamente azul y las agujas rocosas parecieron brillar delante de nosotros.


Continuamos la ruta alternando senderos por el bosque con zonas más despejadas en las que divisábamos los picos. El panorama en directo impresionaba, pero realmente eran los mismos picos vistos desde una perspectiva que no variaba sustancialmente, así que no me voy a eternizar con el comentario ni con las fotos, pues parecerían muy similares.


Bastante rato después, llegamos al pintoresco refugio Odle, que a esas horas de la tarde ya estaba totalmente vacío. Cerca, vimos el cruce con el sendero que viene desde Santa Madalena. La parte final, con un prolongado descenso todo por el bosque, se nos hizo un poco larga.



Val di Funes y sus iglesias.
De regreso, volvimos a pasar junto a dos icónicas iglesias, la de Santa Maddalena y la de San Giovanni in Ranui, de las que se cuenta que ofrecen unos panoramas entre los más idílicos de los Dolomitas. No voy a ser yo quien lo niegue, pero lo cierto es que después de estar toda la tarde por la zona y haber hecho la ruta senderista, la luz ya no era la mejor, estábamos algo cansados y no nos apeteció pararnos. Además, a la Iglesia de San Giovanni, cuyo acceso es de pago, ya no se podía entrar. Así que me conformé con hacer una foto sobre la marcha que tampoco quedó mal.


