Turquía era uno de esos destinos que se me resistían desde hace tiempo, sobre todo me atraía mucho ir a la Capadocia. Con todo preparado, en 2008 me puse enferma y tuve que cancelar el viaje. Después no parecía encontrar un momento oportuno, aunque sí que conocí Éfeso durante un crucero de cuatro días por las islas griegas y también me alojé una noche en un hotel de las afueras de Estambul tras perder una conexión aérea.

A principios de año, cuando salieron publicadas las rutas culturales de la CAM para mayores, como solemos hacer en los últimos tiempos, mis amigas y yo trasteamos por los folletos para elegir los destinos de la temporada. Uno era Turquía, un país al que mi marido no le hacía tilín, con lo cual la forma de visitarlo estaba clara para mí. Como suelo decir, no hay mejor viaje que el que se prepara uno/a mismo/a, pero también tengo claro que en caso de no poder hacerlo así la alternativa nunca es no viajar.

En principio, pensamos en elegir la opción que incluía Capadocia y algunos lugares de la Mesopotamia turca. Sin embargo, su cercanía a la conflictiva frontera con Siria nos hizo descartar ese itinerario, que queda para otra ocasión, pues le tenemos ganas. Finalmente, nos decidimos por un circuito de 10 días, que incluía Capadocia, Konya, Hierapolis, Pamukkale, Éfeso, Esmirna y Estambul. En Google Maps, resulta más o menos lo siguiente:

Distribución del itinerario por días:
Día 1. Vuelos: Madrid-Estambul y Estambul-Kayseri (Capadocia). Noche en Nevsehir.
Día 2. Visita de Capadocia. Noche en Nevsehir.
Día 3. Mañana en Capadocia. Después del almuerzo, salía para Konya. Noche en Konya.
Día 4. Viaje desde Konya a Pamukkale. Visita de Hierapolis y castillos de algodón. Noche en Pamukkale.
Día 5. Viaje a Éfeso, después de cuya visita seguimos hasta Esmirna. Noche en Esmirna.
Día 6. Vuelo Esmirna-Estambul por la mañana. Noche en Estambul.
Días 7, 8 y 9. Estambul.
Día 10. Regreso a Madrid.

Elegimos la primera salida de la temporada, el 25 de abril. Confieso que estábamos algo equivocadas con el tiempo allí, pues pensábamos que haría bastante más calor del que nos encontramos, y, sobre todo mejor meteorología en general. No sé si tiene que ver con la primavera tan revuelta que hemos tenido en España, pero lo cierto es que las prendas de manga corta permanecieron guardadas en el interior de las maletas durante todo el recorrido, mientras que utilizamos más de lo que nos hubiese gustado paraguas, chubasqueros y jerséis.

Por mi parte, no por ser viajes organizados les presto menos atención que a los que hago por libre, así que antes de partir revisé los consejos de los hilos del foro, así como los diarios de los foreros, siempre muy interesantes, y más tratándose de un lugar tan peculiar como Estambul. Y digo peculiar porque al principio no podía sospechar que fuese un destino tan caro, sobre todo en lo referente a las entradas de los monumentos; así que fueron de mucha utilidad las experiencias compartidas. También, para evitar colas, contratamos en GetYourGuide un combo de tres entradas (Santa Sofía, Palacio Topkapi y Cisterna). Pero todo eso lo contaré en su etapa correspondiente.

Para visitar Turquía con finalidad turística, desde marzo de 2020 los españoles no necesitamos visado si la estancia no supera los 90 días en un periodo de 180. Se puede viajar con DNI o pasaporte, aunque es preferible este último. Aunque no me preocupaba porque mi documentación tenía suficiente fecha de caducidad, leí que para Turquía tanto DNI como pasaporte deben contar con una validez de al menos seis meses a partir de la fecha de entrada en el país.

Al tratarse de un país no miembro de la Unión Europea, contraté un seguro de viaje (en esta ocasión de IATI) con amplia cobertura de gastos médicos para prevenir cualquier sorpresa. También llevé una tarjeta bancaria que no me cobra comisiones para pagar en divisa diferente del euro. En Turquía, la moneda es la lira (TRY), que cambiamos a 42 liras por euro el día de nuestra llegada; pero la inflación es muy alta y la devaluación de la moneda, continua, así que el último día ya rozaba las 44 liras por euro. Por eso conviene comprobar el tipo de cambio en cada momento.

En cuanto al roaming, descubrí que las tarjetas SIM físicas son muy caras allí, con lo cual me puse a investigar otras alternativas. Como iba a utilizar el wifi de los hoteles, mis necesidades diarias se reducían a WhatsApp, navegación básica y Google Maps (imprescindible para moverse por Estambul), por lo que una tarjeta de datos ilimitados, tipo Holafly, no me salía a cuenta. Entonces, me fijé en que mi operador, DIGI, proporciona roaming en Turquía a 1 euro por GB, perfecto para lo que me hacía falta. Por cierto que Vodafone (una de nosotras lo llevaba) ofrece en Turquía roaming al precio de la tarifa habitual española. Lo que no se puede utilizar es Movistar, con un coste inasumible (al menos en el momento de nuestro viaje).

Resueltos los prolegómenos, solo faltaba esperar la fecha de la partida. Sin embargo, previamente tuvimos dos pequeños sobresaltos: primero, la detención del alcalde de Estambul, que provocó algunos problemas de orden público allí, si bien parecieron solventarse poco después. Y, lo peor, un terremoto de grado 6,2 que sacudió Estambul dos días antes de nuestra salida. Afortunadamente, se quedó en un susto y no se produjeron daños personales ni materiales en la ciudad.
