Hoy toca Samarcanda de arriba abajo. Ha llovido por la noche, ha amanecido encapotado pero de frío es aceptable.
Después del desayuno hemos ido al punto más icónico de todo Asia Central, el Registán. Para entrar al Registán hay que pagar como 7 euros por persona pero aquí tienen una mafia los de seguridad importante. En cuanto te ven asomándote por una de las verjas de la parte de atrás del Registán, se acercan, te abren la puerta y te dicen que por el precio de uno podemos pasar los dos. Entre que la entrada oficial está a un paseo largo y que el de seguridad te lo dice con una sonrisa y “special disccount” pues terminas pagándole los 7 euros que van a su bolsillo. Básicamente no te dejan otra, hasta sacan una libretilla para hacer el paripé de que te apuntan el special disccount para hacerlo oficial pero no te dan ni papel ni nada. Llevan buen cachondeo con el acceso al Registán.
A las 9:30 de la mañana nos encontramos solo en medio de la plaza del registán. Es un momento muy especial. Un conjunto monumental impresionante. En Europa tenemos conjuntos así de impresionantes pero la arquitectura del Registán es tan diferente a lo que estamos acostumbrados a ver que, para mí, la sensación se hace más abrumadora. Hemos estado un rato dándole vueltas a la plaza y luego hemos ido entrando a las madrazas. La de la izquierda, que llaman la de la astronomía, con un museo en su interior y bazares alrededor. La de los tigres con bazares en el patio y las cúpulas estriadas tan bonitas. Por último la mezquita de oro con otro museo en el interior y la mezquita en sí decorada con pan de oro por su interior hasta decir basta. En esta mezquita hay una sala en donde sale un vídeo de la reconstrucción del Registán, del antes, después y del proceso. Los soviéticos básicamente lo rehicieron entero. Estaba destrozado y en los años 70 iniciaron un proceso de reconstrucción que hace que lo que nosotros estamos viendo sea como un Registán 2.0. De ahí que se vea todo impoluto. No había ni cúpulas y muchas de las partes imagino tuvieron que deducir de documentación o dibujos antiguos porque lo que es la azulejería estaba casi desaparecida y ahora está perfecta. No sé si en Europa se llegaría a hacer un proceso de reconstrucción tan bestia a día de hoy. Varsovia se reconstruyó entera y hoy día es patrimonio de la humanidad, pero fue después de una guerra. La realidad es que la reconstrucción que hicieron quedó perfecta.
Hemos echado una horita y media entre las madrazas y la plaza y de ahí hemos salido para ir hasta el bazar. El Registán está conectado con el bazar por un paseo peatonal larguísimo. Se inicia con una estatua del primer presidente de Uzbekistán para luego ir paseando entre puestos de souvenirs y restaurantes hasta la gran mezquita de Bibi-Khanym, la mujer preferida de Tamerlan. Es una mezquita hecha a lo bestia, en su día de las mas grandes que había. Aquí pasa nuevamente como con el Registán, es una reconstrucción de los 70 que se muestra hoy en día imponente en cuanto a estructura y colores. Frente a la mezquita está el mausoleo de la que le da nombre a la mezquita.
Tras ver la mezquita nos hemos metido al bazar. Muy parecido a los que hemos visto en Tashkent o Bukhara. Dulces, panes, leches, carnes, frutas... He visto un puesto de gorros y le he preguntado cuánto pide por un gorrito de los típicos soviéticos de piel con tres solapas recogidas. Ushanka. Son chulísimos y sin duda es de los gorros que más se ven a la gente de a pie. El tío me pide 120 € así que con mucho cuidado lo he devuelto porque me está timando fijo por mucha piel de marta que sea.
Mareando por el bazar nos hemos metido a comer a un sitio de shashliks, carne a la brasa. Aquí nadie entiende inglés pero afortunadamente la carta va con fotos así que es fácil pedir. Pinchos de ternera y de cordero. La comida uzbeka está bastante buena pero también es limitadilla. Noodles, carne a la brasa, unas sopas, dumplings y deja de contar.
Después de comer nos hemos acercado a uno de los puntos que más me han gustado. La necrópolis de Shah i Zinda. Un conjunto se mausoleos, famoso por su azulejería y considerado uno de los lugares más sagrados de Uzbekistán. Hemos llegado cuando terminaba el rezo y cientos de personas, cada una con un gorro más variado, iban saliendo de la mezquita. Hay algunos abuelitos que llevan el pack de uzbeko auténtico: gorro ushanka, una especie de batín morado, que se llama chapan, y unos zapatos de cuero con la punta curva y su garrote. Sacados de una peli.
Una vez vaciada la mezquita hemos pasado a visitar la necrópolis. El sitio los soviéticos en su día lo despojaron del sentido religioso, lo reconstruyeron y cada mezquita y mausoleo lo convirtieron en museo. Cuando se independizó Uzbekistán se le devolvió el sentido religioso y a día de hoy es lugar de “peregrinación”. Hemos pasado junto a un grupo de uzbekos que iban con un imán vestido también muy auténtico. Iban parando en los mausoleos para ir rezando en conjunto. Entre los rezos y lo bonito del sitio la escena es preciosa. Al final del mausoleo se llega a donde está la tumba principal, una especie de profeta y primo de Mahoma. Aquí el imán se ha puesto a cantar mientras todos rezaban a la vez y nosotros, junto con 4 coreanas, mirábamos. Lugar santo para unos y sitio ideal para fotos de Instagram para otros.
De la necrópolis nos hemos vuelto para el alojamiento a coger un poco de calor y descansar un rato. A la tarde nos hemos acercado al mausoleo de Tamerlán. Está en la otra punta de Samarcanda. Lo malo de Samarcanda es que, aun teniendo cosas muy bonitas, cada punto de interés está muy alejado uno del otro, teniendo que andar por grandes avenidas con coches que le restan ese toque de recogimiento que puede tener Khiva o Bukhara.
El mausoleo de Tamerlán, Gur-e-Amir, merece la pena el paseo, se encuentra en un parque enorme, tranquilo. Con estatuas de unos tigres, de Tamerlán y un par de mausoleos menores. Anocheciendo nos hemos vuelto para el alojamiento pasando por el Registán iluminado y poco más por hoy.
Nos hemos acercado a cenar a un sitio al lado del alojamiento chulísimo. Old Havuz. Una especie de restaurante que por dentro es como un palacio. Esto en España al entrar sabes que te van a clavar pero aquí hemos comido nuestros dumpling, somsas, ensalada y sopa típica cada uno, con cerveza por 12 euros los dos. Brutal lo bien que se come y lo barato que es.
Mañana madrugón para ir a Tayikistán