Datos de la etapa:
Altitud ganada: 237 m
Ascenso total del día: 642 m
Descenso total del día: 420 m
Altitud máxima: 3986 m
Distancia recorrida: 6.86 km
Tiempo: 3h 30m
No lo sabíamos todavía, pero este sería el día que más fauna veríamos en todo el trek, algo que para mí siempre es un plus. El día empieza directamente con una subida a Mong La, a casi 4000 m. “La” significa paso, y Mong La podría considerarse un primo lejano (muy lejano) de los otros tres pasos que haríamos. Al poco de empezar la subida el guía nos paró y nos dijo que miráramos montaña arriba: había un grupo de tahrs muy cerca del camino. Esta especie de cabra del Himalaya es muy vistosa, sobre todo los machos con su cabellera leonina. Son endémicos del Himalaya pero yo los conocía de Nueva Zelanda, donde hoy en día se consideran peste y está permitido cazarlos (y su carne está muy cotizada).


Himalayan Tahr
El camino que sube hacia Mong La es la ruta que sigue hacia Gokyo Lakes, para los que suben por este valle en lugar de atravesando uno de los dos pasos (Cho La o Renjo La). La subida hasta Mong La es bastante gradual y llevadera, pero hay que ir despacio porque a casi 4000 m se empieza a notar mucho la altitud. Tardamos 1h 40m en llegar, y por el camino, a parte de los tahr, vimos varios buitres volando bien arriba. Mientras vas subiendo tienes muy buenas vistas de Phortse, al otro lado del valle, que es donde íbamos a dormir, y te das cuenta de que es uno de esos días de bajar para volver a subir… También se ve muy bien Tengboche, con Ama Dablam a la espalda, en una estampa parecida a lo que ya habíamos visto los días anteriores.

Phortse visto desde la subida a Mong La (que se ve en la esquina superior izquierda)

Tengboche y Ama Dablam
Al llegar arriba merece la pena parar a tomar algo caliente en alguno de los restaurantes. Hacía otro día de sol espléndido y aprovechamos para sentarnos fuera al sol y calentarnos con un buen ginger lemon honey tea (300 r). Nada más pasar Mong La empieza la bajada hasta el río, que tiene un poco más de pendiente que la subida y puede resultar dura con las rodillas. En este tramo había bastante polvo, algo a lo que nos tendríamos que acostumbrar rápido porque solo iba a ir a peor los próximos días. Cuando por fin llegas al río te desesperas un poco al pensar que ahora toca subir todo lo que acabas de bajar…

Mong La

Phortse, tan cerca y tan lejos
En este punto es donde se separan los dos caminos: si continuas valle arriba hacia Dole y Macchermo llegas a Gokyo, y si cruzas el puente y empiezas el ascenso llegas a Phortse. Nosotros cruzamos y la subida hasta Phortse se me hizo bastante pesada, quizás porque era en bosque y no había muchas vistas. Tardamos una hora justa en subir hasta Phortse, y para entrar al pueblo se atraviesa uno de esos “portales” típicos tan coloridos que en realidad son altares budistas con las prayer wheels a cada lado. Para cuando llegamos arriba ya se habían metido las nubes y el pueblo estaba ya casi cubierto de ellas.

Entrando a Phortse

Phortse
El bosque de los alrededores de Phortse es uno de los mejores sitios del trek para avistar animales, y así fue: nada más atravesar el altar, el porter, que iba delante, nos dijo que fuéramos despacio y en silencio porque había un ciervo junto al camino. Pero no un ciervo cualquiera, sino un musk deer o ciervo almizclero, que tiene unos colmillos enormes. No había visto uno nunca y me pareció súper curioso. También vimos un Himalayan monal o danphe, que es como un pavo real de colores muy vivos y pájaro nacional de Nepal, pero se largó corriendo y no me dejó hacerle fotos.


Musk deer
Nos fuimos derechos al lodge, el Little Sherpa Hotel. La habitación estaba bien, con doble cristal y baño propio (aunque era sólo el inodoro, sin lavabo ni grifo). Comimos Dal Bhat (800 r) y después de comer el guía nos propuso acercarnos a visitar el Khumbu Climbing Center, una mezcla de museo y rocódromo fundado en 2003 que hace cursos de montañismo y escalada. Es una visita rápida y curiosa, y se puede usar el rocódromo (no recuerdo cuánto costaba pero no era mucho). Cuando salimos era ya casi de noche y el pueblo estaba completamente metido en nubes, y hacía bastante frío, pero yo que soy muy cansina y sabía que el crepúsculo es buen momento para buscar bichos dije que me iba a asomar al camino que bordea el pueblo y que da al bosque, a ver si había suerte. El guía se volvió al hotel y Dani se vino conmigo de safari, y vimos un montón de danphes, que esta vez sí se dejaron hacer fotos. Como pasa con el pavo real, el macho es que tiene esos colores espectaculares y la hembra es más marrón, aunque con un azul muy bonito alrededor de los ojos.


Danphes
El frío acabó venciéndonos y nos fuimos de vuelta al hotel, ya casi a oscuras a pesar de ser poco más de las 4 de la tarde. Se me había puesto un dolor de cabeza bastante pesado, algo que sería recurrente durante varios días, seguramente como resultado de la altitud pero también ayudado por el sol tan fuerte que había (tengo una relación de amor/odio con las gafas de sol: no puedo vivir sin ellas pero me sientan fatal y me suelen dar dolor de cabeza). La saturación estaba al 85%, que era aceptable. Pasamos el resto del día tranquilos en el comedor, bebiendo ginger lemon honey. Éramos 10 trekkers en total esa noche. Se notaba mucho el frío, debía ser por las nubes y la falta de sol a última hora, y cenamos sopita caliente (650 r).