Templo de Philae (Filé).
Horario del templo de Phile: abre a las 07:00 am; la última entrada, 03:00 pm.
Precio de adultos, 550 EGP; estudiantes, 275 EGP.

El Templo de Filé es uno de esos lugares mágicos que no hay que perderse. Además, el hecho de llegar en barco añade un plus a la experiencia. En esta ocasión, teníamos incluido el espectáculo nocturno de luz y sonido. Naturalmente, es mejor ver el templo de día que de noche, pero la otra vez ya lo visitamos por la mañana, recorriéndolo con mucha tranquilidad, pues ganamos aquí el tiempo que ahorramos al no ir a Abu Simbel. Las fotos que pongo de día son de aquel primer viaje.

Una de las cosas más bonitas de este templo es cuando lo ves por primera vez desde el barco. Yo lo recuerdo con mucho cariño, pues fue la primera imagen que tuve de un templo egipcio.


La Isla de Filé, lugar de culto de Isis, fue un importante centro de peregrinación para sus fieles. Desde allí, la diosa custodiaba la tumba de su esposo, Hosiris, en la cercana isla de Biga. Fue el último lugar donde se practicó la religión egipcia antigua y en la Puerta de Adriano figura la última escritura jeroglífica registrada, que data de 394, así como la última inscripción en demótico, de 452. El emperador Justiniano ordenó su clausura en el año 537.

La Presa de Asuán (1898-1902) dejó los templos sumergidos en parte y los visitantes los recorrían en barcas. Con la construcción de la Gran Presa (1960-1971), se puso en marcha la iniciativa de la Unesco para salvar varios monumentos nubios de quedar bajo las aguas, y la isla de Agilika se acondicionó con el mismo aspecto que la de Filé para acoger el templo de Isis y otras estructuras. Actualmente, los barcos dejan a los turistas muy cerca del Pabellón de Nectanebo, que no fue el primer edificio de la isla pero si el más antiguo que se conserva hoy en día, cuyo origen se remonta al siglo IV a. C.


Una explanada cerrada por un pórtico de capiteles conduce al primer pilono, construido por Ptolomeo XII Neo Dionisos con escenas en las que aparece matando a sus enemigos en presencia de Isis, Horus y Hathor. El interior es muy interesante, con los muros repletos de relieves. El templo también alberga la última inscripción en jeroglífico que se conoce.

Una vez visto el templo, merece mucho la pena dar un buen paseo por la isla, contemplando otras construcciones, como el pequeño Templo de Hathor, con relieves de músicos, el Pabellón de Trajano, con sus catorce columnas y escenas del emperador quemando incienso frente a Isis y Osiris. Al norte, están los restos del templo de Augusto y de la Puerta de Diocleciano.
Espectáculo nocturno en el Templo de Filé.
Teníamos reserva en la sesión de las siete de la tarde, así que salimos del barco con nuestro guía una hora antes. Primero, fuimos en coche hasta el embarcadero, donde está el acceso principal; ya en el bote, asistimos a una resultona puesta de sol.


Desembarcamos frente a un patio con asientos para el final del espectáculo, que no recuerdo que estuvieran la otra vez. No obstante, tuvimos que situarnos frente al primer pilono, ya que durante la función hay que moverse por distintos escenarios que se iluminan con diferentes colores según se relata la historia. La sesión era en francés, pero llevábamos audio-guías en español que funcionaron bien.



A lo largo de casi una hora fuimos escuchando un emotivo diálogo entre Isis y el Nilo. Aunque ya habíamos oído algunas de las historias por parte de nuestros diferentes guías, estuvo interesante ya que fue un resumen de la historia del antiguo Egipto y sus deidades, incluyendo el salvamento de los templos nubios tras la construcción de la Gran Presa. La iluminación está bastante lograda, pero en mi opinión no supera la visión del templo con la luz del sol, así que solo lo recomendaría si ya se ha visto la isla y sus templos de día.


Un paseo nocturno por el centro de Asuán.
Después de cenar, nuestro guía se ofreció a acompañarnos al centro de Asuán para dar un paseo. Se acababan de suspender las restricciones de luz con motivo de la guerra, así que la animación era extrema entre los habitantes de Asuán, que se movían a sus anchas en los mercados, que cobran una vida inusitada por la noche. Todas las tiendas, los talleres, los cafés estaban abiertos, cada cual en sus ocupaciones: los niños jugando en las calles, los hombres trabajando en sus talleres y sus tiendas, las mujeres comprando... Y es que el calor es tan fuerte de día, que se vive cuando el sol se oculta.



Las fotos nocturnas no me han salido especialmente bien, así que solo pretendo que muestren un poquito el maremagnum de gente que transforma la ciudad cuando llega la noche; además siendo jueves. Y así me apetece recordar Asuán.



También visitamos la Mezquita Tabea, situada en lo alto de una pequeña colina. Aunque no es muy antigua, pues data de 1974, nos gustó entrar a verla y ofrece buenas vistas del exterior, justamente sobre el mercado.


Después tuvimos el enganchón del viaje con el guía, que nos llevó sin advertirnos primero a una tienda de especias y hierbas medicinales, donde nos prepararon una demostración personalizada con degustación de varios productos. Independientemente de que terminásemos comprando un par de cosas casi por compromiso, mi marido se enfadó mucho por la forma casi clandestina con que el guía nos introdujo en la tienda: le dijo unas palabras y le exigió que nos llevase al barco sin habernos sentado en un bar para tomar una bebida egipcia a la que quería invitarnos, lo que al guía le sentó como un tiro. Tras un buen rato de cruce de "opiniones" en la terraza de la motonave, donde le dejamos claro que los compromisos se han que cumplir, pues que aquel paseo había sido cosa suya y no un tour de la agencia, por lo cual debía prevalecer la petición de no ir a tiendas que le hicimos a él, admitió que se había equivocado. Al final, recuperamos la buena relación (son buena gente, pero les cuesta librarse de ese afán de mercaderes que llevan dentro) y pudimos deleitarnos con la estupenda iluminación que ofrece Asuán por la noche.
