Ya antes de partir para Egipto comprendí que este día tendría que haber sido de otra manera, reservando una noche de estancia en Alejandría y haciendo las visitas por libre; pero cuando caí en la cuenta de que la antigua capital egipcia tenía muchas más cosas interesantes de lo que pensábamos en un principio, el itinerario estaba cerrado y no se podía cambiar.

La agencia me pidió 180 euros por persona por la excursión privada de un día a Alejandría desde El Cairo. Yo la contraté por menos de ese precio para los dos, con entradas, guía de habla española y almuerzo incluido a través de Viator. A las seis de la mañana, el conductor y el guía nos esperaban en la puerta principal del hotel con un buen coche. Antes de salir, tomamos un café en la habitación con los bollos que habíamos comprado la noche anterior.

La distancia entre El Cairo y Alejandría es de 219 kilómetros, unas dos horas y media en coche por autopista, aunque nosotros tardamos casi tres puesto que nos detuvimos a mitad de camino en una estación de servicio para estirar las piernas, ir al baño y tomar un café. Antes de dejar El Cairo, vimos un grave accidente: un atropello de una mujer que parecía haber fallecido. Un horror ver a la gente cruzar las autovías de lado a lado entre los coches que pasan a toda velocidad.
Itinerario de El Cairo a Alejandría según Google Maps.


El guía era un joven cuyo sueño es abrir un restaurante en Madrid. Amaba Madrid, aunque nunca había estado allí. Preguntaba muchas cosas de España y le llamó sumamente la atención que aquí ya apenas se utilicen los burros ni otros animales en las tareas del campo. También le comenté que las protectoras de animales quedarían horrorizadas si viesen la gran cantidad de perros callejeros que deambulan a su suerte por todas partes en Egipto. Queramos o no, la diferencia en el modo de vida y las distancias culturales se aprecian a simple vista tanto para lo malo como para lo bueno.

Alejandría está situada al norte de Egipto, en la zona más occidental del delta del Nilo, sobre una colina que separa el lago Mariout del mar Mediterráneo, a lo largo de unos 40 kilómetros de costa. Es la segunda ciudad más importante de Egipto después de El Cairo y la más grande del Mediterráneo, con una población de cinco millones de habitantes. Fundada por Alejandro Mago en el año 331 a.C., pronto se convirtió en un puerto estratégico así como en el centro cultural del mundo antiguo. Fue famosa sobre todo por su Faro, una de las siete maravillas del mundo antiguo, y por su Biblioteca, la más grande de su época.

El Faro fue construido en el siglo III a.C., durante el reinado de Ptolomeo II, para servir como punto de referencia del puerto y como faro, con una altura estimada de 100 metros. Resultó gravemente dañado por tres terremotos entre los años 956 y 1323, quedando en ruinas finalmente. En 1480, sus últimas piedras se utilizaron en la construcción de la fortaleza de Qaitbey, en el mismo emplazamiento. En 1994, un grupo de arqueólogos franceses localizó enormes bloques de piedra sumergidos en el mar, pertenecientes al faro.

La Gran Biblioteca de Alejandría también se fundó en el siglo III a.C. y no tardó en convertirse en uno de los mayores centros de difusión del conocimiento en la Antigüedad. Aunque se desconoce su número exacto, se estima que pudo albergar casi medio millón de volúmenes literarios, académicos y religiosos. Aunque su destrucción definitiva se produjo a causa de un incendio accidental por parte de Julio Cesar en el año 48 a.C., parece que la Biblioteca llevaba varias decenas de años en declive.

En esta excursión, llevábamos varias visitas incluidas.
Catacumbas de Kom el Shogafa.
Horario: abre a 09:00 am; última entrada, 04:00 pm.
Precio: adultos, 200 EGP; estudiantes, 100 EGP.

Se trata de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la ciudad y forman parte de la Siete Maravillas de la Edad Media. Tienen un diseño similar a las catacumbas cristianas de Roma y se encuentran en la calle Bab el Molouk, en el barrio Karmouz.

La necrópolis consta de varias tumbas, estatuas y otros artefactos del culto funerario faraónico con influencias helenísticas e imperiales romanas, sobre todo en lo relativo a los bajorrelieves.

Cuando se descubrieron, sus dos niveles inferiores estaban sumergidos; ahora solo lo está el más bajo. Comprende tres niveles con varios pasajes: vestíbulo, antecámara, cámara funeraria y nichos excavados en la roca. La entrada a la cámara mortuoria está decorada con temas griegos y en su interior hay tres nichos cada uno con un sarcófago de piedra. El techo se apoya en cuatro columnas y en las paredes aparecen los dioses Anubis y Tot.



El exterior, también es muy interesante, pues reune numerosas piezas arqueológicas de varias épocas, así como la Tumba Tigran, que conserva bonitas pinturas murales.




Confieso que me quedé gratamente sorprendida al ver estas catacumbas. Me pareció una visita muy interesante, que también se puede aprovechar para recorrer el barrio popular donde se encuentra, bastante diferente de la zona del Paseo Marítimo, más elegante y occidental. Me llamó mucho la atención un mercado donde se vendían gran cantidad de aves vivas, apiñadas en cajones y jaulas (en la única foto que me quedó bien, parece que son pocas, pero las había a cientos). Pensé que era algo que no se hacía tras lo que pasó con el Covid; pero, claro, esto es África, de nuevo para lo bueno y para lo malo.



Después teníamos que haber ido a visitar el Anfiteatro Romano, pero no sé qué historias nos contó el guía; el caso es que lo pasamos por alto y vimos otros restos de la época romana.


Ciudadela de Qaitbay.
Horario: invierno, abre a 09:00 am; última entrada, 05:00 pm; verano, abre a las 09:00 am, última entrada, 07:00 pm.
Precio: adultos, 200 EGP; estudiantes, 100 EGP.

Fue construida por el sultán mameluco Al-Ashraf en el siglo XV, con la intención de proteger Alejandría de la amenaza otomana y de otros invasores. Está situada en el mismo emplazamiento del antiguo faro, parte de cuyos restos se utilizaron para edificar el fuerte.

Se trata de un ejemplo notable de la arquitectura militar mameluca. Visitamos su interior, con patios, pasadizos, una mezquina y una de las torres. Está en proceso de restauración. Tiene buenas vistas, pero no tan espectaculares como me esperaba por culpa de las obras.


Mezquita de Abu al-Abbas.
Situada en el barrio de Anfoushi, cerca de la ciudadela, contiene la tumba del maestro sufí Abu al-Abbas al-Mursi, nacido en Murcia en 1219 y muerto en Alejandría en 1287. Entramos a ver su interior.

Tuvo mucha influencia en esa corriente islámica hasta el punto de que le fue dedicada la mezquita más importante de la ciudad, cuyo origen se remonta a 1307, si bien fue remodelada varias veces, la última en 1929, inspirándose en la arquitectura del Viejo Cairo.

En el exterior, junto a esta mezquita, formando un vistoso conjunto, hay otras mezquitas, si bien no tan importantes históricamente como la de Abu al-Abbas.


Nueva Biblioteca de Alejandría.
Fue inaugurada en 2002 cerca del emplazamiento de la histórica Gran Biblioteca, junto al malecón de la ciudad, con unas vistas muy bonitas sobre la corniche y el Mediterráneo. Presenta un techo de cristal inclinado de 160 metros de diámetro que evoca un disco solar. La pared exterior está tallada con caracteres de todos los alfabetos conocidos. El proyecto, auspiciado por la Unesco, busca revivir el espíritu de la antigua biblioteca como centro de aprendizaje universal.




Entramos a ver el interior, que es impresionante. La sala de lectura tiene 11 niveles y tiene una capacidad de hasta ocho millones de libros; actualmente alberga dos millones de libros, cincuenta mil mapas y cien mil manuscritos y pieza audiovisuales. Incluye una biblioteca principal, bibliotecas especializadas, cuatro museos, un planetario y salas de exposiciones.


Almorzamos en un restaurante de comida local, frente a la corniche, contemplando el Mediterráneo. Además de unas ensaladas con diversos aderezos, tomamos el tradicional khusari, el plato nacional egipcio, una mezcla de arroz, lentejas, garbanzos y pasta, cubierto por una salsa de tomate con especias, vinagre de ajo y cebolla frita crujiente. En mi caso, le añadieron tiras de hígado de ternera (me lo ofrecieron y acepté). Hubiésemos preferido tomar pescado. Comprendí que habría sido mejor no llevar el almuerzo incluido.

Había mucha gente en la corniche, paseando y contemplando el mar, de hermosos tonos turquesas. Nos hubiera gustado estar más tiempo allí, pero teníamos que regresar a El Cairo. Una pena no haber pensado antes hacer una noche en Alejandría, pues también eché de menos visitar el Museo Greco-Romano. En fin, mejor poco que nada, con lo cual no nos arrepentimos de haber contratado el tour; pero se nos quedó corto.



Alejandría nos gustó, aunque esperábamos quizás una ciudad más occidental, y no tanto en su aspecto como por la apariencia de su calidad de vida, pues la limpieza y el estado de las casas deja bastante que desear, con multitud de desconchones e incluso escombros detrás de los edificios elegantes que dan al Paseo Marítimo. Eso sí, para el turista es una ciudad mucho más tranquila que El Cairo, Luxor o Asuán, sin vendedores o caleseros que te requieran a cada paso.

