Era nuestro último día en Asuán, pero como el avión hacia El Cairo no salía hasta las 19:20, disponíamos de casi todo el día libre allí. Eso sí, tuvimos que abandonar el camarote a las 8 de la mañana, justo después de desayunar. Por lo demás, pudimos utilizar sin problemas el resto de las instalaciones de la motonave. La mañana amaneció bochornosa y con calima.

Para ese día libre, rechazamos varias opciones que nos había ofrecido nuestro guía, del que nos despedimos la noche anterior. Las visitas al Pueblo Nubio y a la Gran Presa ya las habíamos hecho en nuestro anterior viaje y para ir al Museo de Nubia o al Hotel Old Catarat no necesitábamos el taxi que se ofreció a conseguirnos por el "módico" precio de 22 euros, pues tampoco nos dejamos impresionar por sus advertencias de que ir hasta allí andando podía ser peligroso por la presencia de sudaneses borrachos que a veces robaban a los turistas
. En fin…

Salimos del barco en dirección contraria al Museo, que sabíamos está a muy poca distancia del Hotel Old Catarat. Era viernes, por tanto festivo en Asuán. Un par de caleseros nos fastidiaron un poco el paso al principio, pues no había manera de que nos dejasen en paz, ya que éramos los únicos turistas que surcaban la Corniche a esa temprana hora de la mañana. Al final, les dimos esquinazo. Tuvimos que bregar con taxistas, barqueros y algún vendedor, pero en cuanto les decías que no te dejaban en paz. Así que, igual que en Luxor, los peores son con mucha diferencia los conductores de las calesas.


Museo Etnográfico del pueblo de Nubia.
Pasamos frente a la Catedral Copta Ortodoxa del Arcángel San Miguel y tras superar el Hotel Old Catarat, llegamos al Museo de Nubia, un ambicioso proyecto arquitectónico y cultural, con una superficie de 50.000 m2, de los que 7.000 corresponden al edificio en sí y el resto a jardines, cuyo recorrido dejamos para el final.



El edificio principal cuenta con tres plantas para exposiciones, una biblioteca y un centro de información. La parte más importante está destinada a piezas monumentales que reflejan el desarrollo de la cultura y a civilización del pueblo nubio.
Maqueta de los templos nubios.




Se exhiben en orden cronológico y por fases, desde la prehistoria hasta la época islámica, pasando por el neolítico y los periodos faraónico, griego, romano, bizantino y copto. Suman más de 3.000 objetos y los paneles informativos están escritos en árabe y en inglés.


Además, se exhibe una maqueta enorme, con figuras a tamaño natural, en la que se refleja la vida cotidiana del pueblo nubio.

Por si eso fuese poco, tuvimos la suerte de ver una exposición temporal dedicada a los hallazgos de una misión de cooperación de la Universidad de Jaén, que nos dejaron con la boca abierta. Una maravilla.




Después dimos una vuelta por los jardines. La parte más cercana al edificio principal se encuentra en buen estado, con algunas piezas notables expuestas, como la Estela de Horsitef, rey de Kush, quien se cree que gobernó entre el 404 y el 369 a.C. También hay un mirador hacia el Nilo, la réplica de la Playa de Nabta y lo que parece que fue un santuario. Aquí los jardines están abandonados, con los canales secos y deteriorados. Una lástima.

De todas formas, el Museo nos gustó mucho y, al menos en nuestra opinión, merece la pena acercarse a verlo.

