Hoy me tocó a mí ser el primero. De todas formas, cada día nos cuesta más levantarnos de la cama. Afuera está nevando; y cómo. Perece además que lo ha estado haciendo durante toda la noche. Tras la ducha, y mientras Iraitz estaba en ello, he estado viendo un poco la tele; parecía Star Trek o algo así, al menos reconocí a Martin Landau, muy joven por cierto. Bajamos a desayunar a las 9:50, rozando la hora; aunque ha habido alguno que ha aparecido después. Buen banquete, ojeada de periódico (sin entender ni papa), subimos por las mochilas, y bajamos más perezosos que nunca.
Guardamos las mochilas en el maletero del coche y nos vamos a pie calle abajo, primeramente a la enorme librería/cafetería que hace esquina entre la cuesta de ayer y la calle principal. Vemos que es costumbre (buena añadiría yo) mezclar el concepto de librería con la posibilidad de tomar algo caliente; en Reykiavik ya vimos dos de éstas, y además cierran más tarde que los otros comercios. Y sigo con lo mío, qué grande que en un país de poco más de 300.000 habitantes se empleen recursos para traducir tantas obras y que además se puedan adquirir montones de libros en inglés. Impensable en casa, donde no sólo estamos en manos de iletrados que desprecian su propia lengua sino que además consideran un gasto superfluo el mantenerla.
Hemos estado un buen rato mirando libros, postales…y de paso a gusto con el calorcito. Salimos por fin, y aunque está nevando sin parar, ni cuaja en las aceras ni en la carretera. Hemos echado un ojo en la tienda de camisetas que vimos cerrada ayer, y aunque había diseños majos, al final no ha caído nada. Después de patear un rato, de vuelta al coche nos hemos detenido en el 10/11 para coger un par de botellas, chocolate…y un mechero; ¡Ay estos fumadores!
Hemos tomado la carretera 82, hacia Dalvik, pero al cuarto de hora hemos decidido dar media vuelta, puesto que estaba toda la carretera absolutamente nevada, y que queréis que os diga, no me fiaba ni media del barranco que teníamos a la derecha. De todas formas, es la leche con qué confianza anda la gente por estas carreteras, y con coches normalitos, nada de 4x4. Media vuelta pues y a la Ring Road de nuevo. Comienzo de la pesadilla de hoy.
Me he confiado demasiado, tanto con el consumo del coche como con las gasolineras. Antes de terminar de subir Öxnadalsheiði ya hemos entrado en reserva, se ha encendido el aforador y me ha entrado el acojono. No quería pensar en quedarnos tirados por falta de combustible; empezar a dar parte en nuestro inglés “académico”, el retraso, la tensión, y la posible sanción que nos pudiera caer…Hemos bajado todo el puerto prácticamente sin pisar el acelerador, gasto 0, pero al llegar al llano había que cambiar de táctica; a 60 con marchas largas y sin pisar demasiado el freno. Iraitz me ha visto tenso, se ha hecho cargo de la situación y me ha dejado hacer. Casi no nos hemos percatado que la nieve ya no nos acompaña, que las llanuras están limpias. La gasolinera no llegaba…hasta que tras 60 o 70 kilómetros, hemos llegado a un pueblo, Varmahlið, y hemos topado una N1. Por lo visto no hemos sido los únicos, pues había unos cuantos más repostando; estaba llena. Con tanto peso quitado de encima, estacionamos y entramos a la cafetería a pasar por el servicio y tomar un chocolate caliente…un poco de relax por favor. En las paredes de la cafetería hemos visto unos dibujos de formaciones de basalto, le hemos preguntado a la camarera y nos ha dicho que es por aquí cerca, en un pueblo llamado Hofsós, al norte por la 76. Allá que vamos.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Llegamos en unos 20 minutos y no vemos nada parecido a lo del dibujo; algunas formaciones si que logramos ver desde arriba, pero ni eran tantas ni eran de fácil acceso. En el pequeño puerto en cambio, tres casas negras muy curiosas si que hacían recomendable la estirada; pero mucho viento y rachas de lluvia.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Basalto
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Hofsós
Volvemos por la 76, y tomamos una desviación a la izquierda, por la 767, hacia Hólar, que según la guía merece la pena. Se trata de un pequeño pueblo en el que, en el siglo XII, se estableció el obispado del norte de Islandia, que perduró hasta el XIX. La iglesia está construida con piedras de los montes cercanos; es curioso pues hasta ahora el templo y el campanario los habíamos visto en una misma estructura, pero en este caso, son dos edificios aparte. Bajo el altar de la iglesia se encuentra la tumba de Jón Arason, último obispo católico, muerto en 1550 por no abrazar la reforma.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Vistas de Hólar
Ya no llueve pero hace un viento y una rasca de cuidado, por lo que volvemos a la carretera 1, y dejando atrás Varmahlið, llegamos hasta Blönduós. Hemos dado varias vueltas por el pueblo del que sólo destacaríamos una iglesia moderna (estilo Reykiavik o Akureyri) en lo alto de un cerro. Continuamos por la 1 hasta tomar la 59. Objetivo Búðardalur. Tenemos entendido que hay alojamiento allá. Empezamos bien la 59, pero hace frío (-2/-3ºC) y la carretera está nevada, medio helada; trafico casi inexistente, pero decidimos seguir adelante. En una de estas, nos viene de frente un trailer a muy buena marcha. El chofer y el copiloto se ríen de nosotros, supongo que por la cara de susto que hemos puesto cuando les hemos visto venir. Si viene un trailer es que la carretera no está tan mal por ahí adelante.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
La nieve ha desaparecido según hemos terminado de descender el puerto, pero sigue el frío, -1/-2ºC. La 59 se junta con la 60, y llegamos a Búðardalur. Por lo visto debe haber un sitio para dormir, según la guía, y lo hemos encontrado cerrado a cal y canto. No había signos de vida, y en el suelo, al lado de la puerta había un cartelito que decía “Lokid”. Bien. Además no hay un alma para preguntar, el pueblo parece vació; incluso la comisaría junto a la cual hemos aparcado el coche, está desierta. Por cierto, aquí a la policía se le llama “lögreglan”. Directos al auto, pues aparte del frío, pega un viento malo malo.
Un poco más arriba en el plano, en Laugar, aparece un hotel Edda. Son 16 kilómetros, pero bueno, allá que vamos. Hemos visto cómo se acercaba la tormenta, e incluso hemos discurrido a través de ella.
Llegamos a Laugar, y encontramos muy fácilmente el Edda, pues es un pueblo muy pequeño y el hotel destaca claramente sobre el tamaño del mismo. ¿El hotel? Cerrado del todo. ¿Qué hacer? Pues viendo que son las 19:30, que pronto empezará a oscurecer y que nuestra intención es ir mañana hacia la zona de Snæfells, pues enfilamos hacia allá, a ver qué encontramos en el camino. 2000 IKR en Búðardalur para que no nos ocurra como antes, y por la 54 hacia Stykkishólmur.
He de confesar que he disfrutado como un enano conduciendo por esta carretera. Sólo nos hemos cruzado con un coche en todo el trayecto; la inmensa mayoría del recorrido era pista sin asfaltar pero los paisajes y la puesta de sol han sido magníficos. Me lo he pasado muy bien, ¡y sin pasar de 90 km/h eh! En momentos como este da gusto tener carné de conducir, y manejar un auto en condiciones.
Llegamos a oscuras a Stykkishólmur. Según la guía había varias opciones de alojamiento, pero nos dirigimos directamente a un edificio grande con un rótulo luminoso que dice Hotel. El parking está sorprendentemente lleno. Entramos y nos dicen que la habitación son 14080 IKR. Decimos que sí. Las cenas son hasta las 21, y como son menos diez, vamos directamente al restaurante. Ya tiene pinta de que están empezando a recoger, por lo que pedimos un par de hamburguesas y una sopa (¡¡4350 IKR!!).
Mientras cenamos, vemos cual es el motivo del llenazo del parking: Un espectáculo en una de las salas del hotel. Ha terminado mientras hacíamos honores a la cena, y la gente se ha empezado a ir. Para cuando hemos salido a recoger los bártulos al coche, más de la mitad del aparcamiento ya estaba libre.
Aunque es noche cerrada, las vistas desde la habitación (la 213) son muy buenas; el olor en cambio…y esta vez no es por el sulfuro, es amoniaco. Gran televisor último modelo, pero con la antena jodida. Vemos Mary Poppins bajo la “nieve”. Ahora, las 23, a escribir alguna postalita, que se me va acumulando el curro.
Lecciones de hoy: 1- En lugares desconocidos, no tentar a la suerte con el combustible; no sabes dónde puede estar el siguiente surtidor.
2- Aunque en las guías y mapas aparezcan hoteles señalados, hay que tener en cuenta que muchos de ellos no están abiertos durante todo el año.
Guardamos las mochilas en el maletero del coche y nos vamos a pie calle abajo, primeramente a la enorme librería/cafetería que hace esquina entre la cuesta de ayer y la calle principal. Vemos que es costumbre (buena añadiría yo) mezclar el concepto de librería con la posibilidad de tomar algo caliente; en Reykiavik ya vimos dos de éstas, y además cierran más tarde que los otros comercios. Y sigo con lo mío, qué grande que en un país de poco más de 300.000 habitantes se empleen recursos para traducir tantas obras y que además se puedan adquirir montones de libros en inglés. Impensable en casa, donde no sólo estamos en manos de iletrados que desprecian su propia lengua sino que además consideran un gasto superfluo el mantenerla.
Hemos estado un buen rato mirando libros, postales…y de paso a gusto con el calorcito. Salimos por fin, y aunque está nevando sin parar, ni cuaja en las aceras ni en la carretera. Hemos echado un ojo en la tienda de camisetas que vimos cerrada ayer, y aunque había diseños majos, al final no ha caído nada. Después de patear un rato, de vuelta al coche nos hemos detenido en el 10/11 para coger un par de botellas, chocolate…y un mechero; ¡Ay estos fumadores!
Hemos tomado la carretera 82, hacia Dalvik, pero al cuarto de hora hemos decidido dar media vuelta, puesto que estaba toda la carretera absolutamente nevada, y que queréis que os diga, no me fiaba ni media del barranco que teníamos a la derecha. De todas formas, es la leche con qué confianza anda la gente por estas carreteras, y con coches normalitos, nada de 4x4. Media vuelta pues y a la Ring Road de nuevo. Comienzo de la pesadilla de hoy.
Me he confiado demasiado, tanto con el consumo del coche como con las gasolineras. Antes de terminar de subir Öxnadalsheiði ya hemos entrado en reserva, se ha encendido el aforador y me ha entrado el acojono. No quería pensar en quedarnos tirados por falta de combustible; empezar a dar parte en nuestro inglés “académico”, el retraso, la tensión, y la posible sanción que nos pudiera caer…Hemos bajado todo el puerto prácticamente sin pisar el acelerador, gasto 0, pero al llegar al llano había que cambiar de táctica; a 60 con marchas largas y sin pisar demasiado el freno. Iraitz me ha visto tenso, se ha hecho cargo de la situación y me ha dejado hacer. Casi no nos hemos percatado que la nieve ya no nos acompaña, que las llanuras están limpias. La gasolinera no llegaba…hasta que tras 60 o 70 kilómetros, hemos llegado a un pueblo, Varmahlið, y hemos topado una N1. Por lo visto no hemos sido los únicos, pues había unos cuantos más repostando; estaba llena. Con tanto peso quitado de encima, estacionamos y entramos a la cafetería a pasar por el servicio y tomar un chocolate caliente…un poco de relax por favor. En las paredes de la cafetería hemos visto unos dibujos de formaciones de basalto, le hemos preguntado a la camarera y nos ha dicho que es por aquí cerca, en un pueblo llamado Hofsós, al norte por la 76. Allá que vamos.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Llegamos en unos 20 minutos y no vemos nada parecido a lo del dibujo; algunas formaciones si que logramos ver desde arriba, pero ni eran tantas ni eran de fácil acceso. En el pequeño puerto en cambio, tres casas negras muy curiosas si que hacían recomendable la estirada; pero mucho viento y rachas de lluvia.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Basalto
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Hofsós
Volvemos por la 76, y tomamos una desviación a la izquierda, por la 767, hacia Hólar, que según la guía merece la pena. Se trata de un pequeño pueblo en el que, en el siglo XII, se estableció el obispado del norte de Islandia, que perduró hasta el XIX. La iglesia está construida con piedras de los montes cercanos; es curioso pues hasta ahora el templo y el campanario los habíamos visto en una misma estructura, pero en este caso, son dos edificios aparte. Bajo el altar de la iglesia se encuentra la tumba de Jón Arason, último obispo católico, muerto en 1550 por no abrazar la reforma.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Vistas de Hólar
Ya no llueve pero hace un viento y una rasca de cuidado, por lo que volvemos a la carretera 1, y dejando atrás Varmahlið, llegamos hasta Blönduós. Hemos dado varias vueltas por el pueblo del que sólo destacaríamos una iglesia moderna (estilo Reykiavik o Akureyri) en lo alto de un cerro. Continuamos por la 1 hasta tomar la 59. Objetivo Búðardalur. Tenemos entendido que hay alojamiento allá. Empezamos bien la 59, pero hace frío (-2/-3ºC) y la carretera está nevada, medio helada; trafico casi inexistente, pero decidimos seguir adelante. En una de estas, nos viene de frente un trailer a muy buena marcha. El chofer y el copiloto se ríen de nosotros, supongo que por la cara de susto que hemos puesto cuando les hemos visto venir. Si viene un trailer es que la carretera no está tan mal por ahí adelante.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
La nieve ha desaparecido según hemos terminado de descender el puerto, pero sigue el frío, -1/-2ºC. La 59 se junta con la 60, y llegamos a Búðardalur. Por lo visto debe haber un sitio para dormir, según la guía, y lo hemos encontrado cerrado a cal y canto. No había signos de vida, y en el suelo, al lado de la puerta había un cartelito que decía “Lokid”. Bien. Además no hay un alma para preguntar, el pueblo parece vació; incluso la comisaría junto a la cual hemos aparcado el coche, está desierta. Por cierto, aquí a la policía se le llama “lögreglan”. Directos al auto, pues aparte del frío, pega un viento malo malo.
Un poco más arriba en el plano, en Laugar, aparece un hotel Edda. Son 16 kilómetros, pero bueno, allá que vamos. Hemos visto cómo se acercaba la tormenta, e incluso hemos discurrido a través de ella.
Llegamos a Laugar, y encontramos muy fácilmente el Edda, pues es un pueblo muy pequeño y el hotel destaca claramente sobre el tamaño del mismo. ¿El hotel? Cerrado del todo. ¿Qué hacer? Pues viendo que son las 19:30, que pronto empezará a oscurecer y que nuestra intención es ir mañana hacia la zona de Snæfells, pues enfilamos hacia allá, a ver qué encontramos en el camino. 2000 IKR en Búðardalur para que no nos ocurra como antes, y por la 54 hacia Stykkishólmur.
He de confesar que he disfrutado como un enano conduciendo por esta carretera. Sólo nos hemos cruzado con un coche en todo el trayecto; la inmensa mayoría del recorrido era pista sin asfaltar pero los paisajes y la puesta de sol han sido magníficos. Me lo he pasado muy bien, ¡y sin pasar de 90 km/h eh! En momentos como este da gusto tener carné de conducir, y manejar un auto en condiciones.
Llegamos a oscuras a Stykkishólmur. Según la guía había varias opciones de alojamiento, pero nos dirigimos directamente a un edificio grande con un rótulo luminoso que dice Hotel. El parking está sorprendentemente lleno. Entramos y nos dicen que la habitación son 14080 IKR. Decimos que sí. Las cenas son hasta las 21, y como son menos diez, vamos directamente al restaurante. Ya tiene pinta de que están empezando a recoger, por lo que pedimos un par de hamburguesas y una sopa (¡¡4350 IKR!!).
Mientras cenamos, vemos cual es el motivo del llenazo del parking: Un espectáculo en una de las salas del hotel. Ha terminado mientras hacíamos honores a la cena, y la gente se ha empezado a ir. Para cuando hemos salido a recoger los bártulos al coche, más de la mitad del aparcamiento ya estaba libre.
Aunque es noche cerrada, las vistas desde la habitación (la 213) son muy buenas; el olor en cambio…y esta vez no es por el sulfuro, es amoniaco. Gran televisor último modelo, pero con la antena jodida. Vemos Mary Poppins bajo la “nieve”. Ahora, las 23, a escribir alguna postalita, que se me va acumulando el curro.
Lecciones de hoy: 1- En lugares desconocidos, no tentar a la suerte con el combustible; no sabes dónde puede estar el siguiente surtidor.
2- Aunque en las guías y mapas aparezcan hoteles señalados, hay que tener en cuenta que muchos de ellos no están abiertos durante todo el año.
