4to. Día. Nunca más

Amanece en Esna, el desamarre se realiza al alba, parece que patinamos, deslizándonos sobre un agua quieta, es como si el Nilo no se hubiera despertado, cada mañana nos sucede lo mismo, es una imagen que tenemos grabada en la mente, es la imagen de un Nilo holgazán.



En mi vida he tenido pasión por la mar, por la navegación, el patronaje de embarcaciones, la vela en concreto. Pues bien aquí en Egipto, en este viaje, en esta travesía he vuelto a percibir la esencia del navegar, con aparejos sencillo, con las maniobras justas, pero con la mejor herramienta; La experiencia.


Nuestro Ostad, nuestro piloto, junto con la marinería de abordo, me han retornado al tiempo en que aprendí, que me apasione por la mar en la costa de mi país, de la única manera que se puede; Trabajándola, queriéndola, siendo uno con ella.

Es así como cada maniobra, cada abarloada, cada caída, cada amollaje, cada abatimiento, cada aclarado del trapo o cada tomada de rizos, cada empopada, era una reconciliación con mi juventud, era una demostración de oficio, de maestría, al fin, de amor al rio, solo así se puede tener un amigo o un hermano en el.
Siempre ha sido así en todo lugar.

Gente austera, en su trabajo, largas horas de vigilancia, frugalidad en sus comidas a base de pan, queso y té, y la oración. No dejo de mirarlos con disimulo, me causan mucho respeto, estas personas, estos ya viejos y curtidos marineros.
Rostro rudo, quizá inexpresivo, en el que solo puedes ver una sonrisa si sabes leerla en sus ojos.

Visitamos el Kad en el pasado, pero su acceso lo hicimos por carretera, esta vez nos tenían preparado una sorpresa, íbamos a ir a lomos de burros.

Una fiesta, eso fue amarrar la embarcación entre patos, perros, niños y barcas desvencijadas.
Para mi Manuela, que prefiere andar, fue una experiencia “irrepetible”, pues eso, irrepetible, que no lo volverá a hacer nunca mas, jeje


Para un servidor, una pasada, me hice amigo de Sial, que es como se llamaba mi borrico asignado, y se porto bien conmigo, hicimos un pacto, el no corría = yo no le pegaba, FACIL NO ? (Ya se sabe que entre asnos no hay problema)


En serio que me gusto hacer el recorrido desde la orilla del rio hasta las tumbas de el Kab bordeando toda la longitud de la muralla espectacular de adobe, probablemente construida por Nectanebo II, del antiguo recinto amurallado de Nekheb, eclipsado tiempo después por Hieracompolis en la otra orilla.




Pasamos entre animales, campesinos, canales, vías de tren y carreteras asfaltadas para llegar a la necrópolis, en la montaña, hicimos nuevas fotografías y nos enseñaron una cuarta tumba (nueva para mí, pues la ultima vez visite las de Paheri, Setaou y la de Ahmés hijo de Abana) se trata de la de Remini o Renni de la que os adjunto unas imágenes y su localización.






Regresando les dimos unas monedas a los cuidadores de los animales y mi mujer desapareció otra vez bajo una nube de niños y niñas, es lo que pasa en cada ocasión que abre su mochila y aparecen los caramelos.

Unas toallitas frescas y un zumo de guayaba nos dan la bienvenida de regreso a la nave, coincidiendo con el cocinero y su ayudante que venían cargados con la compra diaria de víveres.


La dahabiya pone rumbo a Edfu, rio arriba, su foque hinchado, con todo el resto de velas al viento, es imborrable en el recuerdo.









Parando en un lugar llamado Fawazza. Allí, ya a primera hora de la tarde nos recoge una calesa para llevarnos al templo de Horus.


Sin duda el mejor conservado de todo el Antiguo Egipto, nos acogió imponente, éramos los únicos visitantes no egipcios allí, muchos estudiantes y grupos de niños, tomaban apuntes. Me encanta ver esto, pues es, símil de que estos tesoros serán valorados en el futuro por esta gente, por el pueblo egipcio, que así poco a poco serán conocedores de su historia (de la nuestra), si hay formación, hay cultura, entonces hay futuro.


Sobre las calesas, os cuento:
Hace pocos años los operadores de turismo declinaron utilizarlas masivamente en el traslado de sus clientes, desde las motonaves al templo de Edfu, por los accidentes y abusos producidos, sustituyéndolas por autocares.


A raíz de los hechos de la revolución los caleseros se “amotinaron” quemaron un par de autocares y asumieron la exclusividad de estos desplazamientos.
Pero ahora no hay a casi, quien llevar, las tiendas otrora agobiantes están cerradas, las vallas que cerraban el recinto están en el suelo, el parquin de calesas vacío y la cafetería “Illy” vacía y cara.

Regresamos un poco tristones, pero estos egipcios son la “leche”, nos tenían preparada una fiesta, con música, tambores, panderetas, canticos, palmadas, baile, ufffff
Mi Manuela sí, pero yo no soy demasiado amigo de estas cosas, pero he de reconocer que ni había que disfrazarse como en las motonaves, ni nada de eso, que todo era muy natural y muy bonito.
Con una música agradable y unas sonrisas de oreja a oreja nos fueron llevando a tierra, sí, desembarcamos, y allí nos tenían preparada una cena tipo barbacoa, con luces, sobre pufs de cuero y alfombras, fue genial y sinceramente muy agradable cenar con la brisa de la noche, sintiéndose a salvo y alejado del mundo, con la mejor compañía, en fin.....



Al terminar a dormir, las habitaciones estaban listas, con esos encantadores detalles.

Pero no podíamos, eran las 11 de la noche (y eso es tarde en Kemet) pero nos invadió la melancolía y una conclusión …..
NUNCA MÁS
Después de que el viento acariciara nuestros rostros, que el Sol nos invadiera, después de palpar las orillas de esta tierra, ver asomar minaretes de mezquitas por encima de palmeras y mangos, después de haber sentido este rio tan de cerca, sentir su palpitar, ver a su gente orando, pescando, acariciando su tierra con los arados, de notar y ver los saludos de niños y grandes, de oír el vuelo rasante de los Ibis, la serenidad de las Garzas, la ignorancia de las reses, los gritos del caballar y el arrullo de las Tórtolas
NUNCA MÁS
Si hay otra vez u otras veces que naveguemos este rio, no puede ser de otra forma


