Nos levantamos un poco mas tarde que los días anteriores y vamos a desayunar con tranquilidad. Hace un día precioso, el sol brilla en el cielo, no hace viento y el mar esta muy calmado. Aprovecharemos el día en hacer lo que teníamos planeado el lunes. Pensábamos hacerlo en van y taxi, pero como ahora tenemos el coche lo aprovecharemos. Volvemos ha hacernos unos sándwiches ya que pensamos pasar todo el día fuera.
Nos hemos entretenido bastante y cuando llegamos a Tulum vemos un montón de autocares, así que decidimos cambiar los planes y nos vamos primero a playa Paraíso. Un chico muy amable nos explica como ir con el coche.
Cogemos y en el siguiente semáforo después de las ruinas de Tulum giramos a la izquierda buscando el mar, cuando llegamos al hotel Blue giramos nuevamente a la izquierda y allí la encontramos. Primero vemos el famoso chiringuito. No hay mucha gente así que buscamos un sitio donde poner las toallas, nadie nos dice nada y nos vamos a bañar en esas aguas de miles de colores turquesas.



En el agua no hay nada que ver. La belleza de esta playa no esta escondida, la tenemos a la vista. En el agua hay pocos peces. Unas barcas te llevan al arrecife, pero ese día no estaba entre nuestros planes. Disfrutamos bañándonos en el agua: nadando, flotando, abrazándonos…. La música del chiringuito nos acompaña perfectamente. Pasamos bastante rato en el agua y cuando nos cansamos decidimos dejar las mochilas y toallas en el coche y dar un largo paseo por la playa. Vemos la playa de los pescadores y las ruinas de Tulum desde lejos. Cuando regresamos a playa Paraíso esta se ha llenado, así que decidimos darnos un último baño alejados del chiringuito.
Después de este último baño decidimos ir a ver las ruinas de Tulum. Nos parece que es un buen momento. Dejamos el coche en el parking (25 pesos) y justo en ese momento comienza una actuación de los voladores de Papantla. La disfrutamos y después de coger agua fresca (25 pesos más) nos vamos andando hasta las ruinas con la esperanza de hoy si poder verlas.

Compramos las dos entradas (102 pesos). Un detalle en la entrada pone que solo cobran en moneda local, nada de dólares, euros o tarjeta. Vamos al lavabo y entramos a las ruinas….
Nos quedamos sin palabras, la combinación del mar y las ruinas crea un entorno mágico. Es todo precioso. Unas vistas espectaculares gracias al mar de fondo. Creo que nadie se debería ir de Riviera maya sin haber conocido Tulum.




Además por fin pudimos ver las famosas iguanas y lagartos paseándose a sus anchas. Hasta el momento habíamos visto algunas, pero más bien pocas. En cambio Tulum esta lleno de ellas. Son enormes y menos asustadizas. Puedes acercarte tranquilamente para fotografiarlas. Eso si, si intentas tocarlas saldrán huyendo.

Vimos las ruinas, hicimos miles de fotos y al final nos bajamos a la famosa calita a darnos un pequeño baño. La playa estaba muy llena, pero yo quería tener una foto de las ruinas desde el agua. Y al final la conseguí aunque con gente. Una vez refrescados seguimos viendo un poco mas las ruinas. Leyendo la información de los carteles y en algún momento acercándonos a los grupos que tenían guía para escuchar.
Finalmente nos salimos y volvimos a hacer el largo camino de vuelta, aunque esta vez contentos por la maravilla que acabamos de ver. Volvemos a Tulum pueblo. Allí compramos un agua fresca y una cerveza y nos lo tomamos sentados en el coche. Después estuvimos dando una vuelta por el pueblo y nos volvimos al hotel.
Queríamos ir hasta playa del carmen pero nos dio miedo que se nos hiciera tarde y teníamos que devolver el coche. Ya lo haríamos al día siguiente con la van. Llegamos al hotel un baño rápido en la piscina acompañado de un cóctel y nos vamos a la habitación a ducharnos. Así una vez que devolvamos el coche podremos ir a cenar a alguno de los restaurantes temáticos.
Cinco minutos después de las ocho y media vienen a buscarnos el coche. Lo revisan comprueban que tiene la gasolina bien. (Hasta un poco mas llena de lo necesario) y nos despedimos del coche.
Decidimos intentar cenar en uno de los temáticos. Primero vamos al grill y nos dicen que lo tenemos un poco difícil que esta muy lleno y hay muchas parejas con reserva. Así que decidimos probar otro. No muy convencidos lo intentamos en el Tapas. Las opiniones que habíamos oído es que te quedabas con bastante hambre. Decidimos aventurarnos, a malas serviría como aperitivo y podíamos acabar de cenar en el buffet.
Llegamos al Tapas, nos dice que vayamos al bar que esta entre el italiano y el mejicano a tomar un coctel que allí nos avisaran cuando se quede libre una mesa. Así lo hacen al cuarto de hora.
Nos sientan en la terraza y nos explican como funciona. El nombre nos engaña. No son las típicas tapas españolas. De estas solo han cogido el concepto: platitos de pequeño tamaño. Primero eliges entre un conjunto de tapas que vienen de tres en tres. Después puedes elegir otra dos o tres de un conjunto. (Yo aconsejo pedir tres, y cuando te las traigan pedir otro par. Todas de golpe no se pueden por que no caben en la mesa tanto plato.) Las raciones son minúsculas pero muy buenas. Puedes comer diferentes cosas y saborearlas. Además todo acompañado de los mejores cócteles. A nosotros nos gusto bastante.
Después de cenar dimos una vuelta por el complejo, nos tomamos un tequila y a la cama.