La zona sureste de Islandia es la mejor para disfrutar de sus glaciares. Aquí esta el Vatnajökull, el mas grande de la isla y de Europa, con una superficie de unos 8.000 Km2. Bajo la capa de hielo hay algunos volcanes, incluido el más alto de la isla, aunque sin actividad desde hace algunos años; es posible ver los restos de las coladas de ceniza y lava que han dejado por la zona.
Por la carretera desde Hvoll íbamos avistando las primeras lenguas glaciares, las que pertenecen al Parque Nacional de Skaftafell, uno de los más grandes e impresionantes, abarca la parte oeste del glaciar y también la zona de Laki.
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Al llegar al parque, una vez en la casa de recepción, nos encontramos con varias opciones para hacer, como contratar alguna de las muchas actividades que se ofrecen: motos de nieve, trekking sobre el glaciar... Como hacía muy mal tiempo y había niebla sobre el glaciar, además de que esperar a la hora en la que empezaban nos quitaría casi toda la mañana, decidimos no hacer ninguna de estas, dejándolas para algún glaciar más adelante, y dedicarnos solo a hacer un poco de trekking por la zona.
En la oficina de información del parque te informan sobre las distintas rutas que se pueden hacer y, aunque el mapa cuesta dinero, hay carteles informativos que indican bastante bien estas rutas. Algunas de ellas aparecen en la guía Rother, pero siguiendo las indicaciones del parque nos parecieron más completas, por lo que decidimos olvidarnos de nuevo de la guía.
La primera ruta (Rother nº10), y la mayoría de ellas, sale junto al camping, a la derecha de la oficina de información. Luego se puede ir enlazando unas con otras como más convenga a las ganas y el tiempo de cada uno.
La primera parte del camino va subiendo la ladera de la montaña durante algo más de media hora hasta llegar al lateral de una de las lenguas. La vista del glaciar desde arriba es impresionante, aunque en la zona alta había demasiadas nubes y no pudimos apreciarlo todo lo bien que nos hubiera gustado.
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Una vez en este punto el sendero sigue por la ruta larga, bordeando el glaciar, o se puede seguir otro camino más corto, que va hacia la cascada Svartifoss, y que fue el que seguimos nosotros.
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Continuamos hasta la cascada otra media hora o algo más, caminado por la montaña entre arbustos bajos, hasta llegar al cortado donde cae la cascada. Es tan conocida por su forma peculiar, rodeada por columnas de basalto de forma hexagonal, que parecen caer al río junto al agua.
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Seguimos la ruta pasando por algún mirador donde disfrutar del espectacular paisaje hasta llegar a una segunda cascada, la Hundafoss, menos espectacular pero también muy bonita.
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Finalmente, después de unas 2,5 horas, el camino llega otra vez al camping y al centro de información. Aprovechamos para sentarnos un poco a descansar y comer algo y de nuevo nos pusimos en marcha.
A la derecha del centro de información, dirección contraria al camping, sale otra ruta, de cómo una hora y media que llega a la parte baja del glaciar. El camino es llano y fácil, aunque hay que tener cuidado con los desprendimientos de piedras. (Rother nº 11)
Desde la morrena frontal, al borde del lago que forma el deshielo, podemos ver toda la lengua, sus morrenas y como en muchas zonas el hielo es negro a causa de la ceniza volcánica que arrastra.
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De vuelta en la oficina de información nos paramos a ver una pequeña exposición con información, fotografías y un vídeo sobre el glaciar. Aquí nos enteramos que desde los alrededores del glaciar hasta el mar, lo que a nosotros nos recordaban a unas marismas, están formados por los restos de cenizas que arrastró el agua de deshielo en una de las ultimas explosiones. La corriente de agua fue tan grande que arrasó la carretera y hubo que construir puentes más altos. La exposición es bastante interesante y merece la pena pararse unos minutos a enterarse de todas estas cosas.
La siguiente lengua gaciar, muy cerca del Skaftafellsjökull es el SvínafellsJökull, también muy accesible. Hay un aparcamiento a poca distancia del glaciar y andando un poco nos encontramos con una zona donde verlo desde el lateral y final de la lengua, con su respectivo lago y algunos icebergs, preludio de lo que encontraríamos en Jökulsárlón.
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A partir de aquí empezó a llover muchísimo, por lo que durante un buen rato no veíamos prácticamente nada, pasamos algunas lenguas glaciares no muy grandes y paramos en alguna que nos pareció más interesante, como el Kviárjökull, pero el día estaba para quedarse metiditos en el coche y esperar que amainara un poco.
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Después de un par de horas de intensa lluvia el tiempo pareció mejorar y pudimos ponernos otra vez en marcha. Llegamos al glaciar Fjallsjökull, donde sorprendentemente no había nadie, sorprendente porque desde la orilla del lago, donde desaguan este y el más pequeño Hrútárjökull, las vistas son espectaculares.
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Para mí fue el glaciar más bonito, a pesar de que la niebla que había por la zona no nos dejaba ver demasiado lejos el paisaje que lo rodea.
A pocos kilómetros de aquí encontramos Jökulsárlón, parada estrella de la ruta y otra de las principales atracciones turísticas del país. Se trata de un gran lago de deshielo glaciar, de unos 80 km2 y de hasta 200 km de profundidad. Toda la superficie esta plagada de icebergs que se desprenden del glaciar, por lo que las vistas son espectaculares. El problema es que no se veía demasiado, había dejado de llover pero las nubes seguían allí.
Para visitar la laguna hay una especie de autobús-barco que te lleva entre los icebergs. En principio no sabíamos si cogerlo, pues con la poca visibilidad parecía una pérdida de tiempo, pero ya que estábamos allí nos animamos, ya que ver la laguna solo desde la orilla con lo grande que es sabe a poco, desde allí se ve una mínima parte.
Otra manera es rodear la laguna por un senderillo, la ruta viene en la Rother (nº 14), pero es larguísima, unas 3 horas, y nos daba la sensación de que iba a acabar siendo monótona, lo que también nos animo a coger el barco.
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Dado que las condiciones no eran muy buenas había poca gente para montarse y, en vez de llevarnos en el barco, nos llevaron en una zodiac, que resultó mucho mejor que éste. Íbamos unas siete personas, casualmente todos españoles, intentando entender todo lo que decía el chico que llevaba la lancha y que nos dio muy buenas explicaciones sobre la laguna y el glaciar.
Durante una hora o así admiramos los colores y las formas del hielo, acompañados por unas pocas focas. Según nuestro guía duró algo más de lo normal, como con los barcos no pueden ir tan lejos como con la zodiac quería aprovechar, por lo que llegamos a la zona cercana al glaciar. Tuvimos además la suerte de que justo empezaron a levantar las nubes y la vista mejoro bastante, pudiendo apreciar los glaciares en los que habíamos estado y algo más del gran glaciar que caía hasta donde estábamos, aunque con la pena de no poder verlo completo.
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Tras el paseo nos acercamos a la playa a la que llega el agua de la laguna y algunos icebergs, ya mucho más pequeños, pero dejando una bonita estampa cuando son arrastrados por las olas.
Aquí nos encontramos a un grupo de españoles entretenidos en romper a patada limpia los icebergs, echando a perder el bonito espectáculo y dándonos uno de esos momentos en los que uno se avergüenza de los turistas españoles.
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Pasando la zona de Jökulsárlón, a lo largo de la carretera pudimos seguir viendo otras lenguas glaciares, aunque ya mas pequeñas, nos hubiera gustado parar en alguna más, pero ya se hacia de noche, por lo que tuvimos que pasar de largo. Desde luego si se quiere hacer actividades en el glaciar hay que dedicarle un día más, si no no da tiempo, pero ya no nos quedaba otra. Una excusa más para volver a Islandia.
Para dormir llegamos hasta Hofn, donde nos quedamos en el hotel Edda, que en realidad está un poquito antes de llegar al pueblo. Fue lo mas barato que encontramos allí cuando buscamos, pues quedaban pocas plazas ya, pero Hofn también cuenta con Youth hostel.
Las habitaciones son cómodas, con baño compartido. Está en una especie de colegio que en verano lo abren como hotel, pero no incluye ni desayuno ni nada.
Dejamos nuestras cosas y nos fuimos a Hofn a cenar algo. Hay varios sitios para elegir, pero después de tanto bocata nos decidimos por ir a comer a uno donde pudiéramos comer un plato de buena comida. Pedimos cordero, típico de Islandia, algo que no he dicho es que uno de los pocos animales que se pueden ver por el campo son las ovejas, además de los caballos islandeses y unas pocas vacas, y también salmón. Todo muy rico y, aunque caro, tenía un precio razonable. El resto de la gente estaba cenando pizzas, hamburguesas... cosas que ya empezaban a cansar y que además seguiríamos comiendo durante todo el viaje.
