Un día más en los Estados Unidos. Un día más de sol en lo alto. Pero no un sol cualquiera. Era el sol californiano, ese de todas las series y pelis de playas de arena blanca, patinadores por los paseos y palmeras por doquier. Ahora sí habíamos llegado a California, y queríamos empezar nuestro periplo visitando la gran ciudad de Los Angeles.
Era el momento para que Miguel cogiera las riendas del grupo y nos hiciera zambullirnos dentro del plan que tan bien había programado desde hacía tiempo. Era el momento para demostrarnos cómo sacarle partido a dos largos días en la meca del cine y no perdernos detalle de toda la magia, lujo y glamour que envuelve la ciudad.
Así que, empezamos el tour. Primera parada: Beverly Hills, o lo que viene siendo el barrio de las grandes mansiones de actores, deportistas, cantantes, personajes de la farándula y todo famoso que se precie. Y efectivamente, se trataba de lo que tantas veces habíamos visto por la TV: grandes paseos de palmeras y jardines, imponentes mansiones a ambos lados de las calles y no muchos coches aparcados por la acera.

Un mundo de lujo al alcance de muy pocos. Lo cierto es que resulta fácilmente comprensible la elección de los millonarios para sus casas, al ser unas colinas algo por encima de la ciudad y lejos del mundanal ruido, con un agradable clima en el que predomina el sol típico de la zona, y donde el calor no resulta excesivo, al estar todas las calles engalanadas con palmeras y otro tipo de árboles y jardines.
Aquí veis una de las calles que cruzan todo el barrio:

Y una de las tantas mansiones que nos dejaron fotografiar:

La sorpresa de Miguel consistía en una lista de lugares muy famosos que se ocultaban y pasaban desapercibidos a los ojos de cualquier turista despistado, y el primero de ellos fue la Mansión Playboy, en pleno corazón de Beverly Hills. Una pena no poder visitarla, claro…
Por no entrar en posibles querellas de los propietarios de las mansiones, me limitaré a poneros otra foto más de las calles angelinas del barrio más conocido de la ciudad.

Bajando un poco en dirección al centro de la ciudad, dais de bruces con Rodeo Drive, otra zona del barrio con todos los centros comerciales y las tiendas de moda de las grandes marcas, donde en cualquier momento esperábamos ver salir de compras a Victoria Beckham o Angelina Jolie, aunque no hubo tanta suerte.
Aquí sí que vimos auténticos cochazos aparcados enfrente de las tiendas, que casi parecían bancos y entradas a palacios, con sus guardas de seguridad incluidos. Entre las grandes marcas de tiendas podéis encontrar (si vuestro bolsillo os lo permite) marcas como Lladró, Versace, Ferre, Tiffany, Channel, Bvulgari, y cualquiera de esas que os podáis imaginar.
En alguna de las fotos que veréis a continuación Pablo llegó a recibir la “mirada del tigre” de alguno de los seguratas del interior de la tienda, porque era inexplicable que gente mundana y terrenal como nosotros pudiera siquiera acercarse a la puerta de sus palacios y menos dejarse fotografiar con semejante fondo…
Este es el comienzo del barrio de Rodeo Drive (la zona comercial de Beverly Hills):

Y aquí veis uno de los taxis amarillos típicos de L.A., aparcado justo enfrente de una de estas grandes tiendas:

Una de las calles peatonales de compras de lujo de la zona:


Algo desilusionados por no ver a ningún famoso, decidimos ir al lugar donde teníamos todas las papeletas para verlos (aunque fuera pintados en el suelo): Hollywood Blvd.

¿Qué decir de esta calle tan renombrada que no se sepa aún? Baldosas perfectamente pulidas y relucientes sin un solo papel o colilla en el suelo.
Los nombres de actores, directores, cantantes y artistas del mundo del espectáculo grabados en letras doradas sobre estrellas relucientes en el suelo, que por momentos parecían infinitas.
Cada uno buscando los nombres de nuestros favoritos y sacando una amplia retaíla de fotos. Recorrer toda la calle lleva un buen rato, y aún con eso no tienes garantizado encontrar la estrella de tu actor/actriz favorito, al tener que cubrir dos aceras interminables, esquivando a las hordas de turistas que se detienen en cada metro.
También hay dos edificios emblemáticos en el centro de la calle, como son el Teatro Kodak y el Teatro Chino, sedes de las entregas de los tan prestigiosos premios Oscar, cuya réplica podéis encontrar en la larga lista de tiendas de souvenirs de la misma calle.
Un consejo obvio: si podéis no comprar los souvenirs justo en Hollywood Blvd., con moveros dos o tres calles paralelas en cualquier sentido, encontraréis los mismos artículos bastante más rebajados de precio.
Y una recomendación: si lleváis coche, lo mejor es aparcar en algún centro comercial y validar el ticket en el restaurante donde comáis o tienda donde compréis, que os ahorráis cierta pasta...
También tenéis al principio del Boulevard el monumento a las artes con la estrella principal del Hollywood Walk of Fame.
Os dejo una serie de fotos que se explican por sí solas:




Tuve suerte de encontrar una vacía, y como dicen los niños: “Me la pedí”…


El Teatro Chino:

Toda esa gente esperaba para ver las losas con las huellas de manos y pies de los famosos. No pude resistirme a sacar la de uno de mis personajes favoritos de siempre:

Después de una agotadora caminata de ida y vuelta, ya era hora de comer, y nos decidimos por entrar a un lujoso centro comercial en pleno Hollywood Blvd.:

Donde nos volvimos a encontrar con uno de nuestros restaurantes americanos ya conocidos (Johnny Rocket’s), y pudimos degustar el sabor de una de sus hamburguesas:

Y al salir del restaurante, por fin pudimos vislumbrar a lo lejos, el tan buscado cartel con la palabra mágica: Hollywood:

En una de las azoteas del centro comercial logramos sacar una buena foto de la calle de las estrellas, con los rascacielos del centro de Los Angeles de fondo:

Después de una rápida visita a las tiendas de la zona, en busca de souvenirs, y de fotos varias con alguna figura de cera suelta por la calle, hicimos la compras y seguimos.
Algo debían estar montando para el estreno de una nueva peli en el Teatro Chino:

Nuestra siguiente parada del día sería Chinatown, el barrio chino de L.A. Si bien no es nada destacable en comparación con sus homónimos en Nueva York o San Francisco, al menos merece una visita rápida para evadirse por un rato de la ciudad.


A pocos pasos de allí, y dejando bien aparcado nuestro Sonata, empezamos la caminata de la tarde, empezando por Olvera Street (el barrio latino) o el lugar donde había empezado a construirse todo después de la colonización española de la costa californiana:


Aún se veían las antiguas iglesias de las misiones españolas, e incluso alguna estatua en honor a Carlos III, regalo de nuestra parte. Por aquí apreciaréis el espíritu mejicano reflejado en el estilo de edificios o en los grandes adornos y festejos que se celebran por la zona.

Y aquí un conjunto de edificios de fachada que simula otra época:

Continuando con nuestro paseo, fuimos a parar al Downtown y zona de negocios, con sus característicos rascacielos de cristal, parecidos al estilo neoyorkino:


Este es el Disney Music Hall, obra del maestro Frank Gehry con su característico estilo de diseño en metal, también utilizado en nuestro museo Guggenheim de Bilbao.

Entretanto, veíamos los famosos autobuses escolares amarillos yendo de un lugar a otro:

En algunas calles veíamos esculturas moderno-vanguardistas donde el metal era el protagonista, mezclándose con el ambiente que rodea a las grandes construcciones:

También aparecían de vez en cuando edificios más parecidos a los de las pelis de acción:

Después de una parada técnica y ya como penúltima parada del paseo, decidimos dar una vuelta por el Staple’s Center, estadio de Los Angeles Lakers.

Por la parte trasera hay estatuas en honor a Magic Johnson y Óscar de la Hoya:

La tarde ya estaba cayendo, al igual que nuestras fuerzas, y aún queríamos dar una vuelta por Santa Monica ya por la noche, así que cogimos un metro hasta el coche:

Como véis, y al igual que en muchas ciudades, hay tramos sobre superficie y otros bajo tierra, como nuestro Metro de Madrid, aunque casi que más estrecho aún:

De camino, no pudimos resistir la tentación de sacarnos la foto con un coche de policía:

Al llegar al hostel, decidimos probar suerte y salir a cenar al muelle de Santa Monica, donde hay un pequeño parque de atracciones con la máquina Zoltar de la peli “Big”:

Volvimos a comprobar que Santa Monica es el final de la route 66 y hay varias tiendas y mostradores que lo recuerdan:

Aquí tenéis uno de ellos, con el plano de la ruta desde Chicago a Santa Monica:

Entre otras de las curiosidades del lugar, nos encontramos con el restaurante de gambas de Bubba (de la peli de Forrest Gump), que, según habíamos leído, tenía buena fama, pero al final no nos convencimos en la puerta (en realidad, o nos convencieron sus números...)

Después de la cena de unos crèpes, nuestros cuerpos pedían tregua, y eso les dimos.
La primera parte de la visita a L.A. había resultado muy fructífera, y el día siguiente estaba destinado a un poco de diversión en el parque Universal Studios, donde veríamos auténticos escenarios de unas cuantas películas clásicas y otras que no lo eran tanto. Además, continuaríamos con nuestra aventura angelina para visitar las inacabables playas, la subida al observatorio Griffith y la ansiada foto con las letras de Hollywood.