Si hubiera que quedarse con un día de auténticas sensaciones fuertes, sin duda sería este. Sólo Pablo sabía cómo podrían salir las cosas porque él había sido el encargado de preparar Las Vegas y su sorpresa, pero creo que ni él mismo se imaginaba que las cosas fueran a salir tan bien.
Un día más amanecimos en la Sin City y en el hotel Excalibur, ahora con el grupo completo. El día se levantaba de nuevo espléndido y no había tiempo que perder por las piscinas del hotel, aunque mucho sí apetecía. No era hora ya de desayunar pero sí de un brunch, y teníamos el sitio perfecto para hacerlo.
Lo primero que hicimos fue ir de compras a un outlet en las afueras de la ciudad y proveernos de algo de ropa americana de marca. Entraba dentro de nuestros planes aprovechar a comprar ropa de grandes marcas a un precio muy asequible, y Las Vegas tiene sitios así. Atravesamos toda la ciudad en coche (sin que Miguel se perdiera ni un ápice) y así llegamos a este gran centro comercial al aire libre.

Una vez que llenamos nuestro apetito, nos dirigimos a Levi’s y nos impresionó la forma en que estaba ordenada la tienda (algo impensable por aquí). Dentro tenéis los pantalones perfectamente ordenados por grupos según la forma (rectos, abombados, campana, estrechos, anchos, etc), y luego en cada grupo, todo va por colores en todas las tonalidades de azul desde los más oscuros a los más claros, y ya dentro de cada columna del mismo color, perfectamente ordenados por tallas de cintura y longitud. En un abrir y cerrar de ojos salimos con uno o dos pares de pantalones a gusto del consumidor.
Una vez nos aprovisionamos también de camisas, polos y chaquetas, ya salimos y nos dispusimos a visitar nuestro siguiente hotel de día: el Circus Circus!
Este hotel es la bomba: por si con casinos, piscinas, bares y demás no hubiera suficiente diversión, en este, además, había un pequeño parque de atracciones dentro! Es el hotel ideal para pequeños y mayores, aunque no quede muy céntrico para luego emprender caminatas por la calle principal.

Todo el hotel ambientado en el circo, el parque de atracciones incluye números circenses, casetas de tiro, montaña rusa, noria, carrusel y hasta la máquina de Zoltar (el adivino de la peli de “Big”) con el que probamos suerte, pero el muy &$% sólo nos soltó algo así como: “Give Zoltar more money, and I’ll give you more wisdoms for your journey”, junto con una predicción que desde luego, no nos hizo ser más mayores al día siguiente.
Aquí tenéis la gigantesca cúpula, con su parque de atracciones incluido:

Y aquí, nuestro amigo Zoltar que a algunos os sonará (luego vimos varias de estas máquinas):

Al salir del Circus Circus y volver hacia el centro, y tras dejar el hotel Riviera, os daréis de bruces con algo típico en Las Vegas: las Wedding Chapels! Una boda express con todo el tinglado y “legal” a todos los efectos… lástima que no contáramos con chicas porque sólo hacer la gracia con ellas hubiera sido un cachondeo... eso sí, pudimos visitar una por dentro sin hacer fotos, y sorprendentemente había una cola con tres parejas pidiendo cita para casarse... está claro que la leyenda vive!!

Entonces, llegó el momento de la sorpresa preparada por Pablo, quien tomó los mandos del Sonata y nos llevó directamente. De camino nos tomamos un Slurpee (en honor a los Simpsons, a quienes imitaríamos durante todo el resto del viaje por varios motivos) y avanzamos hacia lo desconocido. Por fin el coche se detuvo nada más y nada menos que delante de una GALERÍA DE TIRO. Y sí, ahí empezó de nuevo a fluir la adrenalina.
Me limitaré a enseñar el mostrador donde se exponía la inacabable colección de armas (desde pistolas, rifles, escopetas, ametralladoras, etc) y las dianas a elegir con distintos objetivos (desde zombis a todo tipo de monstruos, un Bin Laden, algún personaje de comic, etc).
Nos agenciamos tres Verettas, unos cascos y unas gafas y sin estar seguros de cómo nos iba a ir, nos metimos en la sala insonorizada de pruebas. Allí dentro el ruido de las escopetas y rifles retumbaba aún con los cascos puestos, e incluso el humo de las armas llegaba hasta tu propio puesto de tiro, aún habiendo mampara de por medio.
Aunque se vio quién de los tres tenía más madera de “madero” (valga la redundancia), obviaré los resultados por puro respeto al resto (jejeje). El caso es que la descarga de adrenalina y la experiencia fueron realmente inolvidables, y hay que decir que en todo momento estuvimos vigilados y cuidados por el personal de la tienda. Descubrimos que es un sitio al que acude gente de todas las edades (casi niños, y así salen luego) para probar las armas de fuego personales, y que cualquier hijo de vecino lleva encima.

El sol ya estaba poniéndose, pero aún nos quedaba un mundo entero de día por delante. Otra de las grandes atracciones de Las Vegas era la experiencia de subir hasta lo alto del hotel Stratosphere y montar en las 4 atracciones instaladas en su cornisa, a más de 300 metros de altura.
En este caso confesaré que me ofrecí voluntario como cámara para grabar los momentos de la subida a las atracciones (alguien tenía que serlo y no estaba muy por la labor de soltar más adrenalina en ese sentido por ese día). En cambio, los tres disfrutamos de unas vistas del todo indescriptibles sobre la ciudad iluminada con tanto neón.
Si podéis subir hasta la azotea, merece realmente la pena, y escuchar los gritos de la gente incauta montándose en el balancín, la araña mecánica y la lanzadera tampoco tiene precio… Diremos a favor de mis compañeros que se lo pasaron de lujo y que repitieron varias veces en las 3 atracciones abiertas.
La torre espectacular vista desde toda Las Vegas del hotel Stratosphere:

Una de las vistas desde ahí arriba de toda la ciudad:

Tras un fugaz paso por el hotel Sahara, la noche continuaba, y no había momento para el descanso…
Viendo la oferta de espectáculos gratuitos que hay por todas partes, decidimos no perdernos esa noche el del volcán del Mirage, el hotel selvático por excelencia. Por dentro simula el Amazonas, con un amplísimo acuario de peces de colores en el hall y una humedad propia de la jungla.
Fuera tiene su propio espectáculo en el que simulan la erupción de un volcán y la expulsión de lava que cae sobre su lago de la parte frontal. No os lo perdáis porque es de los mejores espectáculos gratuitos que podréis ver.

Conviene ir con tiempo porque en estos espectáculos al aire libre o interiores y gratuitos, como siempre, se congrega mucho turista suelto y se pierde mucha perspectiva de no estar en primera fila y centrado.
En este caso, mientras veis el show, podéis estar echándole un ojo a los hoteles de enfrente, especialmente al Venetian, que se levanta imponente junto a otros edificios mucho más pequeños al lado.
Una imagen en plena erupción del volcán (bastante logrado, por cierto):

Con el fin del volcán, nos preparamos para una noche más en Las Vegas y terminamos el glorioso día probando suerte en la ruleta (en mi caso) y en el blackjack en el caso de Pablo y Miguel, y obteniendo pequeñas pero bien recibidas ganancias. Después esta vez elegimos la discoteca de Studio 54 (hotel MGM) donde se puede encontrar música discotequera yanki junto a guapas gogós y gente muy diversa.
