La recogida es a las 6 y media, y es puntual. El viaje a Chiang Khong dura un par de horas, y los trámites de salida de Tailandia, la visa de entrada a Laos (se necesita 1 foto carnet y cuesta 35 dólares) por el puesto de Huay Xai, son ágiles y sin complicaciones, y no llevan más de 1 hora todos ellos.
En Huay Xai, el tipo dicharrachero del garito de contacto de la agencia, nos da la etiqueta del slow boat (va por colores dependiendo del operador), y un discurso sobre las dificultades de alojamiento en Pak Beng, la comida y el cambio de moneda. El nos lo soluciona, ofreciéndose a cambiarnos dólares a Kips, con la excusa de los bancos cerrados. Hay que pasar totalmente de esta gente que dice “Hola!” y suelta el rollo.
Son timadores que van a sacar lo que pueden. Unos metros más adelante, aunque es cierto que los bancos estaban cerrados por ser sábado, había casas de cambio donde conseguimos kips. También pasamos de la comida, y únicamente contratamos la habitación para no dar vueltas al llegar, pero nos encontramos luego con que lo que habíamos pagado era bastante más de lo que valía realmente. En esta época del año no hay problemas de oferta en Pak Beng, y se puede encontrar alojamiento decente por 200 THB por cabeza, cuando a nosotros nos costó 350 THB la habitación doble en el Bounmy Guest House, que podía valer como mucho 250 THB.
En Huay Xai tratan de aprovecharse por todo, y lo hacen rápido porque, si la ruta que se hace es la de Luang Prabang y no algún trekking a las montañas, saben que sólo estás el tiempo mínimo indispensable para enlazar con el slow boat, por lo que por ejemplo te soplan 3 euros por 3 manzanas y un paquete de galletas en cuaquier tienda, o tratan de venderte lo que sea para Pak Beng.
La primera etapa del trayecto no se hace muy pesada. El nuestro, aunque los tiempos sean variables, empezó a las 11'30 y acabó a las 5 de la tarde, o sea tras 5 ½ de navegación. Al llegar al polvoriento lugar, te cargan, si quieres claro, en la caja de una ranchera, y te suben la cuesta en 2 minutos hasta la guest house.
En 2 minutos porque no hay más calle en Pak Beng que la única que te encuentras nada más subir la pequeña cuesta del embarcadero. Todos los que desembarcamos eramos turistas, farangs como dicen en Tailandia, y en Pak Beng los negocios y los edificios, se han desarrollado, para bien y para mal, en torno a esta parada obligatoria en la ruta a Luang Prabang. No hay nada que reprochar.
El viaje por el Mekong es fantástico, aunque hay que decir que es un viaje marrón y verde, verde y marrón, o sea bicolor. La naturaleza es exuberantemente reiterativa y minimalista.El pasaje era de todo tipo y condición, desde un grupo de hooligans comedidos, hasta un simpático laosiano con loro al hombro. La mayoría, viajeros. En Pak Beng no hay mucho que hacer, charlar, reir, comer y beber, dormir, y pasar la escala, y eso es lo único que hicimos.

En Huay Xai, el tipo dicharrachero del garito de contacto de la agencia, nos da la etiqueta del slow boat (va por colores dependiendo del operador), y un discurso sobre las dificultades de alojamiento en Pak Beng, la comida y el cambio de moneda. El nos lo soluciona, ofreciéndose a cambiarnos dólares a Kips, con la excusa de los bancos cerrados. Hay que pasar totalmente de esta gente que dice “Hola!” y suelta el rollo.

Son timadores que van a sacar lo que pueden. Unos metros más adelante, aunque es cierto que los bancos estaban cerrados por ser sábado, había casas de cambio donde conseguimos kips. También pasamos de la comida, y únicamente contratamos la habitación para no dar vueltas al llegar, pero nos encontramos luego con que lo que habíamos pagado era bastante más de lo que valía realmente. En esta época del año no hay problemas de oferta en Pak Beng, y se puede encontrar alojamiento decente por 200 THB por cabeza, cuando a nosotros nos costó 350 THB la habitación doble en el Bounmy Guest House, que podía valer como mucho 250 THB.

En Huay Xai tratan de aprovecharse por todo, y lo hacen rápido porque, si la ruta que se hace es la de Luang Prabang y no algún trekking a las montañas, saben que sólo estás el tiempo mínimo indispensable para enlazar con el slow boat, por lo que por ejemplo te soplan 3 euros por 3 manzanas y un paquete de galletas en cuaquier tienda, o tratan de venderte lo que sea para Pak Beng.

La primera etapa del trayecto no se hace muy pesada. El nuestro, aunque los tiempos sean variables, empezó a las 11'30 y acabó a las 5 de la tarde, o sea tras 5 ½ de navegación. Al llegar al polvoriento lugar, te cargan, si quieres claro, en la caja de una ranchera, y te suben la cuesta en 2 minutos hasta la guest house.

En 2 minutos porque no hay más calle en Pak Beng que la única que te encuentras nada más subir la pequeña cuesta del embarcadero. Todos los que desembarcamos eramos turistas, farangs como dicen en Tailandia, y en Pak Beng los negocios y los edificios, se han desarrollado, para bien y para mal, en torno a esta parada obligatoria en la ruta a Luang Prabang. No hay nada que reprochar.

El viaje por el Mekong es fantástico, aunque hay que decir que es un viaje marrón y verde, verde y marrón, o sea bicolor. La naturaleza es exuberantemente reiterativa y minimalista.El pasaje era de todo tipo y condición, desde un grupo de hooligans comedidos, hasta un simpático laosiano con loro al hombro. La mayoría, viajeros. En Pak Beng no hay mucho que hacer, charlar, reir, comer y beber, dormir, y pasar la escala, y eso es lo único que hicimos.
