Después de desayunar dejamos el hotel para emprender un largo trayecto por carretera que nos llevaría al cabo de unas cuantas horas hasta la población de Voru, en el sudeste de Estonia, pero antes haríamos paradas en un par de poblaciones: Daugavpils y Aglona. Todo hacía pensar que sería un día de mero trámite. A eso de media mañana llegamos a la población letona de Daugavpils, una de las ciudades de mayor importancia económica del país y de las más pobladas, donde íbamos a visitar un par de iglesias y una fortaleza, hacia donde nos dirigimos en primer lugar. Nos explicaron que databa del siglo XIX y que constaba de una ciudadela, varios bastiones, calabozos, murallas. La ciudadela se dividió en varios zonas funcionales con edificios destinados a hospital, viviendas de oficiales, barracones, edificios de empleados y comandancia y como almacén de arsenal de artillería e ingeniería. Por lo visto funcionó también como campo de trabajo y se construyó en el exterior un poblado. No sé que me esperaba, pero me decepcionó en cierta medida, quizás lo que no me esperaba era algo con aspecto de poblado militar. En general todo era bastante deprimente.



Terminada esta extraña visita paramos de nuevo en el centro de la ciudad para ver rápidamente la iglesia luterana y la iglesia ortodoxa de San Nicolás. La iglesia luterana fue utilizada como club de
durante el dominio soviético, jajaja. ¡Menudo uso le daban a las iglesias!. No dejaban títere con cabeza. De la iglesia ortodoxa lamentablemente no se podían ver la mayoría de sus cúpulas, pues estaban siendo rehabilitadas. ¡Una pena!. Era bien bonita.
durante el dominio soviético, jajaja. ¡Menudo uso le daban a las iglesias!. No dejaban títere con cabeza. De la iglesia ortodoxa lamentablemente no se podían ver la mayoría de sus cúpulas, pues estaban siendo rehabilitadas. ¡Una pena!. Era bien bonita.

Nos marchamos de la ciudad para seguir en nuestro peregrinaje hacia Voru, no tardando demasiado en parar en la población de Aglona, donde íbamos a visitar la basílica católica. Fue construida en el siglo XVII y se dice que el icono de la Virgen María guardado en uno de sus altares, salvó a la ciudad de una plaga allá por el siglo XVII, por lo que todos los años por el 15 de Agosto se realiza una procesión y una ceremonia religiosa. Dicho esto, la iglesia no era fea, si bien creo que era la iglesia católica más hortera que había visto nunca, con esos colores en tonos celeste, pastel y rosa. ¡Menuda pastelada!. Lo mejor para mí, el entorno en el que se hallaba ubicada, junto a un pequeño lago.



Terminada esta visita nos fuimos a comer a la población de Rezekne, concretamente a un bar de un edificio que supusimos que era el ayuntamiento de la localidad. Teníamos el almuerzo incluido, que por cierto fue de lo más anodino. Ya por la tarde y después de más horas de carretera hicimos una breve parada en la ciudad de Aluksne, donde está la última línea de tren de vía estrecha en funcionamiento del país. Nada que decir. Muy interesante eso de parar en la estación de tren de una ciudad cualquiera perdida de la mano de Dios para ver las vías. Para mí una simple parada técnica para que descansara el conductor. Llegamos a nuestro destino ya hacia el final de la tarde, en la ciudad de Voru. Nuestro alojamiento era el pequeño hotel KUBIJA, ubicado a las afueras de la ciudad en un entorno totalmente campestre y junto a un pequeño lago. Las habitaciones bastante bien, sólo con el pequeño inconveniente de que el cuarto de baño no tenía ducha, es decir, que la ducha era la propia habitación, con lo que ya suponía que terminaría totalmente encharcada de agua. Nos fuimos a curiosear un poco por el lago, donde algunos compañeros aprovecharon para darse un baño. Yo preferí no agarrar ya un resfriado el tercer día de viaje, porque no estaba precisamente caliente el agua. Antes de cenar en el hotel (a nadie le apetecía ir a la ciudad para buscar un restaurante) aprovechamos para cambiar dinero, en esta ocasión a coronas estonas. Otros aprovecharon para ir a la sauna o darse unos masajes. Bueno, al final no estuvo mal el día gracias a las iglesias de Daugavpils y Aglona. Al día siguiente en principio teníamos una jornada interesante, recorriendo una región del sur del país llamada Setomaa, hábitat de la etnia Seto.
