Lunes 21/10
Ese día salimos hacia Los Catlins. A pocos kilómetros de Oamaru te encuentras un desvío hacia la playa donde se encuentran los Moeraki Boulders. Son unas piedras esféricas que están en la orilla de la playa y cuando mejor se ven es con la marea baja.
Moeraki Boulders
Era muy curiosa la forma esférica tan perfecta en algunos casos. Inmortalizamos el momento con varias fotografías y reanudamos la marcha hacia Dunedin, la ciudad más antigua del país, fundada por escoceses. Visitamos unos de sus monumentos más emblemáticos, la estación de tren. Es preciosa, tanto en el exterior como en el interior.
Estación de tren
Paseando por el centro, pasamos por delante del i-site, así que entramos para recoger información de Dunedin. Nos atendió una chica australiana muy simpática y nos señaló en un plano lo más característico de la ciudad como la estación de tren, la catedral de San Pablo, los Jardines Botánicos, el Cadbury World (si te gusta el chocolate), Baldwin St. (la calle más empinada del mundo), o la Primera Iglesia de Otago. También aprovechamos y como se acercaba la hora de comer, le preguntamos qué sitio nos recomendaba. Sin dudarlo nos indicó cómo llegar a un Fish&chips llamado The Best Café, cerca de la estación de tren, concretamente en la Lower Stuart St. Pues después de visitar la catedral y la Primera Iglesia de Otago, nos dirigimos a comer. Parecía normalito desde fuera, más bien algo cutre, pero cuando salimos habíamos comido el mejor fish&chips de todo el viaje. La clientela se notaba que eran personas locales. El pescado se notaba que era fresco, el rebozado buenísimo y como vimos que la gente se lo pedía con un huevo frito colocado encima del pescado, pues no íbamos a ser nosotros menos. Así que comimos de diez.
Como teníamos que llegar aún a Los Catlins, tras el almuerzo, decidimos poner punto y final a nuestra visita a Dunedin. Pero no queríamos irnos sin ver la calle más empinada del mundo. Y sí que estaba empinada. Lo experimenté de primera mano cuando tuve la gran idea de subir. Una paliza el último tramo. Cuando estaba llegando al final, jadeando, llegaba un todo terreno con tres muchachos que me miraron con cara de: Y este loco subió caminando.
Cuando dejamos Dunedin empezó a llover y ya no paró hasta la mañana del día siguiente. Pese a la lluvia, queríamos hacer el paseo hasta el famoso y pintoresco faro en Nugget Point. Y aquella parte con los acantilados es preciosa hasta lloviendo. Estábamos solos. El camino es corto, unos veinte minutos.
Nugget Point
Después pasamos por Kaka Point y Surat Bay. Proseguimos para hacer el paseo de las Purakaunui Falls. Unas cascadas preciosas. Y para terminar la tarde, y aprovechando que íbamos a hacer noche en el Kiwi McLean Falls Holiday Park, pues queríamos ver las McLean Falls, pero caía tanta agua que desistimos de nuestra idea. Esa tarde ya nos habíamos mojado bastante. Lo dejamos para el día siguiente. Así que directos al camping, ducha caliente y a cenar.
Moeraki Boulders
Era muy curiosa la forma esférica tan perfecta en algunos casos. Inmortalizamos el momento con varias fotografías y reanudamos la marcha hacia Dunedin, la ciudad más antigua del país, fundada por escoceses. Visitamos unos de sus monumentos más emblemáticos, la estación de tren. Es preciosa, tanto en el exterior como en el interior.
Estación de tren
Paseando por el centro, pasamos por delante del i-site, así que entramos para recoger información de Dunedin. Nos atendió una chica australiana muy simpática y nos señaló en un plano lo más característico de la ciudad como la estación de tren, la catedral de San Pablo, los Jardines Botánicos, el Cadbury World (si te gusta el chocolate), Baldwin St. (la calle más empinada del mundo), o la Primera Iglesia de Otago. También aprovechamos y como se acercaba la hora de comer, le preguntamos qué sitio nos recomendaba. Sin dudarlo nos indicó cómo llegar a un Fish&chips llamado The Best Café, cerca de la estación de tren, concretamente en la Lower Stuart St. Pues después de visitar la catedral y la Primera Iglesia de Otago, nos dirigimos a comer. Parecía normalito desde fuera, más bien algo cutre, pero cuando salimos habíamos comido el mejor fish&chips de todo el viaje. La clientela se notaba que eran personas locales. El pescado se notaba que era fresco, el rebozado buenísimo y como vimos que la gente se lo pedía con un huevo frito colocado encima del pescado, pues no íbamos a ser nosotros menos. Así que comimos de diez.
Como teníamos que llegar aún a Los Catlins, tras el almuerzo, decidimos poner punto y final a nuestra visita a Dunedin. Pero no queríamos irnos sin ver la calle más empinada del mundo. Y sí que estaba empinada. Lo experimenté de primera mano cuando tuve la gran idea de subir. Una paliza el último tramo. Cuando estaba llegando al final, jadeando, llegaba un todo terreno con tres muchachos que me miraron con cara de: Y este loco subió caminando.
Cuando dejamos Dunedin empezó a llover y ya no paró hasta la mañana del día siguiente. Pese a la lluvia, queríamos hacer el paseo hasta el famoso y pintoresco faro en Nugget Point. Y aquella parte con los acantilados es preciosa hasta lloviendo. Estábamos solos. El camino es corto, unos veinte minutos.
Nugget Point
Después pasamos por Kaka Point y Surat Bay. Proseguimos para hacer el paseo de las Purakaunui Falls. Unas cascadas preciosas. Y para terminar la tarde, y aprovechando que íbamos a hacer noche en el Kiwi McLean Falls Holiday Park, pues queríamos ver las McLean Falls, pero caía tanta agua que desistimos de nuestra idea. Esa tarde ya nos habíamos mojado bastante. Lo dejamos para el día siguiente. Así que directos al camping, ducha caliente y a cenar.
Purakaunui Falls



